Todo padre ha escuchado que las experiencias tempranas en la vida de un bebé definen gran parte de su futuro, pero aún así se subestima la importancia de expresar amor y proveer de estabilidad durante los primeros meses de vida. Gran parte de la bioquímica y estructura del cerebro se fija en la infancia. También, la mayoría de los problemas que se encuentran en la niñez o adolescencia, como la agresión, hiperactividad, depresión y el bajo rendimiento académico, tienen una correlación directa con experiencias negativas en la infancia.

El cerebro humano comparte muchas características con los cerebros de otros mamíferos. Lo que nos distingue como especie es el lóbulo frontal de la corteza cerebral, específicamente el área pre-frontal que también es conocida como el cerebro social. Esta parte es la que se encarga de controlar las emociones, la conciencia de las emociones de los demás, pensamientos sobre emociones y la empatía. A diferencia de la mayor parte del cerebro, el área pre-frontal no tiene reflejos innatos, todo es voluntario y consiente. Tampoco tiene circuitos definidos, es decir, es moldeable y se define mayormente por experiencias tempranas. Un recién nacido no tiene muchas conexiones neuronales o sinapsis, estas se incrementan durante el primer año de vida. Después de eso, empieza un proceso en el que se “podan” las sinapsis que no son reforzadas. Solo los circuitos neuronales que se usan se mantienen.

Gran parte de las vías bioquímicas se establecen en la infancia. Las dos más importantes son la respuesta ante el estrés y el sistema calmante. Por lo general, un bebé vive estrés en situaciones donde siente que está en riesgo, por ejemplo al estar separado de su cuidador o al lastimarse físicamente. Lo que ocurre cuando un bebé está estresado es que el cerebro se inunda de una hormona llamada cortisol. En los adultos, el cortisol genera una corta ráfaga de energía que nos permite enfrentar cualquier peligro inherente u otro tipo de estrés. Pero los bebés necesitan a un adulto o cuidador para calmarse porque no son capaces de protegerse del peligro o causas del estrés. Por esta razón, se estresan ​​fácilmente y carecen de la capacidad para mitigar su propia respuesta ante el estrés. Si los adultos no responden adecuadamente a sus bebés, pueden desarrollar una respuesta inusual al cortisol. Esto tiene un efecto a largo plazo en la adultez, donde será más difícil recuperarse de situaciones estresantes y manejar emociones de manera adecuada. De esta manera, las experiencias en las primeras etapas de la vida tienen el poder de cambiar la química del cerebro.

El exceso de cortisol también puede afectar la estructura del cerebro del bebé. Las personas que sufrieron de estrés crónico cuando eran bebés pueden mostrar un área pre-frontal reducida en tamaño. Esto también puede provocar cambios en la personalidad cuando son mayores. Es por eso que todas las experiencias por las que pase tu bebé, serán cruciales para la conexión y desarrollo de billones de neuronas en un futuro. La relación emocional que crees con tu pequeño tendrá efectos a largo plazo en su forma de relacionarse con los demás y en su desarrollo general. Al responder a todas las necesidades de tu pequeño, ofrecerle tu amor, tu apoyo y demostrarle cuánto lo quieres, estarás creando lazos fuertes y una base sólida de confianza que podrá durar para siempre.

Cuando se trata de bebés, siembras lo que cosechas. Para tener a un niño tranquilo, empático y bien conectado con sus emociones, debes reflejar esas cualidades. Por eso es importante darle cariño y afecto a tu bebé; el tiempo de calidad entre ustedes es crucial para su desarrollo. Ayúdale a manejar su comportamiento, prestar atención a sus sentimientos y asistirlo cuando lo necesite dándole el mejor ejemplo.


Para más información sobre este tema te sugerimos leer el libro “Amor Maternal” de Sue Gerdhardt o haz clic aquí para obtener un resumen de éste.

descarga_kineduPowered by Rock Convert