Está claro que no existe un manual para mamás primerizas que nos indique cómo cuidar a nuestros bebés y cómo apoyarlos para que crezcan plenamente. De hecho, la llegada de tu bebé marca el inicio de un proceso continuo en el que tú y tu hijo comenzarán a conocerse y a crecer codo a codo.

Para ayudarte a dar lo mejor de ti en esta etapa, en este artículo te hablaremos sobre algunos de los errores que cometen las mamás primerizas. Así, podrás evitar caer en ellos cuando estés con tu pequeño y eso te ayudará a disfrutar mucho más de tu maternidad y del tiempo que pases con tu hijo.

1. No cuidar de ti misma

Cuando tu bebé llega es normal que te sientas un poco abrumada y que pases la mayor parte de tu tiempo satisfaciendo sus necesidades. Sin embargo, para que puedas ser la mamá que tu niño merece, es importante que no olvides cuidar de ti misma.

Es importante monitorear tus estados de ánimo y realizar actividades que te den paz y te hagan sentir bien. De hecho, cuidarte puede ser tan fácil como realizar pequeños cambios en tu rutina. Por ejemplo, respirar profundamente cuando tu bebé grita o llora, tomar una taza de café o té mientras le lees un cuento a tu hijo o tomar una clase de baile o yoga.

En caso de que sientas que estás irritable o sensible, trata de preguntarte a ti misma qué necesitas para volver a estar en equilibrio. Cuando encuentres una respuesta, vuélvela realidad. Tal vez un pequeño paseo, bailar unos minutos, tomar un baño caliente o dormir un poco más te ayuden. La idea es que, aún si no tienes tiempo en ese momento para hacerlo, hagas una cita contigo misma para recuperar tu tranquilidad y puedas regalarte un tiempo de descanso.

2. Buscar ser «la mamá perfecta»

Siempre se ha hablado del mito de la «mamá perfecta». Sin embargo, esto es algo muy alejado de la realidad puesto que todos los seres humanos somos imperfectos; no existe una madre que haga todo siempre bien.

Ten por seguro que todas las mamás pasan por situaciones difíciles o pueden llegar a sentir frustración en algunas situaciones, y no hay de qué avergonzarse. La buena noticia es que cada vez que te salgas del camino, es posible encontrar nuevas formas de fortalecer la relación con tu hijo. Por ejemplo, en los momentos en los que te muestres molesta, habla con él y pídele una disculpa. Al hacerlo, le das una lección de confianza, pues le muestras que estarás ahí para él sin importar la situación. Asimismo, cuando dejas ir el enojo y le muestras amor, le muestras lo que es la regulación emocional.

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Así que cuando sientas que hayas cometido un error con tu pequeño, quédate tranquila. Lo importante es que hagas una pausa y hables con él para que puedan superarlo juntos. Cada vez que hagas esto le muestras a tu hijo que todas las personas se equivocan y que cada individuo tiene el poder de reparar sus errores.

3. Creer que solo hay dos formas de educar

Como mamá primeriza, seguramente tienes muchas dudas sobre cómo criar a tu pequeño y eso es completamente normal. A menudo, los padres creen que solo existen dos opciones en cuanto a la crianza de sus hijos: ser permisivos o castigadores. Sin embargo, es posible encontrar un equilibrio para que los pequeños reciban amor y compresión mientras son educados.

Imagina que necesitas que tu hijo se vaya a dormir, pero no logras convencerlo. Algunas de las opciones que tienes para afrontar esta situación son: castigarlo, dejar que haga lo que quiera o establecer límites con empatía. En la última opción, optarías por hablar con tu hijo, le demostrarías que comprendes lo que siente y después le ofrecerías acompañarlo a su cama. La idea no es que te alejes de las situaciones de conflicto, puesto que los desacuerdos son parte de la convivencia. Más bien se trata de poner límites y regular tus emociones para que puedas ofrecer una crianza amorosa, pero efectiva.

Sin importar qué hagas, en algunas ocasiones tu pequeño no entenderá el porqué de lo que le pides y se rehusará a realizarlo. Ante esto, busca siempre mantener la calma, ya que esto ayuda a que tu hijo esté más dispuesto a cooperar contigo. Después, busca utilizar la comunicación positiva. Por ejemplo, si tu niño no quiere ir a dormir y prefiere escuchar un cuento, puedes decirle «Entiendo, yo también quiero leer otra historia porque es muy divertido, pero ya estoy un poco cansada. Seguramente tú también lo estás. ¿Por qué no eliges el cuento que leeremos mañana?». Al escucharlo y atender sus peticiones, lo haces sentir escuchado y creas un entorno en el que él siente que puede expresarse y sabe que sus solicitudes son tomadas en cuenta, aunque no siempre puedan cumplirse.

4. Resolverle todo a los hijos

Seguramente has notado que tu niño no siempre está dispuesto a escuchar las soluciones que le propones. Esto se debe a que busca resolver lo que enfrenta por sí mismo. Desde temprana edad, incluso antes de los 5 años, puedes dejar que tu pequeño encuentre soluciones para las situaciones que se le presenten. Esto no significa que no vayas a ayudarlo nunca más, sino que más bien fungirás como un soporte y no como un jefe.

Para apoyar a tu hijo sin resolver su situación por completo, una alternativa es que primero escuches atentamente lo que tiene que decir. Después, empatiza con él, valida lo que te cuenta y hazle algunas preguntas que lo ayuden a aclarar el dilema. Es importante que le asegures que está bien cometer errores, que lo orientes para buscar soluciones y te muestres confiada en que logrará resolver el problema.

Estos fueron cuatro de los errores que hay que evitar como mamás primerizas. Así podrás ofrecerle a tu bebé una aventura plena y llena de aprendizajes en la que los dos crecerán juntos.

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