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La memoria de mi hija de preescolar: guardando recuerdos y rememorando

La Academia Americana de Pediatría establece que un niño de preescolar desarrolla mucho su memoria entre los 36 y 48 meses de edad. A partir de ahora tu hija te deleitará completando la letra de las canciones que le gustan, acabando las oraciones de su cuento favorito, siguiendo instrucciones de tres pasos, relacionando objetos con sus imágenes o dibujos, e incluso recordando buena parte de una película o historia.

La memoria de tu hija comenzó a desarrollarse incluso antes de que pudiera usar el lenguaje para recordar las cosas. Durante los últimos dos años ha usado sus sentidos y emociones para guardar y recordar eventos importantes. Esta característica sensorial de la memoria se mantiene a lo largo de toda la vida: los adultos recuerdan con más facilidad eventos que relacionan con emociones fuertes como la sorpresa, el amor, el enojo o el miedo. Las habilidades para recordar dependen de nuestra capacidad de hacer la mayor cantidad de conexiones posibles entre un nuevo recuerdo y situaciones similares guardadas en la memoria. Así que, entre más aspectos experimente tu hija sobre un objeto o evento, más fácil le será relacionarlo con otros recuerdos y guardarlo en la memoria.

En 2010, un equipo de investigación de la Universidad Loyola publicó un artículo en la revista Experimental Child Psychology (Psicología infantil experimental) en el que se estudiaba el desarrollo de la memoria entre los 24 y 30 meses de edad. Siguieron los progresos de un grupo de niños a lo largo de esos 12 meses. Midieron sus diferentes habilidades cognitivas y cómo éstas interactuaban con su memoria, y encontraron que existe una relación significativa entre las habilidades lingüísticas de los niños y su capacidad de recordar cosas, además de que esa relación se fortalecía con el tiempo. Concluyeron que cuando somos muy jóvenes usamos las emociones para crear recuerdos, pero que una vez que desarrollamos el lenguaje en los años de preescolar, las palabras se vuelven cruciales para recordar y referirnos a experiencias pasadas.

Ayuda a desarrollar la memoria de tu pequeño

Por experiencia propia, ya sabes que la memoria no es solo algo que debe ejercitarse constantemente, si no que se correlaciona con lo que sabemos y aprendemos. Por ejemplo, aprender un nuevo idioma es mucho más fácil si ya eres versado en más de uno. Del mismo modo, la capacidad de tu hijo para codificar nuevos recuerdos y recordarlos correctamente crece conforme su conocimiento del mundo se expande. Siguiendo las guías sobre el desarrollo temprano de la Academia Americana de Pediatría (AAP), entre los 3 y 4 años de edad el desarrollo cognitivo de tu pequeño aumenta exponencialmente conforme aprende a hablar, entiende las relaciones y diferencias entre los objetos, y aprende conceptos como el tiempo, tamaño, forma, etc. Así que, es de esperar que su memoria también aumente rápidamente durante este periodo.

Estas son algunas ideas de cómo estimular la memoria de tu hijo:

  • Jueguen juntos. Juegos simples como «Veo, veo» son perfectos para fomentar la memoria, especialmente si mantienes interesado a tu hijo usando sus juguetes favoritos.
  • Utiliza la mayor cantidad de sentidos. Cuando se procesa la información a través de varios sentidos, el cerebro puede memorizar un evento o situación con más facilidad.
  • Hazlo musical. La música y las canciones son excelentes detonadores de memoria. Ayuda a tu hijo a memorizar cantando juntos y pidiéndole que complete la letra de la canción.
  • Miren fotos de eventos familiares o de sus vacaciones. Ayúdale a identificar a los miembros de la familia o pídele que te cuente qué hicieron ese día.
  • No olvides que el sueño es necesario para almacenar recuerdos nuevos. Según la AAP, los niños pequeños necesitan dormir entre 11 y 13 horas diarias, siestas incluidas.

La relación entre el apego, la atención y la memoria

El término «apego» se puso de moda entre pediatras y psicólogos del desarrollo cuando el psiquiatra londinense John Bowlby usó el término para describir el profundo vínculo emocional que existía entre dos personas, independientemente del tiempo y la distancia. Indicó que éste se podía observar muy bien en la relación de padres e hijos, lo cual resultó en una vasta investigación sobre la importancia del rol del cuidador en el desarrollo emocional, social y cognitivo de los niños.

En su libro Attachment. Attachment and loss: Vol. 1 (Apego. Apego y pérdida: vol. 1), publicado en 1969, estableció que el apego puede considerarse como la conexión psicológica duradera que se forma entre los seres humanos. Su poder va mucho más allá de las habilidades sociales y emocionales; también se ha descubierto que fomenta el desarrollo cognitivo de las personas.

En 1997, un grupo de investigadores de la Universidad de Washburn publicaron un interesante artículo en la revista Child Development (Desarrollo infantil). Estudiaron el vínculo entre el apego y las habilidades de memoria y atención en niños de preescolar. Un grupo de 68 niños de 3 años participó en varias tareas de atención y memoria, y los científicos compararon los resultados con el estilo y nivel de apego que tenían los niños con sus cuidadores. Descubrieron que cuando se les pedía a los niños que se concentrarán y después recordaran alguna interacción con sus padres, los que se sentían seguros de su relación con ellos eran mejores recordando que los niños que tenían una relación menos sólida. Después, en 2015, un grupo de psicólogos de la Universidad de Nis y de la Universidad de Belgrado descubrieron que los niños que tienen una relación sólida y significativa con sus cuidadores tienen más desarrollada la parte emocional, ¡además de hablar más, tener mejor memoria, atención y razonamiento conceptual! Así que cuando nutres tu relación con tu hija, no solo fomentas su autoestima y le enseñas cómo tener y mantener relaciones saludables, ¡si no que estás contribuyendo a su desarrollo cognitivo!

Si quieres leer más sobre el tema, visita este panfleto de la Universidad de Duke:
https://childandfamilypolicy.duke.edu/pdfs/pubpres/SupportingHealthyRelationships.pdf

Uso responsable de los medios audiovisuales para fomentar el desarrollo de mi hijo

En 2016, la Academia Americana de Pediatría actualizó su guía sobre la exposición de los niños a pantallas y medios audiovisuales. Según las recomendaciones, los pequeños de entre 18 y 24 meses de edad pueden ver programas infantiles de calidad si los padres les ayudan a entender lo que están viendo, y entre los 2 y 5 años de edad se recomienda un máximo de 90 minutos diarios para ver programas calidad acordes a su edad.

La organización Zero to Three (De cero a tres) hace reflexiones importantes sobre cómo usar los medios digitales y audiovisuales para fomentar el aprendizaje y desarrollo de tu hijo, así como su memoria y atención. Estos son algunos de los puntos más interesantes:

  • Cuando usen un medio audiovisual, pregúntale y hablen sobre lo que están viendo. Eso no solo fortalecerá la relación que tienen entre sí, si no que lo ayudará a entender mejor el contenido del programa.
  • Ayuda a tu hijo a relacionar lo que vieron en pantalla con objetos y situaciones de la vida real. Pueden observar a los animales que salen en una caricatura o las actividades que vieron en un juego de la tableta.
  • No agobies a tu pequeño con sonidos muy fuertes o colores muy vívidos en la pantalla. Incluso si la televisión está encendida como ruido de fondo, ésta distrae muchísimo a los niños.
  • Evita situaciones en las que tu hijo interactúe con pantallas o medios digitales sin supervisión.

Recuerda que las experiencias más importantes y benéficas para tu hijo son las que vive en el mundo real estando a tu lado. Los niños aprenden observando y haciendo las cosas con el método de prueba y error. Por eso, será más sencillo recordar y aprender de sus experiencias dinámicas y sensoriales. Cuando uses los medios digitales con tu hijo, siempre trata de hacerlo para fortalecer tu relación con él y potenciar su desarrollo.

Anima a tu pequeña a preguntar

Los niños de preescolar son muy curiosos. Muchas de las cosas que los rodean los llevan a vivir nuevas experiencias mientras su capacidad para recibir y procesar la información del mundo se actualiza constantemente. Es por eso que entre los 3 y 4 años de edad tu hija, de repente, comenzará a interesarse mucho en cómo funcionan las cosas. Como ella depende de personas queridas y de confianza para descifrar los misterios del mundo, en esta etapa del desarrollo tu pequeña comenzará a hacerte un montón de preguntas, desde cosas mundanas y aparentemente simples, hasta cosas que rayan en la genialidad.

Para el óptimo desarrollo cognitivo de tu hija, es muy importante que se sienta cómoda preguntando cosas, dado que al hacerlo participa activamente en su propio aprendizaje. Según el libro Transdisciplinary play-based assessment (Evaluación transdiciplinaria basada en el juego), escrito por el psicólogo del desarrollo Toni Linder, entre los 26 y 32 meses de edad los niños comienzan a preguntar por el «dónde», hacia los 40 meses preguntan por el «quién», y entre los 42 y 49 meses se espera que hagan preguntas sobre «cuándo» y «por qué».

Estos son algunos consejos para estimular las habilidades de razonamiento y la curiosidad de tu pequeña:

  • Interésate en lo que pregunta y en lo que le parece interesante o le llama la atención.
  • Dale muchas oportunidades de descubrir cosas para que el preguntar sea algo divertido.
  • Responde de manera que invites a tu hija a explorar más sobre el tema, en vez de darle respuestas como «sí», «no» o «porque así es/así funciona».
  • Exploren cosas a través de los sentidos.
  • Enséñale cómo preguntar y compartir conocimiento sin ser grosera.
  • Anímala a pensar cómo y por qué funcionan las cosas cuando pintan, juegan con el agua, cocinan u hornean un pastel.

Cuando los niños preguntan aprenden a resolver problemas

¡Cada vez que contestas a las preguntas de tu hijo estás estimulando su desarrollo cognitivo! Específicamente sus habilidades de razonamiento y resolución de problemas, las cuales, según la Academia Americana de Pediatría, se desarrollan entre los 36 y 48 meses de edad.

Una psicóloga del desarrollo e investigadora de la Universidad de California, la doctora Michelle Chouinard, decidió estudiar más a fondo cómo es que los niños usan las preguntas para resolver problemas. En 2007, se concentró en analizar lo que preguntaban los pequeños y si con ello recibían o no información nueva que les sirviera para resolver un problema. Le pidió a un grupo de niños de 4 años que descifraran qué había dentro de una caja cerrada. A la mitad de ellos se les permitió hacer preguntas para obtener pistas, mientras que a los demás se les pidió que adivinaran. Como puedes imaginar, había muchas maneras en las que los pequeños podrían haberse distraído haciendo preguntas, ¡pero no fue así! De hecho, los niños que preguntaron fueron mejores al momento de identificar el objeto que había dentro de la caja. Esto indica que los niños de preescolar usan la nueva información recibida para modificar sus suposiciones sobre un problema y así, resolverlo.

Este estudio comprueba que el preguntar es una de las formas en como los niños pequeños aprenden naturalmente sobre el mundo. Sus preguntas pueden parecer arbitrarias, pero en realidad están directamente relacionadas con lo que los rodea, con los estímulos que reciben y con la etapa de desarrollo cognitivo en la que están. Poco a poco las preguntas de tu hijo serán cada vez más complejas, pero también verás que saca conclusiones por sí mismo sin necesidad de preguntarte. Así que disfruta de este momento y recuerda que las preguntas que hace tu pequeño son una herramienta muy útil que lo acompañará el resto de su vida tanto en su curiosidad y resolución de problemas, como en sus habilidades de razonamiento conceptual.

La importancia de los «por qués» de mi niña de 2 años

A partir de los 24 meses de edad, comenzarás a notar que las habilidades cognitivas y verbales de tu hija se han desarrollado tanto y tan rápido que ahora se interesa mucho por saber cómo funcionan las cosas, especialmente cómo se asocian o relacionan entre sí. De hecho, para este punto tal vez ya te hayas acostumbrado a escuchar 300 veces al día la pregunta «por qué» y hasta sueñes con ella. Aunque a veces es complicado o pesado contestar a todas las preguntas de un niño pequeño durante todo el día, las respuestas que reciben son muy valiosas para ellos porque éstas son su fuente principal de información para entender el mundo.

Según las guías sobre el desarrollo en la primera infancia publicadas por la Academia Americana de Pediatría, los interminables «por qués» de tu hija le sirven para estimular las habilidades cognitivas que necesitará para resolver problemas y pensar en conceptos y categorías abstractas.

De hecho, muchos psicólogos cognitivos se han preguntado cómo es que las preguntas que hacen los niños contribuyen a su desarrollo. En 2007, Michelle Chouinard de la Universidad de California analizó el modo en que los niños formulaban sus preguntas y qué hacían con el nuevo conocimiento adquirido. Descubrió que los niños de entre 2 y 5 años efectivamente preguntan con la intención de entender algo, no solo lo hacen para llamar la atención del adulto en un momento dado. También descubrió que el tipo de preguntas y la complejidad de lo que consideran una respuesta adecuada cambia con el tiempo. Los niños mayores tienen habilidades conceptuales y de pensamiento abstracto mucho más desarrolladas y eso les permite buscar respuestas que van más allá de una mera descripción. De hecho, ya preguntan por las relaciones de causa y efecto. Increíble, ¿no?

¿Los niños de preescolar saben distinguir entre las apariencias y la realidad?

Los adultos sabemos que nuestro entendimiento del mundo depende de nuestra habilidad para diferenciar entre las apariencias y la realidad. Sabemos por experiencia que no todo es lo que parece. Esto no es tan evidente para los niños más pequeños quienes suelen confundir la realidad con las apariencias. ¿Tu hija de tres años puede diferenciarlas? Veamos lo que dice la ciencia del desarrollo.

En 2006, el psicólogo Gedeon Déak de la Universidad de California en San Diego investigó hasta qué punto los niños de preescolar entendían la diferencia entre las apariencias y la realidad, así como entre la realidad y la fantasía. Descubrió que, desde los 3 años, los pequeños eran capaces de discriminar lo que era real y lo que solo lo aparentaba. Lo interesante fue que los niños podían describir fácil y precisamente los aspectos reales, fantásticos o falsos de un objeto o situación, pero que sus fallos no dependían de su capacidad cognitiva, si no de qué tan comprensibles o claras eran las preguntas que se les hacían. Esto lo llevó a la conclusión de que, si bien a los niños de 3 y 4 años les cuesta trabajo representar la realidad en sus mentes, esto se debe a que describen apariencias de forma flexible y natural en una realidad independiente y diferente a la nuestra. ¡Tu pequeña es capaz de cosas mucho más complicadas de las que creías! Impresionante, ¿no?

Si quieres leer más sobre la capacidad de los niños de preescolar para diferenciar entre la realidad y la fantasía, aquí está al artículo completo al que no referíamos: http://cogdevlab.ucsd.edu/files/2013/05/DeakTCS2006.pdf

¿Cómo es que los niños ordenan objetos por su forma o función?

Alguna vez te has preguntado cómo es que un niño de 3 o 4 años entiende cuáles son las características o propiedades de un objeto. O cuando tu pequeño usa su tenedor para picar la comida y comer solo, ¿entiende realmente cómo se usan los cubiertos o simplemente te está imitando? ¿En qué momento se alcanza este hito del desarrollo cognitivo? En este artículo hablaremos sobre cómo se desarrolla la habilidad de encontrar relaciones y patrones entre los objetos, sus características físicas y sus propiedades abstractas.

Hacia los 3 años, los niños siguen aprendiendo a identificar y clasificar los objetos por su color, forma u otras características. Entre los 3 y 4, comienzan a desarrollar un entendimiento más complejo de los objetos y sus cualidades abstractas, como para qué y cómo se usan. Los niños más grandes y los adultos, por otro lado, piensan automáticamente en términos de función y uso, y comprende la relación compleja de causa-efecto. Continue reading

Resolver problemas usando herramientas

¡Un niño pequeño es la definición de alguien que aprende rápido! Con tan solo 12 meses se dedica a absorber tanta información como le sea posible sobre el mundo que lo rodea y los objetos que hay en él.

Gracias a toda la información que los niños registraron durante sus primeros años de vida, cuando tienen 3 o 4 años ya están preparados para entender que los objetos cumplen funciones específicas y que hay maneras de usarlos apropiadamente. Fuiste testigo de eso cuando tu hija comenzó a comer sola usando su tenedor o cuando empezó a jugar con juguetes mecánicos y comprendió para qué servían los botones, las palancas y las partes móviles. Cuando tu pequeña usa objetos con una intención en mente, esto es un indicador de que está sentando las bases para su futuro entendimiento de las causas y efectos.

Investigadores del Laboratorio de Desarrollo Cognitivo de la Universidad de California en San Diego descubrieron que, entre los 3 y los 5 años de edad, los niños adquieren la capacidad de entender el concepto abstracto de «función», aprenden que cada objeto se define por su uso y que un mismo objeto puede usarse con diferentes propósitos. Esta edad marca un importante punto para el desarrollo cognitivo del niño y para su aprendizaje sobre el funcionamiento del mundo.

Usa estas ideas como guía para animar a tu hija a usar intencionalmente algunos objetos y resolver problemas simples:

  • Anímala a jugar con juguetes mecánicos o con las partes móviles del área de juegos.
  • Armen rompecabezas simples o rompecabezas con piezas de clavijas.
  • Señálale los botones y palancas en objetos de su vida diaria. Por ejemplo, acércala a la puerta de la alacena y pregúntale «¿Cómo se abre la puerta para sacar las galletas?».