Ayudando a mi hijo a desarrollar su autoconocimiento

Conforme tu hijo pase de ser un bebé a un niño de edad prescolar, notarás, entre muchas otras cosas, cambios muy importantes en sus habilidades de autoconocimiento. En otras palabras, será capaz de decir y comprender el significado de su nombre, edad y sexo, así como entender mejor lo que le gusta y lo que no. Las habilidades de autoconocimiento de tu hijo son las que, en un futuro, le permitirán entender que es una persona completa, única e independiente, con emociones y pensamientos propios. Este conjunto de habilidades es crucial para establecer y mantener relaciones interpersonales y para llevar una vida interior feliz y saludable.

En 1991, el profesor Jerome Kagan de la Universidad Harvard publicó en la revista Developmental Review un ensayo trascendental sobre cómo los niños desarrollan el concepto de identidad propia. En él, establece que el autoconocimiento es nuestro entendimiento de que somos un ser humano independiente, con cuerpo, mente y acciones que están separadas de las que realizan otras personas. Al acercarse a los 4 años, los niños trabajan mucho para desarrollar su autonomía, tal y como lo establecen las etapas del desarrollo psicosocial que propuso Erick Erickson en los años cincuenta.

Estos son algunos consejos que te ayudarán a trabajar las habilidades de autoconocimiento de tu hijo:
• Pon atención, acepta y ayuda a tu hijo a procesar la gran variedad de emociones que siente.
• Ayúdalo a entender la relación que existe entre cómo se siente y lo que está haciendo.
• Sé un ejemplo de empatía, libre expresión y comunicación.
• Nombra las emociones. Éstas son algo muy complejo y como los niños pequeños apenas comienzan a entender su significado, ayuda a tu hijo a nombrar sus sentimientos. Estar triste porque llovió y no pudo salir a jugar es mucho más fácil de asimilar que solo sentirse mal y no tener el vocabulario necesario para entender qué está sintiendo.

Ideas y juegos para estimular la imaginación de mi hija

Estas son algunas ideas prácticas para crear divertidos escenarios imaginarios que interesen a tu pequeña. Dependiendo de su edad, lo único que necesitas es estar al pendiente de ella y, si te lo pide, ¡aceptar la invitación para jugar juntas! Recuerda no establecer límites muy rígidos y dejar que tu hija tome las riendas con su imaginación.

• Imaginen que van de safari en el jardín de la casa. Pueden fabricar un par de binoculares con tubos de cartón.
• Naveguen en un barco imaginario hecho con una caja o cesto de ropa.
• Creen accesorios de superhéroe con cosas que tengan a la mano y deja que tu hija salve el día.
• Usen plastilina para «cocinar» pizzas o pasteles.
• Acampen en la sala de la casa.
• Viste a tu hija como un robot usando cajas y papel de aluminio.
• Cuiden un jardín imaginario compuesto de flores de plástico.
• Jueguen a ser la persona que anuncia el clima en la tele.
• Saca algunas prendas o cosas para que tu hija se disfrace de algún animal, actúe como él y que alguien de la familia adivine qué es.
• Jueguen al doctor y curen a sus juguetes.
• Imaginen que van de compras al supermercado.
• Creen una «cueva» usando sábanas y sillas e imaginen que son exploradoras.
• Jueguen a que son sirenas y viven bajo el agua.
• Imaginen que son las astronautas que descubrieron un nuevo planeta.

Ideas para ayudarle a tu hijo a practicar las figuras y colores

Notar, recordar e identificar diferentes colores y figuras es una habilidad que subyace a cualquier actividad en la que describamos el mundo que nos rodea o evaluemos el contexto físico en el que nos encontramos. Sí, eso significa que usamos esa habilidad cada vez que distinguimos características como la forma y el color de las cosas. Por lo tanto, ahora que sabes que es algo muy importante, estimula a tu pequeño de prescolar a aprender a identificar estas cualidades de las cosas.

• Jueguen juegos de descripción. Entre más involucres a tu hijo en actividades donde describan lo que ven y entre más palabras le enseñes, sin saturarlo, será más fácil que tu pequeño comience a pensar en estos términos cuando sea un poco más grande.
• Salgan en busca de figuras. Un juego de activación muy divertido que se puede jugar en casa es pedirle a tu hijo de 3 o 4 años que identifique y te traiga cosas que parezcan un cuadrado, círculo o triángulo.
• Jueguen «Veo, veo» cuando vayan en el coche, hagan actividades en casa, lean un libro, etc. Si tu hijo tiene 2 o 3 años, comienza con características simples como «Veo, veo algo rojo». Conforme crezca, puedes pasar a preguntar por formas o colores más complejos como «Veo, veo algo circular/algo dorado/ un cono».
• Jueguen juegos que requieran ordenar cosas por categorías.
• Ayuda a tu hijo a ver las similitudes y diferencias entre varios objetos para trabajar sus habilidades de razonamiento y pensamiento abstracto.

En este enlace encontrarás más ideas de actividades:
https://handsonaswegrow.com/shape-activities-for-toddlers/

Los colores y las figuras construyen las habilidades cognitivas de mi hija

Las guías publicadas por la Academia Americana de Pediatría sugieren que, entre los 2 y 3 años de edad, los niños aprenden a discriminar, de entre muchas otras características, la forma y los colores de un objeto. Esta es una tarea difícil de dominar para un niño pequeño porque, para aprender a reconocer las figuras y los colores de los objetos cotidianos, debe ser capaz de reconocer la similitud entre colores y entre formas.

Los psicólogos cognitivos dicen que para aprender sobre figuras y colores, y usar ese conocimiento a lo largo de la vida se lleva a cabo un proceso de tres pasos: 1) identificar el objeto y sus cualidades, 2) reconocer esas cualidades en experiencias pasadas y 3) categorizar un objeto abstrayendo una de sus características. Como adultos, nosotros hacemos eso en un abrir y cerrar de ojos, pero es un proceso muy complejo para un pequeño de prescolar. Por ejemplo, una galleta, el cojín del sillón, un bloque de juguete y un libro se parecen a un cuadrado y, por lo tanto, forman parte de una misma categoría. Sin embargo, no tienen exactamente la misma forma y tienen un montón de características «molestas» que el niño debe ignorar usando su razonamiento abstracto.

Cuando tu hija aprende a distinguir los colores básicos y a identificar las diferentes figuras, algo que parece un juego muy simple y repetitivo es en realidad lo que sienta las bases para una gran variedad de habilidades: el lenguaje, la atención, la memoria, la integración de información, el razonamiento conceptual y el pensamiento abstracto.

Investigadores como Alfredo Pereira, del Departamento de Ciencias Cerebrales y Psicológicas de la Universidad de Indiana, han sugerido que conforme los niños se acercan a los 3 años sus habilidades de reconocimiento y clasificación dejan de centrarse en las distintas partes del objeto y pasan a verlo como un todo. Es decir, un niño de 22 meses clasificará un juguete de un caballo con ruedas en vez de pezuñas como un cochecito, pero es probable que a los 28 meses ese mismo niño identifique el juguete como un caballo. Para obtener ideas de cómo ayudar a tu pequeña a aprender a reconocer figuras y colores, revisa el catálogo de actividades de Kinedu en la habilidad «Aprendiendo sobre formas y colores».

Desarrollar el reconocimiento visual: figuras y colores

Los humanos dependen muchísimo de la información que reciben a través de la vista. Los neuropsicólogos llaman a este proceso «reconocimiento visual de objetos» y es un mecanismo tan complejo que depende de un conjunto de procesos cognitivos como el lenguaje, la atención, la memoria, el razonamiento conceptual, etc. Por lo tanto, no es cosa fácil.

Entre los 2 y 3 años de edad, los niños comienzan a aprender los nombres de objetos comunes y durante esta etapa del desarrollo empiezan a generalizar nuevos objetos a través de las características más prominentes que ya comprenden: la forma y el color. Cada vez que tu hijo identifica la luna, una pelota o una manzana como un círculo, está usando su conocimiento sobre los objetos circulares que ya conoce, abstrayendo las características de esa figura y usándolas para reconocer y aprender sobre ese nuevo objeto.

Lisa Gershkoff-Stowe, investigadora de la Universidad de Indiana, observó que entre más sustantivos conozca un niño, pondrá más atención a la forma de nuevos objetos y los identificará a partir de eso. En un artículo publicado en 2004 en la revista Child Development (Desarrollo infantil), ella concluye que la atención que los niños le ponen a las figuras incrementa entre los 18 y 30 meses de edad, y que normalmente surge cuando tienen un vocabulario de entre 50 y 150 sustantivos.

Según las guías sobre el desarrollo en la primera infancia de la Academia Americana de Pediatría y el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos, incluso si tu pequeño de 2-3 años no es capaz de pronunciar y recordar el nombre de las diferentes figuras y colores, cuando cumpla 26 meses de edad comenzará a señalar e identificar objetos que parecen círculos, cuadrados y triángulos. Conforme se acerque a los 4 años y sus habilidades lingüísticas mejoren podrá nombrar aún más colores.

Las habilidades tempranas de memoria y atención se relacionan con las habilidades académicas

En 2005, las psicólogas Debora Stipeck y Rachel Valentino de la Universidad de Standford estudiaron la relación entre las habilidades de memoria y atención durante la primera infancia, y si éstas se relacionaban, a través del tiempo, con habilidades académicas como la lectura y la comprensión matemática. Estudiaron a 5873 niños estadounidenses desde la edad de 3 años y evaluaron sus habilidades cognitivas y desempeño escolar en seis ocasiones hasta que los niños cumplieron 14 años. Curiosamente, descubrieron que las habilidades de memoria y atención durante los primeros cuatros años de vida de un niño predecían el desempeño académico que tendría una vez que empezara su educación formal, además de que esa relación se mantenía hasta bien entrada la adolescencia.

La investigación concluyó que la relación entre la memoria y atención de los niños es mucho más fuerte durante los años de prescolar y que ésta se va debilitando conforme pasa el tiempo. Eso significa que los esfuerzos por desarrollar la atención y memoria rinden muchos más frutos durante el periodo de educación básica, cuando los niños aprenden a leer, a escribir y a usar el pensamiento abstracto y conceptual. Sin embargo, en la preparatoria y la universidad, cuando las materias comienzan a ser más especializadas, la relación antes mencionada pasa a segundo plano y lo que predice el éxito ahora es el aprendizaje profundo sobre el tema estudiado. Por supuesto, el desempeño académico es un tema muy complejo que no puede reducirse a estos dos factores, pero el estudio muestra que los primeros cuatro años de desarrollo cognitivo son muy útiles al momento en que los niños comienzan a ir a la escuela.

Algunos de los retos más importantes a los que se enfrentará tu hija cuando entre a la escuela serán concentrarse en la maestra, ignorar las distracciones para poder completar una actividad e inhibir impulsos o conductas que puedan distraerla de lo que está haciendo. Sabiendo esto, y a pesar de que la escuela es algo aún muy lejano, puedes comenzar a trabajar con tu hija y estimularla con actividades específicas que fomentarán sus habilidades de memoria y atención.

La memoria de trabajo de mi hijo de prescolar

La memoria de trabajo, como lo dice su nombre, es la habilidad cognitiva que nos permite mantener cierta a información en nuestra mente durante el tiempo necesario de realizar una tarea mental. Gracias a ella somos capaces de acceder fácilmente a información cuando pensamos o hacemos algo a corto plazo. Como ya te imaginarás, la memoria de trabajo es indispensable para todo, hasta para las tareas más simples, porque sin ella perderíamos el hilo de lo que estábamos haciendo a mitad de una actividad. Manejar el coche, contestar un mensaje de texto o cocinar serían acciones imposibles sin la memoria de trabajo de nuestro cerebro.

Los científicos aún no han podido identificar las áreas exactas del cerebro en donde se localiza la memoria de trabajo. Sin embargo, saben que ésta utiliza muchas partes de la corteza prefrontal o la parte del cerebro que está justo detrás de la frente. Algunas de las complicaciones a las que se enfrentan los investigadores cuando estudian la memoria de trabajo es su complejidad. Dependiendo de las características de la tarea que se está realizando, el cerebro activa áreas diferentes del cerebro para ayudar a retener información relevante, ya sea visual, auditiva, sensorial, etc. Entre otros, la doctora en neurociencia Anne Berry del Laboratorio Jagust de la Universidad de Berkeley, sugiere en sus publicaciones que la memoria de trabajo está estrechamente relacionada con la capacidad de atención de las personas. Esta relación es tan intuitiva que, por razones prácticas, muchos psicólogos consideran la memoria de trabajo y la atención como un conjunto indivisible.

Según la Academia Americana de Pediatría, el impresionante progreso cognitivo de tu hijo durante sus primeros años de vida, incluidos el desarrollo de su memoria de trabajo, le permitirán recordar y completar tareas que requieran seguir varios pasos cuando se acerque a cumplir 3 años. Eso también significa que a esa edad ya podrás proponerle actividades que requieran hacer varias tareas a corto plazo: dibujar, leer una historia juntos y que participe en la narración, idear juegos imaginarios más complejos, etc. Considera que la memoria de trabajo de tu hijo es como un post-it que su cerebro escribe y tiene a la vista. Eso le permitirá mantener algo en mente y después decidir si esa información es suficientemente relevante como para guardarla en la memoria de largo plazo.

Consejos para mejorar la atención de tu pequeña

Siguiendo los hitos de desarrollo cognitivo propuestos por la Academia Americana de Pediatría, estas son algunas ideas prácticas que te ayudarán a trabajar la habilidad de poner atención de tu hija:

• Haz que la actividad sea divertida. Como los niños están intrínsecamente motivados a jugar, trata de incorporar los juguetes favoritos o temas de interés de tu pequeña en los juegos. De ese modo, lo usarás para estimular su atención cuando le pidas que te cuente una historia en la que haya participado uno de sus personajes preferidos.
• No esperes periodos de atención más largos de los que marca la etapa de desarrollo de tu hija. Los niños de entre 3 y 4 años de edad tienen periodos de atención de 10-12 minutos.
• Asegúrate de que tu pequeña tenga suficiente tiempo para deambular y relajarse con actividades no estructuradas.
• Disminuye las distracciones cuando quieras que tu hija se concentre en algo. Cosas como tener la televisión encendida como ruido de fondo distraen muchísimo a los niños.
• Halaga los esfuerzos y progresos que haga.
• Adelántate a las distracciones que puede ocasionar el hambre o el sueño. Si como adultos nos cuesta mucho trabajo concentrarnos cuando tenemos hambre, los niños pequeños son mucho más sensibles a estas señales corporales.
• No la sobre estimules.
• Jueguen juntas a construir cosas con bloques.
• Haz que las experiencias sean nuevas e interesantes. Anima a que tu hija se interese en lo que la rodea jugando cosas como «Veo, veo».
• Deja que te ayude con cosas simples cuando cocines.
• Establece recordatorios visuales o musicales para sus rutinas.
• Dale toda tu atención.

Las habilidades de atención de mi hijo de 3 años

Según el experto en neurociencia Michael Posner, existen tres redes cognitivas que se relacionan con diferentes funciones de la habilidad de prestar atención. La primera es la alerta y se define como la capacidad de estar y mantenerse en un estado de alta sensibilidad a la información. La segunda es la orientación, la cual se refiere a la capacidad de la persona para seleccionar solo la parte relevante de la información recibida. La última, es la función ejecutiva de control que se encarga de descifrar los conflictos con emociones, pensamientos y respuestas que impiden la concentración.

Estos tres componentes son necesarios para «poner atención» o «concentrarnos» en algo. Cuando tu hijo hace algo tan simple como prestar atención al cuento que le estás leyendo antes de dormir, está ejecutando estas tres funciones de la atención y usando varias áreas del cerebro, como la corteza frontal y parietal. Estas partes del cerebro continuarán desarrollándose hasta la adolescencia, pero tu pequeño de 3 años ya está sentando bases importantes para estas habilidades. Según la Academia Americana de Pediatría, puedes calcular cuántos minutos duran los periodos de atención de un niño de entre 3 y 5 años multiplicando su edad por 2 o 5. Eso significa que tu pequeño de 36 meses puede concentrarse en un juguete o situación interesante por un máximo de 15 minutos. Por lo tanto, cuando quieras hacer alguna actividad con él, trata de que ésta dure máximo 10 minutos.

La memoria de mi hija de prescolar: guardando recuerdos y rememorando

La Academia Americana de Pediatría establece que un niño de prescolar desarrolla mucho su memoria entre los 36 y 48 meses de edad. A partir de ahora tu hija te deleitará completando la letra de las canciones que le gustan, acabando las oraciones de su cuento favorito, siguiendo instrucciones de tres pasos, relacionando objetos con sus imágenes o dibujos, e incluso recordando buena parte de una película o historia.

La memoria de tu hija comenzó a desarrollarse incluso antes de que pudiera usar el lenguaje para recordar las cosas. Durante los últimos dos años ha usado sus sentidos y emociones para guardar y recordar eventos importantes. Esta característica sensorial de la memoria se mantiene a lo largo de toda la vida: los adultos recuerdan con más facilidad eventos que relacionan con emociones fuertes como la sorpresa, el amor, el enojo o el miedo. Las habilidades para recordar dependen de nuestra capacidad de hacer la mayor cantidad de conexiones posibles entre un nuevo recuerdo y situaciones similares guardadas en la memoria. Así que, entre más aspectos experimente tu hija sobre un objeto o evento, más fácil le será relacionarlo con otros recuerdos y guardarlo en la memoria.

En 2010, un equipo de investigación de la Universidad Loyola publicó un artículo en la revista Experimental Child Psychology (Psicología infantil experimental) en el que se estudiaba el desarrollo de la memoria entre los 24 y 30 meses de edad. Siguieron los progresos de un grupo de niños a lo largo de esos 12 meses. Midieron sus diferentes habilidades cognitivas y cómo éstas interactuaban con su memoria, y encontraron que existe una relación significativa entre las habilidades lingüísticas de los niños y su capacidad de recordar cosas, además de que esa relación se fortalecía con el tiempo. Concluyeron que cuando somos muy jóvenes usamos las emociones para crear recuerdos, pero que una vez que desarrollamos el lenguaje en los años de prescolar, las palabras se vuelven cruciales para recordar y referirnos a experiencias pasadas.