¿Te has preguntado por qué algunas personas batallan para mantener relaciones sociales, mientras que para otras es muy fácil hacerlo? Según John Bowlby, un psiquiatra e investigador británico, la capacidad de respuesta emocional de nuestra primera experiencia de apego podría ser el factor más influyente en el desarrollo humano. Bowlby investigó la reacción que mostraban los chimpancés y gorilas al ser asustados, y descubrió que estos siempre buscan a un adulto como protección, en comparación con otros animales que solo buscan un lugar donde protegerse. De acuerdo a este patrón de supervivencia, Bowlby concluyó que, al igual que nuestros primos los primates, los humanos estamos programados para formar apegos y poseemos una disposición innata para buscar cercanía con un adulto protector.

Durante los primeros dos años de vida, los bebés forman apegos con sus madres o cuidadores principales. Esto significa que la calidad de interacción que tengas con tu bebé será muy importante para su desarrollo socioemocional. Además, algunos factores como la calidad de interacción maternal, el contacto físico y la atención a las necesidades básicas, influirán en el tipo de apego que tu bebé desarrollará. El período crítico para formar un apego con una madre o padre es durante los primeros dos años de vida. Es muy importante fomentar un apego seguro, ya que este influirá en la calidad de relaciones interpersonales que tu bebé tendrá en un futuro, ¡incluyendo su relación de pareja!

¿Cómo saber si tu bebé ha desarrollado un apego seguro?

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Mary Ainsworth, psicóloga e investigadora estadounidense, desarrolló un procedimiento llamado “Situación extraña” para medir el comportamiento de la relación entre una madre y su bebé. Este procedimiento tiene como finalidad evocar la ansiedad de separación para activar el sistema de apego. Según Ainsworth, el factor que determina el tipo de apego es la reacción que tiene el bebé al reunirse con su madre, o padre, dado que el bebé puede tener distintos tipos de apegos dependiendo del cuidador. De acuerdo a las investigaciones de Ainsworth, podemos saber el tipo de apego que nuestro bebé ha desarrollado si observamos su comportamiento.

Si tu bebé ha desarrollado un apego seguro, será capaz de separarse de ti o de su cuidador primordial, buscará tu consuelo cuando esté asustado, mostrará emociones positivas en cuanto se reúnan después de alguna separación y preferirá estar con alguno de sus padres antes que con un extraño. Al ser adultos, los bebés que han desarrollado un apego seguro tienden a compartir sus emociones, a tener una autoestima alta, a buscar apoyo social y a tener relaciones de confianza duraderas.

En cambio, si tu bebé ha desarrollado un apego resistente, desconfiará de los extraños, se estresará o se pondrá muy nervioso cuando se tengan que separar, y no parecerá sentirse consolado con tu regreso. Si tu bebé ha desarrollado un apego evasivo, no buscará tu consuelo o contacto, y no mostrará preferencia entre sus padres y un extraño. Por último, si tu bebé ha desarrollado un apego desorganizado o desorientado, mostrará una mezcla de comportamientos evasivos y resistentes.

Además de las experiencias tempranas, la genética también influye en gran parte en el desarrollo socioemocional de tu bebé. Se ha descubierto científicamente que las experiencias tempranas pueden activar o desactivar ciertos genes. También se ha descubierto que un tipo de apego o el resultado negativo ante una experiencia traumática dependen de la presencia de ciertos genes. A pesar de que la genética juega un papel fundamental en el desarrollo de tu bebé, sabemos que una experiencia temprana positiva puede marcar la diferencia.

Te dejo tres sugerencias para fomentar el apego seguro en tu bebé:

  1. Procura mantener contacto físico con tu bebé. Abrázalo mucho en sus primeros años de vida.
  2. Atiende sus necesidades básicas. Tu bebé llora porque tiene una necesidad. No lo dejes llorando o desatendido.
  3. Habla seguido con tu bebé y mantén una relación de confianza. Deja que exprese sus emociones por medio del juego o la lectura.