Category Archives: Socio-Afectiva

Mindfulness 101

Como padres siempre tratamos de darle lo mejor a nuestros hijos porque queremos que sean felices y desarrollen todo su potencial. Pero ¿qué pasa cuando nosotros no vivimos nuestras vidas al máximo? Cuando nos estresamos, nos preocupamos o vamos a las carreras estamos dándole ese ejemplo a nuestros hijos. Los niños son como esponjas y comienzan a percibir emociones desde que están en el vientre de la madre. Esto significa que son aún más sensibles a lo que los rodea una vez que nacen. Así que ¿cómo podemos mejorar como personas y transmitírselo a nuestros pequeños? Sigue leyendo para aprender más.

¿Alguna vez has regresado del trabajo y no recuerdas qué es lo que viste en el camino? ¿Has salido de casa y no recuerdas si cerraste la puerta con seguro?

Vivimos a base de rutinas, tanto en casa como en el trabajo, y hacemos las cosas de forma sin prestar atención a lo que hacemos. ¿Podemos llamarle hora de la comida cuando estamos pensando en los pendientes que tenemos o estamos contestando mensajes y correos en nuestro teléfono?

Los seres humanos tenemos la capacidad de pensar en el pasado, el presente y el futuro. Esto es un verdadero logro, pero nuestra mente suele concentrarse en la junta de la semana pasada, en lo que haremos las próximas vacaciones o en lo que debemos comprar en el supermercado. Los pensamientos más recurrentes son aquellos que giran en torno al pasado o se preocupan por el futuro. Así que, ¿qué pasa con el presente?

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El universo emocional de tu bebé: ¿cuáles son las emociones de tu pequeño?

El desarrollo y la apariencia de las emociones de tu bebé sigue un proceso ordenado que va desde los sentimientos más simples, hasta las emociones más complejas con las que todos estamos familiarizados.

De acuerdo con el doctor Michael Lewis, los recién nacidos son capaces de mostrar tres emociones básicas: interés, aflicción y satisfacción. Tu recién nacido sentirá esto en respuesta a procesos internos, cambios fisiológicos o ante estímulos sensoriales. Conforme tu pequeño siga creciendo, sus respuestas emocionales se volverán más complejas. Durante los próximos 6 meses estas reacciones primarias evolucionarán a alegría, sorpresa, tristeza, repugnancia, enojo y temor. Estas emociones, como las primeras que mencionamos, se desarrollan conforme tu bebé madura a nivel neurológico y cognitivo.

Cuando cumpla entre 9 y 10 meses, tu hijo atravesará por una nueva etapa de desarrollo cerebral que le permitirá expresar una gran variedad de emociones de forma muy eficiente. Es probable que a esta edad veas que pasa de la frustración al enojo o tristeza, y de vuelta a la alegría en cuestión de segundos. Esto es normal y de esperarse, así que no te estreses; lo estás haciendo muy bien. Cuando tengas que lidiar con estos momentos tan intensos, recuerda respirar y trata de actuar como un “recipiente” para ayudar a tu hijo a regular sus emociones.
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Berrinches y rabietas: Guía de supervivencia

Los berrinches o rabietas son muy comunes en los bebés y niños pequeños porque son el medio a través del cual lidian con emociones complicadas. Es importante ser empático con las emociones de tu hijo o hija para evitar situaciones que detonen estas situaciones.

No necesitas tener un hijo o hija para estar familiarizado con este fenómeno. Es algo tan notorio y común que todos hemos visto o experimentado uno de primera mano.

Los berrinches son perfectamente normales y de esperarse en niños de entre 1 y 3 años. Para ellos, son el medio más accesible para lidiar con emociones que los superan. Durante esta etapa de desarrollo, los bebés y niños pequeños comienzan a desarrollar su independencia, pero siguen siendo dependientes de los adultos. Además, aún no cuentan con las habilidades o la madurez cognitiva para autorregularse. Y para colmo, a esta edad muchos niños no tienen el suficiente vocabulario para expresar sus emociones y deben arreglárselas con acciones físicas.
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Rodea de amor a tu bebé

«Los abrazos, canciones y sonrisas de los padres son como las vacunas emocionales de sus hijos; los ayudarán a combatir la decepción, la angustia adolescente y hasta a pasar algún examen cuando sean mayores.» (Winston & Chicot, 2016).

Durante los primeros tres años de vida, el cerebro de los bebés crece hasta alcanzar el 90% del tamaño de un cerebro adulto. Este crecimiento tan acelerado se da gracias a que cada segundo se crean entre 700 y 1000 nuevas conexiones neuronales. Todas las experiencias por las que pase tu bebé, ya sean buenas o malas, serán cruciales para la conexión y desarrollo de billones de neuronas. La relación emocional que crees con tu hijo o hija tendrá efectos a largo plazo en la manera en como se apega a los demás, en su resiliencia y autoestima, en su forma de relacionarse y en su desarrollo general.

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Desarrollando las habilidades sociales para ir al cine o a un espectáculo

Tu pequeño te ha estado insistiendo de que quiere ver la película que se acaba de estrenar y, aunque sabes que le encantan los personajes, no estás segura si tu hijo podrá quedarse quieto durante toda la película. Tal vez te entre la duda de si sea muy pronto para ir a ver una obra de teatro o un espectáculo en vivo con él. Nuestros expertos lanzan un poco de luz sobre este tema.

Muchos psicólogos infantiles y padres creen que de los 2 a los 4 años es buena edad para comenzar a llevar a los niños al cine o al teatro, siempre y cuando la película o el espectáculo sean aptos para su edad. Sin embargo, qué tan listo esté tu hijo para ir al cine dependerá de su personalidad y conducta. Así que, como siempre, recuerda no adelantarte ni presionar a tu hijo solo porque escuchaste que otro niño de 2 años pudo quedarse sentado durante 120 minutos y disfrutar de una película. Hay algunos niños que pueden hacerlo y otros que no.

Para ayudarte a decidir si está listo o no, toma en consideración lo siguiente:

  • La capacidad de tu hijo para sentarse por más de 30 minutos y estar tranquilo.
  • Los periodos de atención habituales de tu pequeño.
  • Su tolerancia por el ruido, los lugares oscuros y los sonidos fuertes. Esto puede ser agobiante para los niños que no están acostumbrados o no les interesan estas actividades.
  • Según el libro de Brenda Nixon, The Birth to Five Book (El libro del nacimiento a los cinco años): «Cualquier sonido que registre más de 90 decibeles es dañino para el oído de los niños» y algunas películas llegan a registrar hasta 130 decibeles.

Cómo hacer que la experiencia sea placentera para todos (tanto para ti y tu hijo, como para la gente que está en la sala):

  • Siempre escoge algún espectáculo o película apta para niños. Tendrás una mejor experiencia si vas a una función temprano o a un show para niños en vez de ir a la ópera o al ballet. Tanto tu hijo como el resto del público te agradecerán que lo dejes con una niñera mientras ves esa película dramática con tu pareja.
  • Conocimiento es poder. Aunque la película o el espectáculo sean para niños, revisa de qué se trata con anticipación y hazte una idea de lo que puede aparecer (luces brillantes, escenas de acción, música muy fuerte, etc.). Compara esas cosas con lo que sabes que tolera y le gusta a tu hijo.
  • Explícale que el cine y el teatro son lugares donde hay que estar callado. Este concepto puede ser complicado de entender para un niño pequeño; la clave está en ser comprensiva pero disciplinada sobre esto con tu hijo. Ayúdalo a entender que son lugares donde se puede divertir mucho solo viendo y escuchando, que se puede reír y preguntarte cosas, pero en voz baja para no molestar a los demás.
    • Siéntate cerca de la salida y no muy cerca de la pantalla. De este modo, será menos complicado salir de improviso o llevar a tu hijo al baño.

Todos los niños pasan por una curva de aprendizaje cuando comienzan a compartir espacios con otras personas. Actividades como ir al cine o al parque son buenas oportunidades para divertirse y aprender a controlar sus impulsos, a retrasar la satisfacción y a pensar en lo que sienten las otras personas. Aunque parezca algo insignificante, ¡conquistar estas salidas cotidianas ayudará a tu pequeño a desarrollar sus habilidades socioafectivas!

¡Compartir es querer!

No saber compartir las cosas es parte del desarrollo emocional de todo niño. De hecho, la palabra «mío» es una de las primeras cosas que dicen los bebés. Durante el segundo o tercer año de tu hijo, éste comenzará a comprender la diferencia entre el yo y el otro, y por eso notarás que dice cosas como «¡Eso es mío!» o «Puedo solo». Esto se relaciona directamente con el desarrollo de su autoconocimiento e identidad. Así que, ¡no te preocupes!, existen muchas maneras de ayudar a tu pequeño a entender el concepto de compartir. ¡Sigue leyendo para aprender más sobre el tema!

 

¿Compartir es querer?

Compartir es una habilidad fundamental; es la razón por la cual tenemos amigos y podemos jugar o trabajar con los demás. Esta acción nos enseña los conceptos de acuerdo mutuo, justicia y, sobre todo, gratitud. «Gracias por prestarme tu cochecito. ¿Quieres jugar con mi oso de peluche?». Compartir les enseña a los niños que la gratitud es recíproca. Si uno ofrece algo a los demás, estos harán lo mismo por nosotros. ¡La gratitud es la mejor filosofía de vida! Compartir también nos enseña a negociar y a manejar la decepción, dos habilidades esenciales para la vida.

Un poco de contexto

Desde que nace, tu bebé comienza a construir las bases de la compasión. Cuando escucha llorar a otro niño o siente el estrés de la gente que lo rodea, se angustia. Aunque no lo pueda expresar con palabras, siente lo que está sintiendo la otra persona. Por lo tanto, tu hijo percibe y experimenta la compasión y otros precursores de la empatía desde que es muy pequeño. Sin embargo, no es sino hasta los 18 meses que se hace consciente de que los sentimientos de los demás pueden ser diferentes a los suyos. Compartir implica empatía y, aunque no la vaya a experimentar realmente sino hasta los seis años, tu bebé desarrolla y da muestras de esto desde muy corta edad. Continue reading

¡Ups! Lo volví a reforzar

A todos nos pasa, a veces reforzamos accidentalmente conductas que no nos gustan. ¡La buena noticia es que aún estamos a tiempo de cambiar eso! Con los niños pequeños, sobre todo con los menores de cinco años, las acciones realmente valen más que mil palabras. Tu pequeño o pequeña responderá muchísimo mejor a lo que haces que a lo que dices (*ver el gráfico superior). Así que sí, puedes decirle «Las cosas no se tiran», pero esas palabras no significarán nada si no las acompañas con una acción coherente. Si la mala conducta de tu hijo o hija le sirvió para obtener lo que quería, continuará haciéndola. Por lo tanto, siguiendo el ejemplo de arriba, en vez de lanzar el plato para obtener más comida, tu pequeño o pequeña debe aprender a pasártelo, a decir «más» o a apuntar lo que quiere. No debes servirle más comida hasta que imite la nueva conducta positiva que le has enseñado.

Revisemos otros ejemplos cotidianos. Continue reading

Convertir los berrinches en experiencias de aprendizaje

Como el cerebro de los niños de prescolar se sigue desarrollando, es normal que a veces tu hija se emocione, se frustre, se entristezca o se moleste por algo y reaccione de esa manera. Como sus habilidades verbales son limitadas, cuando tu pequeña hace un berrinche, en realidad está tratando de comunicarte que está batallando con alguna emoción muy fuerte o con un problema que parece imposible de resolver. Aunque esta situación es muy común entre los 2 y 4 años de edad, algunas rabietas se pueden evitar. Sin embargo, como es inevitable que se den de vez en cuando, úsalas para comprender mejor a tu hija y comunicarle que la entiendes y que quieres ayudarla.

• Da el ejemplo de cómo manejar tus emociones de forma calmada.
• Anticipa. Muchos niños suelen hacer berrinches cuando están cansados o tienen hambre. Mantener una rutina con horarios de comida, descanso y momentos de tranquilidad evitará que te encuentres frente a un monstruo inconsolable.
• Avísale a tu hija que el tiempo de realizar una actividad se está acabando. Esos minutos de advertencia disminuirán la probabilidad de rabietas cuando se termine el tiempo de juego.
• Reconoce las emociones que siente y ayúdala a expresarlas en palabras antes de que las cosas escalen a una rabieta.
• Los psicólogos de la extensión del Departamento de Estudios sobre el Desarrollo Humano y Familiar de la Universidad Estatal de Iowa recomiendan «distraer, quitar, ignorar y aguantar».
• Trata de descifrar la causa del enojo o frustración: cuándo, qué, dónde, quién…
• Deja que tu hija explore su personalidad siempre y cuando no comprometa la seguridad o salud de nadie.
• Mantente firme, pero calmada y tranquilízala. Crea un espacio seguro para que tu pequeña explore sus relaciones y emociones sabiendo que la seguirás queriendo pase lo que pase.
• Cuando se haya calmado, hablen sobre lo que pasó durante la rabieta. Enfatiza en la emoción que sintió y por qué surgió, y recuérdale que te quedaste con ella. Cuando esté lista, dale un abrazo y pregúntale si se siente mejor.

Lee más consejos prácticos de los terapeutas familiares de la Universidad Estatal de Iowa visitando el siguiente enlace:
http://www.extension.iastate.edu/Publications/PM1529J.pdf

Independencia a la hora de dormir: la transición de la cuna a su primera cama

Ahora que tu hijo tiene nuevas habilidades emocionales, verbales y una mejor motricidad es probable que te estés preguntando si ya es momento de cambiarlo de su cuna a una cama.

Estas son algunas útiles recomendaciones del libro What to expect: the toddler years (¿Qué esperar? La primera infancia). Los autores recomiendan hacer la transición a la cama después de los 36 meses de edad, no antes, porque a esa edad tu pequeño ya comenzará a comprender mejor los conceptos abstractos de las reglas y los límites. Un buen indicador para hacer el cambio es que tu hijo sugiera por sí mismo dejar la cuna.
• Cuando tu pequeño esté listo, celebren la transición.
• Trata de colocar la cama en el lugar en el que estaba la cuna.
• Los pediatras recomiendan que acuestes a tu hijo 12 horas después de que haya despertado o alrededor de 5 horas después del final de su siesta vespertina.
• Crea una rutina divertida para ir a dormir y habla de eso con él. Deja que tome algunas decisiones, como elegir qué hacer primero: ponerse la pijama o lavarse los dientes.
• Aprovecha la hora de acostarlo para pasar tiempo de calidad juntos y que tu hijo se sienta querido y seguro.
• Dale la cobija, los peluches o los objetos familiares que solía tener en su cuna.
• Si se levanta en la noche, sé firme y regrésalo a su cama de manera calmada y en silencio. Tomará un poco de tiempo, pero tu pequeño comprenderá el mensaje.
• Evita aceptar excusas de última hora para no dormir.
• Sé empática y paciente mientras se acostumbra al cambio.

Fomentar la relación con mi hija durante y después de los terribles dos años

El profesor en psicología Matthew Sanders, de la Universidad de Queensland, ha pasado los últimos diez años investigando la crianza positiva. Se ha enfocado en los efectos que ésta tiene en la relación entre padres e hijos, en cómo potencia las habilidades y la confianza de los cuidadores, y en cómo ayuda al desarrollo de buenas habilidades emocionales en los niños durante la infancia.

Elegimos algunas ideas claves de su artículo de 2008 “The Triple P: Positive Parenting Program as a public health approach to strengthening parenting” (Las tres P’s: Programa de Paternidad Positiva como una aproximación a la salud pública para una mejor crianza) publicado en la Revista de psicología familiar. Esta es una lista de consejos de cómo fomentar el desarrollo emocional de tu hija, sobrevivir los terribles dos años y disfrutar de esta etapa:
• Date el tiempo de hablar con ella todos los días. Dedícale toda tu atención.
• Interésate en sus gustos, intereses, rarezas y desarrollo. Esto parece ser algo intuitivo, pero muchas investigaciones demuestran que estar en sintonía con tu hija es mucho mejor para su desarrollo socioemocional que el intentar ser la madre perfecta.
• Ten expectativas razonables para su edad.
• Reconoce sus esfuerzos y halaga su progreso.
• Hazte consciente que los niños son muy sensibles a la comunicación no verbal de sus padres. Trata de ser coherente con lo que dices y haces.
• Usa la enseñanza incidental. Por ejemplo, si tu pequeña está comiendo dedos de queso o galletas, pregúntale sobre las formas y colores para estimular su aprendizaje.
• Mantén consecuencias lógicas para las malas conductas. Por ejemplo, retira el objeto que es causa del conflicto y habla con tu hija sobre lo que pasó.
• Reconoce sus emociones y ayúdala a expresarlas con palabras.