¡Ups! Lo volví a reforzar

A todos nos pasa, a veces reforzamos accidentalmente conductas que no nos gustan. ¡La buena noticia es que aún estamos a tiempo de cambiar eso! Con los niños pequeños, sobre todo con los menores de cinco años, las acciones realmente valen más que mil palabras. Tu pequeño o pequeña responderá muchísimo mejor a lo que haces que a lo que dices (*ver el gráfico superior). Así que sí, puedes decirle «Las cosas no se tiran», pero esas palabras no significarán nada si no las acompañas con una acción coherente. Si la mala conducta de tu hijo o hija le sirvió para obtener lo que quería, continuará haciéndola. Por lo tanto, siguiendo el ejemplo de arriba, en vez de lanzar el plato para obtener más comida, tu pequeño o pequeña debe aprender a pasártelo, a decir «más» o a apuntar lo que quiere. No debes servirle más comida hasta que imite la nueva conducta positiva que le has enseñado.

Revisemos otros ejemplos cotidianos. Continue reading

Pragmática: enseñar habilidades de comunicación social

A veces nos olvidamos de hablar sobre un componente muy importante del lenguaje: la pragmática o las reglas de uso dependiendo de la situación y de los interlocutores. También conocida como comunicación social, la pragmática incluye las expresiones faciales, los gestos, lo que se dice y cuándo debe decirse. Saber y seguir estas reglas es esencial para la comunicación efectiva entre las personas.

Hay tres importantes habilidades de comunicación social que puedes enseñarle a tu pequeña:
1. Diferentes usos del lenguaje: informar, pedir o exigir implica una forma diferente de comunicarse.
2. Adaptar el lenguaje al oyente y a la situación: hay que hablar de forma diferente con un niño o con un adulto, omitir detalles cuando el interlocutor ya sabe de lo que se habla, o hablar de forma diferente dependiendo del lugar en el que nos encontremos.
3. Seguir las reglas de conversación: eso incluye respetar los turnos de habla, no cambiar de tema, saber qué tan cerca debes estar de alguien al hablar, etc.

Es normal y de esperarse que los niños rompan estas reglas mientras se familiarizan con ellas. Algunos pequeños no saben filtrar lo que dicen, así que, si quieres una opinión brutalmente honesta sobre cómo se te ve un vestido nuevo, ¡pregúntale a tu hija! Aunque a veces la falta de habilidades de comunicación social de los niños puede ser incómoda y embarazosa, recuerda que es están aprendiendo. Simplemente date el tiempo de explicarle a tu pequeña que dijo algo inapropiado y qué es lo que debió haber hecho.

Por otra parte, si tu hija tiene problemas con sus habilidades conversacionales, asegúrate de que practique mucho. Antes de comenzar una conversación, di algo sobre el tema del que van a hablar para que ella sepa en lo que deberá enfocarse. Eso le ayudará a no cambiar de tema. Hazle preguntas durante la conversación para que pueda continuarla. También puedes explicarle qué es la comunicación no verbal y cómo, a veces, las expresiones faciales sirven para saber lo que las personas están tratando de decir. Miren imágenes de gente con diferentes expresiones y pídele a tu hija que identifique qué es lo que está sintiendo cada persona.

Hitos del lenguaje: responder preguntas simples

Seguramente te has preguntado cuándo es que tu pequeño comenzará a responder verbalmente a tus preguntas. ¡No es tan sencillo como parece! Hacerlo requiere que tu hijo entienda lo que le preguntas, lo procese, formule una respuesta y luego la comunique verbalmente. Como todo dependerá de lo que le preguntes y de la edad del niño, es buena idea saber qué tipo de preguntas puedes hacer en cada etapa de desarrollo.

Cuando los niños tienen uno o dos años usan muchos gestos para comunicarse. Por ejemplo, si le preguntas a un bebé «¿dónde está el gato?» probablemente responda apuntando al animal. También tenderán a contestar preguntas cerradas diciendo sí o no con la cabeza. A esa edad, los pequeños comienzan a usar la entonación para expresar que están haciendo una pregunta (su tono sube al final de las frases). A los dos y tres años, responden verbalmente y entienden las preguntas simples de «dónde», «qué» y «quién», además de que comienzan a responder cosas relacionadas con sus deseos y necesidades. Por ejemplo, tu hijo puede preguntar «¿dónde mamá?». Cuando se acerque a los cuatro años, ya será capaz de responder preguntas más complejas como «cuándo», «por qué» y «cómo», y formule sus propias preguntas.

Para ayudar a tu hijo a practicar qué responder, hazle una serie de preguntas similares en las que solo cambies la primera palabra de la oración. Es decir:
• ¿A qué jugaste?
• ¿Dónde jugaste?
• ¿Con quién jugaste?
• ¿Dónde jugaste?
• ¿Cómo jugaste a eso?
• ¿Por qué jugaste a eso?

De ese modo, identificarás cuáles preguntas sí entiende y cuáles no. Si responde algo mal, explícale qué debía decir y continúa trabajando esas preguntas.

Hitos de lenguaje: hablar en plural

Cuando se usa el plural de un sustantivo, indicamos que estamos hablando de más de una persona u objeto. La mayor parte del tiempo, la forma plural de los sustantivos se forma agregándoles una «s» al final. Este es el plural regular. Muchos niños dominan esta regla entre los 27 y 36 meses de edad. Cuando comienzan a usar los plurales, muchos bebés los usan en palabras que usan frecuentemente. Conforme pasa el tiempo, extienden la regla a otros sustantivos. Esto puede ocasionar el uso incorrecto del plural, como cuando dicen «árbols» en lugar de «árboles».

Durante mucho tiempo, algunos investigadores se interesaron en comprender cómo es que los niños extienden las reglas gramaticales a las palabras nuevas. En 1958, el psicólogo Jean Berko Gleason diseñó el famoso Examen Wug. En él, se les mostraba a los niños un dibujo de un pájaro en forma de flama y se les decía que eso era un «wug». Después, les enseñaban otro «wug» y se les mencionaba «Ahora hay otro. Ahora son dos. Son dos___». Los niños, como tú y yo, respondieron «wugs». Este estudio mostró claramente que los pequeños no memorizan los plurales de ciertas palabras, si no que aprenden y usan las reglas gramaticales. No podrían haber memorizado la palabra «wugs» porque nunca antes la habían escuchado.

¡Practiquen en casa y ayuda a tu hija a aprender a usar la forma plural de los sustantivos! Comienza con frases de dos palabras. Muéstrale algo, como una manzana, y di «una manzana». Después, enséñale otra manzana y di «dos manzanas». Repite eso un par de veces y luego deja que ella lo intente. Haz lo mismo con otros objetos y enfatiza el sonido /s/ al final de las palabras para que ella lo escuche claramente. También puedes señalar los plurales que aparecen en los cuentos que lean. Pregúntale «¿qué es eso?» y ve si usa el plural de la palabra. Si no lo hace, simplemente díselo y explícale por qué hay que usar la forma plural.

Hitos del lenguaje: aprender a usar los pronombres

Los pronombres son palabras que se usan para sustituir nombres o sustantivos. Dan información sobre el género y número de personas u objetos a los que se está refiriendo. Hay diferentes tipos de pronombres. Los personales, como yo, tú, él, nosotros, ustedes y ellos, sirven como sujetos de una oración. Por ejemplo, «Nosotros fuimos al parque». Mientras que los pronombres reflexivos (me, te, se, nos, les) se usan como objetos directos o indirectos en las oraciones. Por ejemplo, «El bebé me quiere mucho». Normalmente, los niños aprenden a usar los pronombres personales antes que los reflexivos, pero cuando cumplen tres años ya utilizan los dos.

Los pronombres parecen palabras simples, pero en realidad son conceptos complejos y difíciles de comprender porque marcan una diferencia entre el hablante y los demás. También, ¡los términos cambian dependiendo de quién los esté usando! Con el tiempo tu hijo practicará y aprenderá sus reglas de uso, hasta que un día hablar con pronombres sea algo natural para él. Mientras tanto, recuerda que es normal que los use mal de vez en cuando, especialmente cuando los combine con verbos y otros sustantivos, o cuando se refiera a sí mismo.

Si quieres ayudar a tu pequeño a usar correctamente los pronombres, lo primero que debes hacer es usarlos conscientemente cuando hables. Por ejemplo, en lugar de decir «Mamá está orgullosa de ti», di «Yo estoy orgullosa de ti». Asegúrate de que tu hijo esté expuesto a su uso. Para que practique, pídele que diga oraciones usando pronombres personales (oraciones con yo, tú, él, ella, nosotros). Haz esto cuando lean un cuento y dile que describa lo que los personajes están haciendo. Por ejemplo, «Él está saltando sobre la cama».

Para algunos niños, aprender a usar los pronombres es algo complicado. Lo mejor que puedes hacer es ayudar a tu pequeño a practicarlos hasta que, con el tiempo, entienda cómo se usan.

Consejos para tener conversaciones significativas con tu hija

Seguramente hablas con tu pequeña todos los días, ¡algunos dirán que hablas con ella todo el día! Pero, ¿esa plática es realmente una conversación? Una conversación implica el intercambio recíproco de ideas entre dos o más personas. Si tu pequeña dice algo, primero la escuchas. Luego le respondes mientras ella te pone atención. Le das tiempo para que formule su respuesta y así sucesivamente, en una comunicación de dos vías. Las conversaciones pueden tratar sobre lo que sea, desde su personaje favorito hasta los planes que tienen para el fin de semana. Lo más importante es hablar con tu hija, no tener un monólogo con ella.

Tener conversaciones significativas con tu pequeña fomentará su confianza y autoestima porque sabrá que le importas y que te interesas por conocer sus ideas y emociones. También aprenderá cómo comunicarse efectivamente, a la par que amplía su vocabulario y desarrolla sus habilidades lingüísticas. Estos son algunos consejos para que las conversaciones fluyan:

• Cuando hables con tu hija evita cualquier tipo de distracción (¡celular incluido!). Dedícale toda tu atención.
• Si estás haciendo algo y tu pequeña quiere decirte algo, trata de dejar lo que estás haciendo para escucharla. Ponerle atención durante un par de minutos marcará la diferencia.
• Sé paciente. Dale tiempo para responder. Quedarte en silencio le permitirá organizar sus ideas y responderte.
• Dedica una parte del día para tener una conversación significativa. Por ejemplo, puedes hablar sobre tu día durante la rutina de prepararse para dormir.
• Fíjate en su lenguaje corporal y expresiones faciales para entender mejor qué es lo que está diciendo.
• Respeta sus ideas y emociones. Independientemente de que pienses que esté bien o mal, escúchala y respóndele para que sepa que la estás escuchando.
• Hazle preguntas abiertas que requieran una respuesta diferente a sí o no. Haz lo mismo cuando respondas, ¡practica tus respuestas explicativas!

Los niños y niñas procesan el lenguaje de manera diferente

Es bien sabido que las niñas suelen tener habilidades lingüísticas superiores a las de los niños, y durante un tiempo no se supo muy bien por qué y en qué se diferenciaban sus cerebros. En 2008, algunos científicos estudiaron la actividad cerebral de niños y niñas y los resultados mostraron que, al realizar tareas lingüísticas, las áreas cerebrales asociadas al lenguaje estaban más activas en las niñas porque, de hecho, utilizaban varias áreas del cerebro para completar las tareas.

Este estudio, realizado por investigadores de la Universidad Northwestern, proveyó con evidencia biológica clara sobre las diferencias en el procesamiento del lenguaje en niños y niñas. Se midió la actividad cerebral de 31 niños y 31 niñas de entre 9 y 15 años mientras llevaban a cabo tareas lingüísticas como deletrear y escribir. A veces las tareas se presentaban visualmente y los niños tenían que leer las palabras, y en otras ocasiones se usaban indicaciones auditivas. Los resultados mostraron que las áreas del lenguaje en el cerebro de las niñas estaban significativamente más activas que las de los niños. Por otro lado, en el cerebro masculino la corteza visual y auditiva era la que trabajaba más. Sus descubrimientos sugieren que el procesamiento del lenguaje es más sensorial en los hombres y más abstracto en las mujeres.

Otros estudios señalan que el cerebro de las niñas tiene una «ventaja inicial» en el desarrollo del lenguaje porque su hemisferio izquierdo (donde la mayoría de las personas tienen el centro del lenguaje) se desarrolla primero que el derecho. En los niños pasa al revés, el hemisferio derecho se desarrolla primero. Las niñas suelen hablar antes que los niños, tienen un vocabulario más amplio cuando comienzan la escuela y usan oraciones más complejas. Una vez que alcanzan la edad escolar, las niñas normalmente tienen entre uno y un año y medio de ventaja sobre los niños en cuanto a las habilidades de lectoescritura. Existen muchísimas más diferencias. Sin embargo, ten en cuenta que los estudios se enfocan en grupos de edades promedio, y que lo que es verdad para un grupo puede no aplicar para un individuo.

Con esto en mente, enfócate en estimular las habilidades lingüísticas de tu hijo desde temprano. Tener muchas experiencias es vital para que el cerebro cree nuevas conexiones, sobre todo durante los primeros años de vida. Lee más artículos sobre el tema para encontrar ideas y consejos de cómo estimular la adquisición del lenguaje en casa.

Hitos del lenguaje: ¡otras personas entienden lo que dice mi hija!

Seguramente hubo un punto en tu vida en el que solo tú eras capaz de descifrar lo que decía tu hija. De hecho, tal vez eso pasaba hasta hace relativamente poco. Sin embargo, con el tiempo y práctica, la pronunciación de tu pequeña ha mejorado lo suficiente para que, ahora, otras personas puedan entenderla.

Este hito del desarrollo del lenguaje, como muchos otros, se alcanza gradualmente; las personas ajenas a la familia no entenderán a tu pequeña de la noche a la mañana. Para muchos niños, este hito se alcanza alrededor de su tercer cumpleaños, pero el desarrollo lingüístico es un proceso muy variable a esta edad, así que esto puede suceder antes o después. Entender a tu hija es un logro que no solo será emocionante para ti y otros adultos, también será importante para su bienestar social y emocional. ¡Ser capaz de comunicarse con el resto del mundo le abrirá las puertas a muchos nuevos aprendizajes!

Si tu hija tiene problemas para comunicarse efectivamente con otras personas, trata de trabajar en su pronunciación. Para ayudarla, ¡dale el ejemplo! Habla de forma clara y pausada. A veces, los niños se emocionan tanto que hablan muy rápido dificultando la tarea de entenderlos. También puedes ayudarla usando los nombres correctos de las cosas y no las palabras inventadas que usaban cuando tu hija era más pequeña. Otra buena idea es animarla a usar gestos cuando esté diciendo algo. Si apunta a lo que quiere que mires te será más fácil entenderla.

Recuerda que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que a tu hija puede tomarlo un poco de tiempo comunicarse efectivamente con otras personas. Mientras tanto, sé paciente e interactúa con ella. Escúchala atentamente y pregúntale cosas para demostrarle que lo que dice es importante. Si tu pequeña siente que es buena comunicándose estará más motivada para tratar de hacerlo con los demás.

Consejos para enseñar habilidades de escucha

Conforme el vocabulario de tu hijo se expanda, será capaz de comprender lenguaje más complicado sobre distintos temas. Además, podrá entender el significado de oraciones más complejas y largas, como instrucciones de tres pasos. Sin embargo, a veces lo difícil será captar la atención de tu pequeño para que te escuche y entienda lo que le dices. Escuchar es una habilidad muy importante que está interrelacionada con el desarrollo lingüístico y, como cualquier otra habilidad, debe practicarse y perfeccionarse.

Estos son algunos consejos de cómo ayudar a tu hijo (y a ti) en casa:
1. Habla claro y usa oraciones simples. Aunque, como ya dijimos antes, tu hijo de prescolar ya puede entender oraciones más complejas, si ves que le cuesta trabajo seguir instrucciones, trata de hacerlas más cortas o que las haga una por una.
2. Míralo a los ojos. Cuando hables con él sobre algo importante o le des instrucciones, procura ponerte a su mismo nivel y hacer contacto visual. Esto te permitirá saber si te está poniendo atención. Cuando te vea a los ojos dile lo que tienes que decirle.
3. Que tus expectativas sean claras. A veces sentimos que ya explicamos mil veces lo mismo, pero los pequeños tal vez no lo captaron así o no nos entendieron. Asegúrate de que tu hijo sepa lo que va a pasar enseguida, aclárale tus expectativas para que él sepa qué es lo que va a pasar y qué es lo que esperas que haga.
4. ¡Jueguen juegos de escuchar! Estimula la habilidad de escucha de tu pequeño pidiéndole que identifique un sonido lejano. Por ejemplo, pídele que escuche al camión de la basura. ¿Lo oye? Siéntate en silencio y da el ejemplo de escuchar atentamente. Tomen turnos para identificar diferentes sonidos o ruidos.

Las interacciones de calidad estimulan el desarrollo lingüístico

Probablemente hayas escuchado decir que la mejor manera de estimular el desarrollo lingüístico de tu hija es hablándole todo el tiempo. Y el consejo tiene algo de razón. Varios estudios han demostrado que los niños que escuchan más palabras en casa tienen mejores habilidades lingüísticas y desempeño académico. Sin embargo, investigaciones recientes encontraron que lo que marca realmente la diferencia no es el número de palabras, si no el modo en cómo se interactúa con el niño.

El estudio liderado por la Dr. Katy Kirsh-Pasek de la Universidad Temple analizó 60 familias de bajos recursos y cómo es que los padres interactuaban con sus hijos al momento de jugar o leer un libro. Los investigadores estudiaron las grabaciones de 60 madres jugando con sus pequeños de dos años y contaron el número de palabras que se habían dicho durante esa interacción. Después, compararon dichas interacciones con las habilidades lingüísticas de los niños cuando habían cumplido tres años. Los resultados muestran que la calidad de la interacción entre madre e hijo tenía mucho más peso que el número de palabras dichas. Los niños con mejores habilidades lingüísticas habían tenido interacciones que involucraban:
• Atención conjunta. Eso se da cuando el padre y el hijo ponen atención y hablan sobre lo mismo. Este tipo de participación ayuda al niño a aprender nuevas palabras porque el adulto le provee con los términos adecuados para nombrar las cosas y las acciones que está realizando. Por ejemplo, si tu hija está jugando con una muñeca y señala una botella puedes decir «¿La muñeca tiene hambre? Vamos a darle leche con la botella» y juegan a alimentar al juguete.
• Repetitividad. A los niños les encantan las repeticiones. Las rutinas son importantes para su desarrollo porque gracias a ellas ya saben qué esperar, qué es lo que sigue. Las rutinas diarias los ayudan a aprender palabras nuevas porque la repetitividad facilita su retención y memorización. Incorpora rutinas para jugar, bañarse o ir a dormir.
• Conexión. Cuando los padres conectan con sus hijos durante las interacciones, ambos toman turnos para escuchar y participar en la acción. Eso motiva a los pequeños a interactuar durante más tiempo y, por lo tanto, a aprender mejor.

Hablar mucho con tu hija y repetir las palabras una y otra vez no es suficiente. Las interacciones son las que cuentan, sobre todo las de calidad. Conecta con ella y sintonízate con lo que está haciendo para poder hablar sobre eso. Eso ayudará muchísimo al desarrollo de su lenguaje.