¿Sabe mal la leche materna congelada?

Puede ser que hayas notado que al descongelar tu leche se presenta un olor peculiar. No significa que la misma haya caducado sino que se ha hecho algo agria. Esto no sucede siempre, y no le sucede a todas las mamás. Sin embargo, en caso de que te suceda a ti, se cree que la enzima lipasa es la culpable del cambio de sabor en la leche. Se ha reportado que a unos bebés no les importa y otros evitan la toma. Si tu pequeño es uno de los que se resisten a la toma de leche descongelada o previamente refrigerada, a continuación te presentamos una guía para prevenir el cambio en el sabor.

¿Cómo preparar mi leche para almacenarla?

• Después de extraer tu leche, se recomienda calentarla un poco hasta casi llegar al punto de hervor.
• Para hacerlo, deposítala en una olla y caliéntala justo hasta que veas pequeñas burbujitas en las esquinas de la olla, ¡pero sin hervir!
• Ya que llegue al punto de escaldar, quita la olla de la lumbre, déjala enfriar y almacena porciones de una o dos tomas en frascos limpios, esterilizados y especiales para congelar. Ojo: escaldar la leche puede destruir algunas de las propiedades naturales de la misma, pero ayudará a prevenir el cambio en su sabor.
• Recuerda que si vas a congelarla, almacénala en el fondo de tu congelador y utilízala en las siguientes dos a cuatro semanas. De la misma forma, recuerda no descongelar en el microondas; mejor hazlo en un recipiente con agua caliente.

Paso a paso: logrando un destete sano y feliz

En diferentes culturas el destete varía en significado. Sin embargo, en términos generales, éste comienza cuando se introduce el primer alimento diferente a la leche -debido a que el pecho ya no es el alimento exclusivo- y termina cuando se elimina la toma de pecho por completo.

La recomendación de la OMS es seguir dando pecho hasta por lo menos 24 meses de edad. Sin embargo, si has decidido que es hora para llevar a cabo el destete, te presentamos algunos consejos que puedes seguir para que sea un proceso feliz y tranquilo.

1. Elige una etapa tranquila cuando tu bebé esté contento, no haya enfermedad y no estén pasando por un cambio significativo (cambio de casa, reciente entrada a la guardería, etc.)
2. Consulta con tu pediatra acerca del tipo de fórmula que más convenga, o asegura tener la cantidad de leche materna almacenada si quieres que tome leche materna pero en biberón.
3. Prepara el biberón e introdúcelo a tu pequeño suavemente. Explícale con mucho cariño que ya ha comenzado el momento en el que recibirá su leche a través del biberón.
4. Si tu bebé muestra resistencia a la toma, puedes pedirle a tu pareja o a algún familiar que te ayude. Tu bebé ha aprendido a asociar la alimentación contigo y puede sentirse incómodo recibir leche por una vía distinta.
5. Ya que haya comenzado a acostumbrarse al biberón, empieza a dárselo poco a poco.
6. Continúa sustituyendo una toma con el biberón y ve disminuyendo la toma de pecho cada día hasta el punto en que sólo tome del mismo.
7. Puedes, también, esperar a recorrer el horario de la toma de pecho para así, de manera gradual, acostumbrar a tu bebé al destete.
8. Si quieres dejar de dar pecho por completo. Intenta no extraer leche a menos que sientas incomodidad. Si eliminas sólo pocas tomas de leche, lo más probable es que no llegues a sentir congestión alguna. Por otra parte, si vas un poco más rápido en este proceso, es recomendable sacar un poco de leche para prevenir infecciones por congestión.
9. Ya que dejes de dar pecho, la producción de leche disminuirá muy pronto.
10. Intenta introducir el vaso entrenador simultáneamente durante el destete, brindando primero solo agua. Más adelante, intenta darle leche en un vaso entrenador para irlo acostumbrando al mismo, evitando así otro destete.

¡Recuerda que el destete puedes realizarlo al ritmo que quieras! Puede ser un destete gradual o un destete veloz. Algunos bebés estarán listos para el destete incluso antes que nosotras las mamás. Escucha las señales de tu bebé y confía en tus instintos. Es normal sentir un poco de tristeza o nostalgia, pero no te preocupes; estos sentimientos pasarán cuando veas que tu bebé está listo para experimentar nuevos hitos en su desarrollo.

¿Cómo extraer leche materna?

Una de las ventajas que ofrece la leche materna, es que puedes extraerla, ¡y como quiera, seguirás produciendo más! Por lo general, el pecho puede llenarse rápidamente, por lo que extraer leche te ayudará a reducir el nivel de congestión. Además, podrás guardarla para alguna ocasión en la que no puedas amamantar.
Te podrás preguntar cómo extraer la leche. Para ello, hay dos formas de lograrlo; ya sea a mano o con un extractor.

Para extraer tu leche manualmente:

1. Lava tus manos y prepara un contenedor limpio y esterilizado para guardar la leche.
2. Masajea suavemente todas las áreas de tu pecho mientras observas una imagen o video de tu pequeño, ya que esto te ayudará a estimular el reflejo de bajada de leche.
3. Apoya una mano debajo de tu pecho y la otra por encima. Mueve la mano que tienes encima de arriba hacia abajo hasta llegar a la areola. Continúa realizando este movimiento de forma equitativa alrededor de todo tu pecho hasta que notes que ya puedes extraer leche.
4. Con tu mano dominante, posiciona tu dedo gordo por encima y tus dedos índice al meñique por debajo de tu pecho. Presiona todos tus dedos hacia el borde de la areola teniendo cuidado de no apretar el pezón. Al realizar este movimiento, la leche comenzará a salir.
5. Repite el movimiento anterior cambiando tus dedos de posición para extraer la leche de todos los conductos.

Extraer leche con extractor:

Otra forma de extraer leche es por medio de un extractor de leche. Existen muchos tipos. ¿Cuál es el más conveniente a escoger? Procura elegir uno de buena calidad, ya que uno de baja calidad no brindará una buena extracción e incluso puede llegar a lastimarte. Dentro de los extractores de leche, se encuentran los electrónicos y los manuales. Los primeros pueden ser más costosos pero son más eficientes. Una opción para obtener un extractor eléctrico es rentarlo a una tienda médica, centro de lactancia o de un hospital. Al elegir uno, asegúrate de que tenga la opción de modificar los niveles de presión al succionar. También, puedes elegir un aparato que exprima los dos pechos a la vez, optimizando así el tiempo.
¿Cuánto tiempo debo dedicar a la extracción? La respuesta es simple, puedes extraer leche hasta que aparezcan únicamente gotitas o, hasta cuando desees parar. Al terminar la extracción, puedes guardar la leche en el refrigerador y utilizarla durante las siguientes 72 horas. También puedes congelarla y utilizarla dentro de los 3-6 meses después de la extracción. Sólo recuerda no dejar la leche a temperatura ambiente por más de 4 horas ya que caducará.

¿Cómo preparar un biberón?

Existe una gran variedad de presentaciones de fórmula. La puedes comprar en polvo o líquido concentrado. Sea cualquiera que desees comprar, no olvides que es muy importante preparar el biberón de acuerdo con las medidas e instrucciones de cada tipo de fórmula. A continuación, te presentamos los pasos para preparar un biberón de la mejor manera:

1. Comienza lavando muy bien tus manos.
2. Cerciórate de tener un biberón con accesorios previamente esterilizados.
3. Agrega la medida adecuada de agua al biberón asegurando esté esterilizada/purificada y a temperatura ambiente (puedes hervirla o comprar agua especial para bebé). Verifica a nivel de ojo que tengas la cantidad exacta para la cantidad de fórmula que utilizarás.
4. Si usas fórmula en polvo, mídela con cuidado usando el cucharón que viene en el envase. Llénalo hasta el tope y utiliza un cuchillo para nivelar la fórmula, cuidando que no tenga sobrante o faltante.
5. Si usas fórmula en concentrado, mídela dentro del mismo biberón, verificando la medida a la altura de tus ojos. Posteriormente la porción adecuada de agua esterilizada.
6. Mezcla muy bien, asegurando no quede fórmula sin diluir.
7. Si sobró concentrado, tapa muy bien el envase y almacénalo en tu refrigerador, utilizándolo dentro de las siguientes 48 horas. De la misma forma, tapa muy bien tu contenedor de fórmula y guárdalo en un lugar seco.

¡Una vez listo el biberón, puedes alimentar a tu bebé! No hay necesidad de calentar o enfriar la fórmula. Sólo recuerda alimentar a tu bebé dentro de la hora de preparación. No dejes que pase más de una hora a temperatura ambiente. Si pasó la hora o tu pequeño no se terminó su porción, hay que desechar la leche. Si sabes que su bebé no va a tomar biberón dentro de una hora de preparación, puedes refrigerar el biberón en el refrigerador y utilizarlo durante las próximas 24 horas.

¿Qué hacer si no estoy produciendo leche y quiero amamantar?

Desde el embarazo tu cuerpo se han preparado para el momento en que vas a amamantar. Cuando tu bebé nace, ¡estás lista para ello! Sin embargo, el golpe de leche (cuando tu producción se libera) puede tardar unos días para regularizarse. Los expertos recomiendan amamantar justo después del nacimiento pues esto ayuda a estimular el golpe de leche y, además, el equipo médico te podrá asistir. Sabemos que lo anterior no siempre es posible y a veces es complicado el comienzo. Si llegas a casa y no logras dar pecho, practica los siguientes consejos para despertar tu reflejo de bajada de leche:
• Acerca a tu bebé a tu piel, ya que el contacto piel con piel te ayudará a tener éxito durante las primeras lactancias.
• Aplica una toalla húmeda y tibia al pecho unos minutos antes de amamantar.
• Asegúrate de que la posición de tu bebé y el enganche sean adecuados.
• Busca una posición para amamantar que sea cómoda para los dos.
• Utiliza técnicas de relajación, tales como la respiración profunda, permitiendo que tu estómago se distienda y colapse lentamente.
• Escucha música tranquila.
• Únete a un grupo de lactancia local o virtual. En este grupo encontrarás consejos de expertos y otras mamás que han pasado por lo mismo que tú.
• Intenta darle pecho a tu bebé cada 2 o 3 horas (durante el día) en los primeros meses, tratando de no atenerte a horarios rígidos con mucho tiempo entre comidas ya que entre más leche des, más producirás.
• Si puedes, evita utilizar fórmula para dar y producir leche continuamente.
• Considera sacarte leche con un extractor eléctrico o manual entre comidas, siempre y cuando no estés muy cansada.
• Descansa y come bien ya que estar exhausta y con una dieta baja en calorías puede inhibir en tu producción de leche.
• Procura mantenerte bien hidratada. Los líquidos te ayudarán en la producción de leche.
• Evita fumar, estar rodeada por humo de segunda mano y consumir alcohol o drogas. Dichas sustancias pueden afectar la producción de leche y, además, son dañinas para ti y tu pequeño.
• Finalmente, es muy importante tener paciencia y no darte por vencida. La leche que produces puede varía de acuerdo a las necesidades de tu bebé y la cantidad de veces que hay succión.

¿Y si no puedo dar pecho a pesar de lo anterior?

En ciertos casos, la lactancia no es posible. A veces, amamantar puede provocar demasiado estrés. Puede ser que tu estilo de vida no te permita ser constante con la lactancia o que existan condiciones médicas que la imposibilitan. Ejemplo de lo anterior es cuando exista alguna enfermedad que disminuya la energía para amamantar o el tomar un medicamento que pueda ser dañino para tu bebé. En caso de que tomes un medicamento que te impida amamantar, pregúntale a tu médico si existe otra opción segura para poder dar leche.
Por otro lado, existen casos en los cuales el bebé no puede tomar leche materna pues su cuerpo no la tolera, tal como cuando nace con galactosemia, un trastorno hereditario que no le permite metabolizar azúcares simples. No te sientas mal si no se puede; a veces, a pesar de todo el apoyo y deseo, el cuerpo no coopera. Sin embargo, hay muchas otras maneras para crear vínculos con tu bebé. Puedes acariciarlo, tocarle la cara, acercarlo a tu cuerpo, acurrucarlo, cantarle y hablarle con tono dulce, los cuales le brindarán mucho amor. Finalmente, si no puedes amamantar no te preocupes, puedes utilizar fórmula, un buen sustituto para la leche materna.

Consejos para tener éxito al lactar

Aprender a amamantar es un proceso que requiere práctica y paciencia. Los expertos recomiendan comenzar desde el nacimiento intentando estar lo más relajada y cómoda posible. Estar tranquila ayudará a que tu bebé también lo esté. Trata que las cosas surjan de manera espontánea ya que esto fomentará la relajación. De la misma forma, siéntete libre al elegir la manera de amamantar, ya sea de pie, sentada o recostada; siempre y cuando tú y tu bebé se sientan a gusto.
Si eliges sentarte, puedes sostener a tu bebé de diferentes maneras, ya sea acurrucado (tu bebé frente a ti con su cabeza apoyada en tu antebrazo), cruzado (tu bebé colocado frente a ti, pero recargado en el brazo opuesto al pecho que le dará leche) o en posición de futbol americano (como si estuvieras cargando una pelota en tu brazo y costado). Sea cualquiera la posición que elijas, asegúrate de que todo el cuerpo de tu bebé esté frente al tuyo.
De acuerdo a la Asociación Alba de Lactancia Materna, la Academia Americana de Pediatría y otros expertos, los pasos que deben seguirse al amamantar son los siguientes:
1. Acomódate en tu postura preferida teniendo buen apoyo de pies y espalda. En particular, un buen apoyo de espalda te permitirá poder recargar a tu bebé en ti y no cargar todo su peso en tu antebrazo.
2. Ten contigo un cojín de lactancia, el cual te permitirá cuidarte del dolor de espalda y de brazos. Si lo deseas, utiliza un banco para tus pies con el cual podrás dar soporte a todo tu cuerpo. Puedes también cargar a tu bebé con un rebozo para tenerlo cerca de tu piel y además tener tus manos libres.
3. Toma una bebida nutritiva como agua, jugo o leche antes o durante la lactancia, ya que la ingesta de líquidos ayudan a la producción de leche.
4. Acerca a tu bebé al pecho y colócalo en forma perpendicular a la orientación de tu areola.
5. Asegúrate de que la nariz y barbilla de tu bebé estén frente a tu areola, mientras que su nariz y el área entre la nariz y boca estén frente tu pezón.
6. Cuando tu bebé abra la boca, acércalo al pecho; si no abre su boca, toca delicadamente su mejilla o labio inferior con tu dedo o pezón para despertar su instinto de succión. Tú y tu bebé deben quedar cuerpo contra cuerpo, mientras que el pezón debe quedar apuntando al paladar del infante.
7. Deja que tu bebé llegue al pecho en vez que el pecho llegue a tu bebé. En este momento, puedes utilizar tu brazo libre para darle un soporte extra a tu bebé o a tu pecho.
8. Recuerda cuidar que tu bebé se prenda bien del pecho para prevenir pezones agrietados y secos. Verifica que la boca de tu bebé cierre alrededor de la areola y no del pezón.
9. Al terminar o al querer separar al bebé del pecho, espera a que deje de succionar y luego desliza tu dedo meñique sobre sus labios y encías. Trata de no desprender a tu bebé si sigue succionando ya que el agarre es muy fuerte y puede lastimarte y causar dolor.
10. ¡Listo, has logrado amamantar! Posiblemente, sea necesario repetir los pasos anteriores para comprobar que tu bebé se adhiera bien al pecho. ¡No te preocupes si la primera vez no lograste amamantarlo; ambos, tú y tu bebé, están aprendiendo; es cuestión de seguir practicando!

¿Por qué es importante vacunar a mi bebé?

Hoy en día, existen grandes mitos acerca de las vacunas. ¡La gran cantidad de información que nos rodea puede causar miedo y confusión! A pesar de lo anterior, los médicos y expertos en salud, tales como el CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades) y la Academia Americana de Pediatría, aseguran que las vacunas son seguras y sumamente importantes.

Las vacunas protegen a los bebés de enfermedades serias que en ciertos casos pueden ser mortales. Las mismas son tan eficientes que su aplicación ha provocado un declive importante en la presencia de infecciones. Funcionan a través de la creación de inmunidad ante diversas enfermedades; esto ayuda a salvar vidas en esta y futuras generaciones. Por esta razón, en caso de que los padres no vacunen a sus hijos, se pueden presentar brotes de enfermedades que fácilmente pudieron haber sido controladas. De la misma forma, los niños que no son vacunados pueden llegar a transmitir enfermedades tanto a otros niños que, debido a su edad, no están en condición aún de ser vacunados, como a personas mayores o incluso a quienes cuentan con defensas bajas.

Vacunar a tu bebé le ayudará a fortalecer sus defensas y le brindará la protección requerida contra diversas enfermedades, entre las que se encuentran: tétanos, tos ferina, rubeola, hepatitis B y polio, entre muchas más. Gracias a la vacunación, estas enfermedades son muy poco comunes en la actualidad; incluso, la mayoría ya no se conocen, cuando en el pasado provocaban grandes epidemias. Más aún, las vacunas te ahorran dinero siendo que tratar una enfermedad prevenible es altamente costoso. Por otro lado, en caso de evitar vacunar, ciertas enfermedades podrían resurgir y afectar a muchas personas. ¡Los efectos de estas enfermedades pueden llegar a ser muy graves e, incluso, llevar a la muerte!

 

Efectos secundarios

Muchos papás tienen dudas acerca de los efectos secundarios que pueden presentar las vacunas. Estos efectos sí existen. No obstante, son leves e incluyen dolor en la zona del piquete o calentura. Existe una posibilidad de padecer efectos secundarios más graves pero es sumamente raro que esto ocurra. A pesar de los efectos secundarios, siempre son peores las enfermedades que los efectos que traen consigo las vacunas, por lo que no hay que tenerles miedo y hacer caso omiso a los medios quienes buscan sólo presentar noticias que nos lleven a asustarnos o a confundirnos.

Infección de oído: síntomas y tratamiento

Las infecciones de oído, también conocidas como otitis media u otitis media aguda (cuando son infecciosas), son causadas por bacterias, algún virus o una alergia que provoca un bloqueo en la trompa de Eustaquio y afecta el oído medio. Por lo general, aparecen tras una gripa u otra infección en las vías respiratorias. Estas infecciones son comunes en niños y constituyen una de las razones por las cuales frecuentemente se visita al médico.

Cuando los bebés tienen infecciones en el oído, la parte media del mismo se inflama e, incluso, puede llenarse de fluidos como pus. Esto puede ser muy molesto para los pequeños. La mayoría de las veces estas infecciones se resuelven por si solas. Por lo general, los síntomas disminuyen en los primeros días y en una o dos semanas ya no hay ningún síntoma o molestia. Incluso a veces no hay necesidad de administrar medicamento alguno. No obstante, en ciertas ocasiones, los médicos pueden recomendar antibióticos para tratar la infección.

Por otro lado, si las infecciones en el oído son crónicas y los fluidos persisten, estas pueden causar problemas de audición. Por lo tanto, es importante notificar a tu doctor si tu pequeño tiene una infección de oído, especialmente si has notado que esto ocurre con cierta frecuencia.

 

¿Cuáles son las causas de las infecciones de oído?

 

Las infecciones son más comunes entre los dos y cuatro años de vida de los pequeños, lo cual se debe principalmente a lo siguiente:

• Las trompas de Eustaquio son más cortas y horizontales, lo que hace que la entrada de bacterias o virus sea más fácil. Además, si las trompas están estrechas y son suaves hacen que se favorezca la obstrucción.

• Los adenoides, tejido encontrado en la garganta, son grandes en los pequeños y pueden llegar a tapar una parte de las trompas.

• Asistir a guarderías o centros de preescolar pueden incrementar las infecciones.

• Son más comunes en niños que en niñas, en especial en niños que tienen antecedentes genéticos o familiares.

 

¿Cuáles son los síntomas?

 

• Dolor en el oído.

• Dificultad para dormir.

• Llanto inusual e inquietud.

• Disminución del apetito.

• Derrame o acumulación de fluido en el oído.

• El bebé no responde a preguntas o sonidos de bajo volumen.

• El oído drena fluido.

• Tirones al oído.

• Fiebre.

• Náusea.

• Vómito.

 

¿Cómo logro disminuir el dolor?

• Si notas que tu pequeño tiene una infección en el oído, no dudes en llevarlo al pediatra.

• Coloca una compresa tibia sobre el oído afectado para disminuir el dolor.

• Sigue las instrucciones de tu médico, en especial si él recetó algún medicamento tomado o gotitas que debas colocar en el oído de tu bebé.

 

¿Cómo puedo reducir el riesgo de que mi bebé padezca infección de oído?

• Recuerda lavar tus manos con cierta frecuencia y asegurarte de que las manos de tu pequeño también estén limpias.

• Cerciórate de que tu bebé esté al día con las vacunas; algunas de ellas ayudan prevenir este tipo de infecciones.

• Evita tener contacto con personas que tengan alguna infección, en especial en las vías respiratorias.

• Si fumas, asegúrate de que tu pequeño no sea fumador pasivo, ya que esto puede contribuir a que sufran infecciones en el oído.

 

Recuerda que los dolores de oído no siempre son infecciones. En ciertas ocasiones, el dolor ocurre cuando los dientes comienzan a salir, cuando tu pequeño tiene un objeto obstruido en el oído o cuando tiene un tapón de cerumen dentro del mismo. Cualquiera que sea el motivo, no dudes en contactar a tu pediatra para que verifique la causa y te dé las indicaciones de tratamiento más adecuadas.

Autismo: ¿qué es y cuáles son sus primeros signos?

Hoy en día, es muy común escuchar en los medios sobre el autismo. Sin embargo, mucha gente como quiera tiene dudas sobre lo que exactamente es, por lo que a continuación te daremos una breve explicación sobre el mismo.
El Autismo es un trastorno del desarrollo que se debe a diferencias presentes en el cerebro en un individuo. Hoy en día, no se conoce la causa por la cual se presenta; no obstante, se cree que se debe a diversos factores, incluyendo ciertos componentes genéticos y factores ambientales. Entre los factores que causan el autismo, es importante resaltar que tanto la crianza como la vacunación no son elementos que lo producen.
Cada persona con autismo es diferente; lo que afecta a uno, puede no afectar al otro. Sin embargo, existen características comunes que los pueden unificar, tales como la dificultad para comunicarse, relacionarse con otros, hacer amigos, notar lo que los demás sienten, hacer contacto visual y detectar sarcasmo, entre otras más. De la misma forma, es común que quienes lo padecen realicen movimientos repetitivos y les guste mucho la rutina. Los ruidos o cambios sutiles les pueden ser molestos, pueden tener un gran interés por un tema en particular e, incluso, hasta ser expertos en ello. También pueden mostrar una discapacidad en el aprendizaje.
El autismo es tan amplio que forma parte de un espectro llamado Trastorno del Espectro Autista (TEA). Dentro de este espectro hay diferentes tipos de autismo; entre ellos se encuentra el Síndrome de Asperger, el cual muestra ciertas similitudes con el Autismo, tales como el gusto por las rutinas, molestia ante cambios, dificultad para relacionarse con otros, así como una pasión por un tema en particular. La diferencia radica en que quienes lo experimentan no muestran discapacidad en el aprendizaje.
El diagnóstico del autismo muchas veces es tardío, es decir, que no se detecta sino hasta que los pequeños son mayores. Sin embargo, los expertos han notado que una detección temprana es altamente benéfica pues se pueden tomar medidas para ayudar a fomentar una mayor capacidad de adaptabilidad e independencia. Sabemos que cada niño es único y que cada uno se desarrolla de diferente manera. No obstante, hay ciertos indicadores que, si no se cumplen para cierta edad, podrán presentar una alerta. Te compartimos a continuación diferentes aspectos claves que a partir de los 12 meses se pueden empezar a identificar, así como características pertinentes al autismo. Si tu pequeño cae en la mayoría de ellos y estás preocupada por su desarrollo, no dudes en contactar a tu médico y comentárselo.

Características claves a partir de los 12 meses:
• No responde a su nombre.
• No se relaciona con sus cuidadores de forma recíproca.
• Se enoja cuando suceden pequeños cambios.
• Mece su cuerpo, aletea sus manos o da vueltas en círculos.
• Prefiere jugar solo.
• Evita o resiste el contacto visual.
• No muestra mucha expresión facial.
• No apunta a objetos o responde cuando apuntas a un objeto.
• Utiliza pocos o nulos gestos, tales como saludar o despedirse con sus manos.
• No responde o comprende instrucciones simples de sólo un paso como: “enséñame el gato”.
• Si balbucea, no parece que está teniendo una conversación.
• Si habla, platica en una voz robótica.
• No expresa palabra alguna.
• Ha perdido avances que ya había logrado.
• No busca cosas que nota que escondes.
• Tiene intereses obsesivos (por ejemplo, puede pasar mucho tiempo viendo objetos que den vueltas, tales como un ventilador o las llantas de un juguete).
• Juega con objetos de la misma manera y muchas veces tiene interés de manera exclusiva por una parte del objeto (por ejemplo, juega con un juguete que tiene luces pero sólo lo prende o apaga para ver cómo se enciende).
• Tiende a seguir rutinas.

Estas son sólo algunas características del Autismo; que tu hijo cumpla con algunas de ellas no significa realmente que padece del mismo. Sin embargo, si estás preocupada por el hecho de que tu bebé cumple con la mayoría y te llama la atención su desarrollo, no dudes en contactar a tu pediatra. Junto con él podrán ver si el desarrollo de tu pequeño es normal o si requiere de una evaluación más profunda por parte de un especialista.

Anemia y mi bebé: ¿qué es y cómo prevenirla?

El hierro es un mineral muy importante y esencial en nuestras dietas, ya que permite que nuestro cuerpo se oxigene. Forma parte de la hemoglobina, sustancia que se encuentra presente en los glóbulos rojos de la sangre y que está encargada de transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo, haciendo que la piel muestre un color sano. También, este mineral es esencial para el buen crecimiento de bebés y niños.

Es muy importante contar con una dieta rica en hierro ya que nos ayudará a mantener un nivel sano de glóbulos rojos en la sangre. Si el cuerpo no recibe suficiente hierro, puede presentarse el tipo más común de anemia.

Los bebés que nacen a término y con buen peso tienen una reserva natural de hierro que durará hasta los primeros 6 meses de vida. Sin embargo, al terminar este periodo es importante recibir hierro de otras fuentes dado que el cuerpo ya no lo contendrá. Es muy importante ya que si se llega a tener anemia y no se trata pueden haber retrasos en el crecimiento y desarrollo de los bebés.

 

¿Cuáles son los síntomas de anemia?

• Apariencia pálida.

• Irritabilidad persistente.

• Somnolencia.

• Pobre apetito.

 

¿Cómo prevengo la anemia?

 

Para prevenir la anemia, es importante asegurar que tu pequeño esté recibiendo por medio de la alimentación las cantidades de hierro adecuadas para su crecimiento. Te indicamos cómo hacerlo:

 

• Ofrécele una alimentación balanceada con alimentos ricos en hierro, tales como:

• Carne roja

• Pescado

• Pollo

• Espinacas

• Yema de huevo

• Camote

• Frijoles

• Chicharos

• Cereales enriquecidos con hierro

• Recuerda no darle leche de vaca a tu bebé hasta después del año.

• Si tu bebé toma fórmula, asegúrate de que le estés dando una que esté fortificada con hierro.

• Ofrece a tu bebé alimentos ricos en vitamina C; ésta le ayudará a que su cuerpo absorba el hierro consumido.

 

Si sospechas que tu bebé tiene anemia, no dudes en contactar a tu médico. A través de un estudio simple de sangre pueden detectarla. De la misma forma, él te indicará el mejor tratamiento a seguir.