A todos nos pasa, a veces reforzamos accidentalmente conductas que no nos gustan. ¡La buena noticia es que aún estamos a tiempo de cambiar eso! Con los niños pequeños, sobre todo con los menores de cinco años, las acciones realmente valen más que mil palabras. Tu pequeña responderá muchísimo mejor a lo que haces que a lo que dices (*ver el gráfico superior). Así que sí, puedes decirle «Las cosas no se tiran», pero esas palabras no significarán nada si no las acompañas con una acción coherente. Si la mala conducta de tu hija le sirvió para obtener lo que quería, continuará haciéndola. Por lo tanto, siguiendo el ejemplo de arriba, en vez de lanzar el plato para obtener más comida, tu pequeña debe aprender a pasártelo, decir «más» o apuntar lo que quiere. No debes servirle más comida hasta que imite la nueva conducta positiva que le has enseñado.

Revisemos otros ejemplos cotidianos.

Los lloriqueos y el falso llanto

Tu hija lloriquea o finge llorar para obtener lo que quiere. Tú le respondes «Si hablas así no te entiendo» o «Intenta de nuevo con tu voz de niña grande». Sin embargo, si después de lloriquear le das lo que pedía, entonces tu hija aprende que esa es una manera muy efectiva de conseguir sus objetivos. En vez de hacer eso, pídele que repita lo que quiere hablando como una niña grande y después dale lo que desea.

Arrancar las cosas

Tu hija tiende a quitarles las cosas de las manos a las personas. Tú le dices «Eso no está bien» o «Hay que esperar tu turno». Sin embargo, si tu hija logra quedarse con lo que le arrancó a alguien más, entonces ve que su estrategia funciona. Haz que devuelva lo que tomó y que lo pida cuando sea su turno.

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Las reacciones violentas ante el «No»

Tu pequeña grita, hace berrinches o tira las cosas cuando estableces algún límite. Esto puede suceder cuando anuncias que es hora de recoger los juguetes o cuando le niegas algo. Si tu hija reacciona de forma violenta y después aceptas negociar los términos del límite que habías establecido, entonces, desafortunadamente, su conducta negativa tiene el efecto deseado. En lugar de eso, sé firme, mantén el límite, pero dale dos opciones con las que estés de acuerdo. Por ejemplo, dile «No puedes comer galletas. ¿Qué prefieres una manzana o un yogurt?».

El punto es…

Independientemente del tipo de conducta negativa con la que estemos lidiando, es importante enfocarse en nuestras acciones para reforzar las conductas positivas. Usar un lenguaje simple y halagar a tu pequeña es muy útil, pero el énfasis siempre tiene que estar en las acciones. Eso es especialmente cierto si tu hija está experimentando emociones fuertes. En estas situaciones les es más difícil procesar el lenguaje.

La meta es que tu hija sustituya una acción no deseable por otra positiva y que después refuerces esa conducta. Tendrás que demostrarle cómo llevarla a cabo, dándole el ejemplo para que te imite y puedas reforzar la acción. Como estamos cambiando la dinámica a la que los niños estaban acostumbrados, es importante dar el ejemplo, repetir y darles tiempo para interiorizar las nuevas reglas. La clave está en ser consistente y hacer las cosas a conciencia para continuar reforzando conductas positivas y combatir las reacciones impulsivas y actitudes que no aprobamos.


Molly Dresner es una patóloga y terapeuta del lenguaje que reside en Nueva York.

Recientemente, publicó su libro The Speech Teacher’s Handbook (Manual para enseñar a hablar), una interesante guía para padres que incluye consejos prácticos y sencillos, y actividades que ayudan a los padres a ayudar a sus pequeños.

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