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¡Compartir es querer!

No saber compartir las cosas es parte del desarrollo emocional de todo niño. De hecho, la palabra «mío» es una de las primeras cosas que dicen los bebés. Durante el segundo o tercer año de tu hijo, éste comenzará a comprender la diferencia entre el yo y el otro, y por eso notarás que dice cosas como «¡Eso es mío!» o «Puedo solo». Esto se relaciona directamente con el desarrollo de su autoconocimiento e identidad. Así que, ¡no te preocupes!, existen muchas maneras de ayudar a tu pequeño a entender el concepto de compartir. ¡Sigue leyendo para aprender más sobre el tema!

 

¿Compartir es querer?

Compartir es una habilidad fundamental; es la razón por la cual tenemos amigos y podemos jugar o trabajar con los demás. Esta acción nos enseña los conceptos de acuerdo mutuo, justicia y, sobre todo, gratitud. «Gracias por prestarme tu cochecito. ¿Quieres jugar con mi oso de peluche?». Compartir les enseña a los niños que la gratitud es recíproca. Si uno ofrece algo a los demás, estos harán lo mismo por nosotros. ¡La gratitud es la mejor filosofía de vida! Compartir también nos enseña a negociar y a manejar la decepción, dos habilidades esenciales para la vida.

Un poco de contexto

Desde que nace, tu bebé comienza a construir las bases de la compasión. Cuando escucha llorar a otro niño o siente el estrés de la gente que lo rodea, se angustia. Aunque no lo pueda expresar con palabras, siente lo que está sintiendo la otra persona. Por lo tanto, tu hijo percibe y experimenta la compasión y otros precursores de la empatía desde que es muy pequeño. Sin embargo, no es sino hasta los 18 meses que se hace consciente de que los sentimientos de los demás pueden ser diferentes a los suyos. Compartir implica empatía y, aunque no la vaya a experimentar realmente sino hasta los seis años, tu bebé desarrolla y da muestras de esto desde muy corta edad.

Formando lazos afectivos

Tu bebé se apegará o encariñará con distintos objetos y personas. Es por eso que le costará mucho trabajo compartir su oso de peluche favorito e incluso cosas que no le gustan tanto. Varios estudios demuestran que los niños que se criaron con lazos afectivos fuertes con sus padres durante los primeros dos años de vida son más dados a compartir cuando crecen. ¿Por qué sucede esto? Porque si tienes una relación estable y fuerte con tu hijo, éste entiende que cuenta con el apoyo físico y emocional de sus padres. Esto lo hace más propenso a simpatizar con los demás y a ofrecerles ayuda. A su vez, lo vuelve menos posesivo con las cosas materiales.

El que anda con lobos a aullar se enseña

Desde muy pequeños, los niños perciben e interiorizan lo que hacen sus padres y otros miembros de la familia. Si un bebé es criado con un modelo de generosidad es muy probable que repita esa dinámica cuando trate con otras personas. Si tu hijo ve que compartes y eres cariñosa con otros, imitará tu conducta con las personas que lo rodean.

Enfócate en lo positivo, no en lo negativo

Los bebés suelen «intentar de compartir», es decir, le muestran algo a una persona y le dejan usarlo, pero no sueltan el objeto en cuestión. Esto es el primer gran paso para adquirir la habilidad de compartir. Aplaude la acción de tu bebé diciendo cosas como «Qué amable eres. Gracias por enseñarle tu cochecito a la tía Lily». Es preferible reforzar la conducta positivamente y ser generosa con tu bebé, a regañarlo o quitarle las cosas. Si tu pequeño no quiere compartir algo, no lo castigues; es normal que actúe de esa manera porque apenas está aprendiendo. Mejor, halaga y festeja sus esfuerzos y, poco a poco, verás cómo el refuerzo positivo lo motivará a repetir las acciones que hacen felices a los demás. Dentro de poco, compartir se volverá algo natural para él.

¿Qué puedes hacer para introducir y practicar la acción de compartir?

  • Sé cariñosa con tu hijo y con tu familia: expresar afecto es una forma de demostrar que la otra persona te importa.
  • Practiquen juegos donde se deba compartir: pasen y cedan turnos, préstense cosas, intercambien juguetes, etc.
  • Comparte con tu pareja y con tu hijo todos los días: «Hice palomitas, ¿quieres?» o «Te guardamos un lugar, siéntate con nosotros».
  • Dale algunos juguetes y pídele que los reparta y comparta con las personas que están en la habitación. «Dale uno a papá y otro a mamá». Luego, tú repite el ejercicio.
  • Hagan juegos de roles con títeres o muñecos: esta es una forma efectiva de explorar los sentimientos de los demás.
  • Fomenta la comunicación y reconozcan las emociones: pregúntale a tu pareja y a tu hijo cómo se sienten. También puedes mostrarle los sentimientos que experimentan los demás con comentarios como «Mira a esa niña en los columpios. Se ve muy feliz».
  • Jueguen juegos que tengan pocas reglas y donde no haya un solo ganador.
  • Compartan todos los días: «¿Quieres un plátano? Toma la mitad y yo la otra».

Si te interesa leer más sobre el tema, visita los siguientes enlaces:

¡Ups! Lo volví a reforzar

A todos nos pasa, a veces reforzamos accidentalmente conductas que no nos gustan. ¡La buena noticia es que aún estamos a tiempo de cambiar eso! Con los niños pequeños, sobre todo con los menores de cinco años, las acciones realmente valen más que mil palabras. Tu pequeño o pequeña responderá muchísimo mejor a lo que haces que a lo que dices (*ver el gráfico superior). Así que sí, puedes decirle «Las cosas no se tiran», pero esas palabras no significarán nada si no las acompañas con una acción coherente. Si la mala conducta de tu hijo o hija le sirvió para obtener lo que quería, continuará haciéndola. Por lo tanto, siguiendo el ejemplo de arriba, en vez de lanzar el plato para obtener más comida, tu pequeño o pequeña debe aprender a pasártelo, a decir «más» o a apuntar lo que quiere. No debes servirle más comida hasta que imite la nueva conducta positiva que le has enseñado.

Revisemos otros ejemplos cotidianos.

Los lloriqueos y el falso llanto

Tu hijo lloriquea o finge llorar para obtener lo que quiere. Tú le respondes «Si hablas así no te puedo entender» o «intenta de nuevo con tu voz de niño grande». Sin embargo, si después de lloriquear le das lo que pedía, entonces tu hijo aprende que esa es una manera muy efectiva de conseguir sus objetivos. En vez de hacer eso, pídele a tu pequeño que repita lo que quiere hablando como un niño grande y después dale lo que desea.

Arrancar las cosas

Tu hija tiende a quitarles las cosas de las manos a las personas. Tú le dices «eso no es correcto» o «hay que espera tu turno». Sin embargo, si tu hija logra quedarse con lo que le arrancó a alguien más, entonces ve que su estrategia funciona. Haz que devuelva lo que tomó y que lo pida cuando sea su turno.

Las reacciones violentas ante el «No»

Tu pequeño grita, hace berrinches o tira las cosas cuando estableces algún límite. Esto puede ir desde anunciar que es hora de recoger los juguetes, hasta negarle algo. Si tu hijo reacciona de forma violenta y después aceptas negociar los términos del límite que habías establecido, entonces, desafortunadamente, su conducta negativa tiene el efecto deseado. En lugar de eso, sé firme, mantén el límite, pero dale dos opciones con las que estés de acuerdo. Por ejemplo, dile «Ya no se pueden galletas. ¿Qué prefieres una manzana o un yogurt?».

El punto es…

Independientemente del tipo de conducta negativa con la que estemos lidiando, es importante enfocarse en nuestras acciones para reforzar las conductas positivas. Usar un lenguaje simple y halagar a tu pequeño o pequeña es muy útil, pero el énfasis siempre tiene que estar en las acciones. Eso es especialmente cierto si tu hijo o hija está experimentando emociones fuertes. En estas situaciones les es más difícil procesar el lenguaje.

La meta es que tu hijo sustituya una acción no deseable por otra positiva y que después refuerce esa conducta. Tendrás que demostrarle cómo llevarla a cabo, dándole el ejemplo para que te imite y puedas reforzar la acción. Como estamos cambiando la dinámica a la que los niños estaban acostumbrados, es importante dar el ejemplo, repetir y darles tiempo para interiorizar las nuevas reglas. La clave está en ser consistente y hacer las cosas a conciencia para continuar reforzando conductas positivas y combatir las reacciones impulsivas y actitudes que no aprobamos.


Molly Dresner es una patóloga y terapeuta del lenguaje que reside en Nueva York.

Recientemente, publicó su libro The Speech Teacher’s Handbook (Manual para enseñar a hablar), una interesante guía para padres que incluye consejos prácticos y sencillos, y actividades que ayudan a los padres a ayudar a sus pequeños.

Síguela en su Instagram @thespeechteacher donde publica diariamente información relevante, o conéctate con ella a través de su página web o su Facebook.

Convertir los berrinches en experiencias de aprendizaje

Como el cerebro de los niños de prescolar se sigue desarrollando, es normal que a veces tu hija se emocione, se frustre, se entristezca o se moleste por algo y reaccione de esa manera. Como sus habilidades verbales son limitadas, cuando tu pequeña hace un berrinche, en realidad está tratando de comunicarte que está batallando con alguna emoción muy fuerte o con un problema que parece imposible de resolver. Aunque esta situación es muy común entre los 2 y 4 años de edad, algunas rabietas se pueden evitar. Sin embargo, como es inevitable que se den de vez en cuando, úsalas para comprender mejor a tu hija y comunicarle que la entiendes y que quieres ayudarla.

• Da el ejemplo de cómo manejar tus emociones de forma calmada.
• Anticipa. Muchos niños suelen hacer berrinches cuando están cansados o tienen hambre. Mantener una rutina con horarios de comida, descanso y momentos de tranquilidad evitará que te encuentres frente a un monstruo inconsolable.
• Avísale a tu hija que el tiempo de realizar una actividad se está acabando. Esos minutos de advertencia disminuirán la probabilidad de rabietas cuando se termine el tiempo de juego.
• Reconoce las emociones que siente y ayúdala a expresarlas en palabras antes de que las cosas escalen a una rabieta.
• Los psicólogos de la extensión del Departamento de Estudios sobre el Desarrollo Humano y Familiar de la Universidad Estatal de Iowa recomiendan «distraer, quitar, ignorar y aguantar».
• Trata de descifrar la causa del enojo o frustración: cuándo, qué, dónde, quién…
• Deja que tu hija explore su personalidad siempre y cuando no comprometa la seguridad o salud de nadie.
• Mantente firme, pero calmada y tranquilízala. Crea un espacio seguro para que tu pequeña explore sus relaciones y emociones sabiendo que la seguirás queriendo pase lo que pase.
• Cuando se haya calmado, hablen sobre lo que pasó durante la rabieta. Enfatiza en la emoción que sintió y por qué surgió, y recuérdale que te quedaste con ella. Cuando esté lista, dale un abrazo y pregúntale si se siente mejor.

Lee más consejos prácticos de los terapeutas familiares de la Universidad Estatal de Iowa visitando el siguiente enlace:
http://www.extension.iastate.edu/Publications/PM1529J.pdf

Independencia a la hora de dormir: la transición de la cuna a su primera cama

Ahora que tu hijo tiene nuevas habilidades emocionales, verbales y una mejor motricidad es probable que te estés preguntando si ya es momento de cambiarlo de su cuna a una cama.

Estas son algunas útiles recomendaciones del libro What to expect: the toddler years (¿Qué esperar? La primera infancia). Los autores recomiendan hacer la transición a la cama después de los 36 meses de edad, no antes, porque a esa edad tu pequeño ya comenzará a comprender mejor los conceptos abstractos de las reglas y los límites. Un buen indicador para hacer el cambio es que tu hijo sugiera por sí mismo dejar la cuna.
• Cuando tu pequeño esté listo, celebren la transición.
• Trata de colocar la cama en el lugar en el que estaba la cuna.
• Los pediatras recomiendan que acuestes a tu hijo 12 horas después de que haya despertado o alrededor de 5 horas después del final de su siesta vespertina.
• Crea una rutina divertida para ir a dormir y habla de eso con él. Deja que tome algunas decisiones, como elegir qué hacer primero: ponerse la pijama o lavarse los dientes.
• Aprovecha la hora de acostarlo para pasar tiempo de calidad juntos y que tu hijo se sienta querido y seguro.
• Dale la cobija, los peluches o los objetos familiares que solía tener en su cuna.
• Si se levanta en la noche, sé firme y regrésalo a su cama de manera calmada y en silencio. Tomará un poco de tiempo, pero tu pequeño comprenderá el mensaje.
• Evita aceptar excusas de última hora para no dormir.
• Sé empática y paciente mientras se acostumbra al cambio.

Fomentar la relación con mi hija durante y después de los terribles dos años

El profesor en psicología Matthew Sanders, de la Universidad de Queensland, ha pasado los últimos diez años investigando la crianza positiva. Se ha enfocado en los efectos que ésta tiene en la relación entre padres e hijos, en cómo potencia las habilidades y la confianza de los cuidadores, y en cómo ayuda al desarrollo de buenas habilidades emocionales en los niños durante la infancia.

Elegimos algunas ideas claves de su artículo de 2008 “The Triple P: Positive Parenting Program as a public health approach to strengthening parenting” (Las tres P’s: Programa de Paternidad Positiva como una aproximación a la salud pública para una mejor crianza) publicado en la Revista de psicología familiar. Esta es una lista de consejos de cómo fomentar el desarrollo emocional de tu hija, sobrevivir los terribles dos años y disfrutar de esta etapa:
• Date el tiempo de hablar con ella todos los días. Dedícale toda tu atención.
• Interésate en sus gustos, intereses, rarezas y desarrollo. Esto parece ser algo intuitivo, pero muchas investigaciones demuestran que estar en sintonía con tu hija es mucho mejor para su desarrollo socioemocional que el intentar ser la madre perfecta.
• Ten expectativas razonables para su edad.
• Reconoce sus esfuerzos y halaga su progreso.
• Hazte consciente que los niños son muy sensibles a la comunicación no verbal de sus padres. Trata de ser coherente con lo que dices y haces.
• Usa la enseñanza incidental. Por ejemplo, si tu pequeña está comiendo dedos de queso o galletas, pregúntale sobre las formas y colores para estimular su aprendizaje.
• Mantén consecuencias lógicas para las malas conductas. Por ejemplo, retira el objeto que es causa del conflicto y habla con tu hija sobre lo que pasó.
• Reconoce sus emociones y ayúdala a expresarlas con palabras.

La crianza positiva fomenta las habilidades socioemocionales de tu pequeño

¡Criar a un bebé o a un niño pequeño es un trabajo duro! De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, entre los 24 y 48 meses de edad tu hijo alcanzará muchos hitos de desarrollo en el área socioemocional. Gracias a su recién adquirida fuerza y habilidades físicas, tu pequeño comenzará a explorar más activamente sus alrededores, su personalidad y tus límites. Este periodo es crucial para su desarrollo, pero también puede convertirse en todo un reto para los padres. A esta corta edad, la curiosidad viene acompañada de conductas impulsivas y de riesgo, la determinación va de la mano con la terquedad, y la independencia puede convertirse rápidamente en desafío.

Por lo mismo que los niños pequeños llegan a ser difíciles, los psicólogos del desarrollo han dedicado muchísimas investigaciones para determinar qué técnicas de crianza y qué habilidades de los padres son las que promueven una mejor relación entre padres e hijos. En 2005, las investigadoras Liliana Lengua y Erica Kovacs de la Universidad de Washington llegaron a la conclusión de que los padres que utilizan herramientas de crianza positiva tienen hijos que, después de un año, muestran menos irritabilidad, conductas de desafío, miedo o rechazo; además de que existe una correlación entre una mayor cantidad de emociones positivas por parte de los niños y una mayor aceptación y consistencia en la forma en la que los cuidadores crían a los pequeños.

David Kerr, profesor de psicología de la Universidad Estatal de Oregón, dice que la crianza positiva no solo hará tu vida más sencilla, si no que ayudará a que tu hijo desarrolle habilidades socioemocionales positivas que perdurarán toda su vida. Estas son algunas ideas de cómo implementar la crianza positiva en casa y disfrutar los años de prescolar con tu pequeño:
• Anímalo a expresar sus emociones y a aceptarlas, en vez de portarse mal.
• Dale opciones en vez de órdenes. Como los niños pequeños están comenzando a explorar su independencia y autonomía, hacer esto evitará las luchas de poder o los «no» tajantes. Es importante que le des opciones con las que tú estés cómoda.
• Di «no» de vez en cuando, pero hazlo con convicción. Mantén límites razonables y consistentes.
• Trata de crear un ambiente seguro, pero abierto a la exploración. Equipar tu casa a prueba de niños toma tiempo y dinero, pero hacerlo te evitará el estrés de prohibir constantemente actividades que sean peligrosas.
• Reconoce su buena conducta, sus progresos y halaga sus logros.
• Busca la razón detrás de su mal comportamiento, en vez sacar conclusiones precipitadas.

Disciplina positiva, ¿qué es y cómo usarla?

Hace veinticinco años la doctora en educación Jane Nelsen publicó su libro Disciplina positiva en el que proponía que la clave para enseñar disciplina a los hijos no es el castigo, si no el respeto mutuo. Hoy en día su aproximación «firme pero cariñosa» para criar niños responsables, respetuosos y hábiles se considera como la mejor guía para padres, además de ser recomendada por organizaciones como los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, PBS Parents, el Colegio Real de Medicina, la Academia Americana de Pediatría, entre otros.

Basándonos en el libro, estos son algunos consejos prácticos de cómo implementar la disciplina positiva con tus hijos y estimular su inteligencia social y emocional:
• Comprende los retos de desarrollo por los que pasa tu hijo de prescolar. Sus habilidades para controlar y expresar sus emociones apenas comienzan a desarrollarse.
• Trata de deducir lo que tu pequeño está tratando de expresar y anímalo a ponerlo en palabras. Reconoce y empatiza con sus sentimientos.
• Halaga y pon atención a sus actitudes y conductas positivas.
• Hay que estar disponible para él y escuchar activamente, aunque eso a veces sea complicado debido a la angustia emocional o vocabulario limitado de tu hijo.
• Recuerda que él utiliza las herramientas y sus capacidades lo mejor que puede. Ayúdalo a controlar sus malas conductas buscando la razón detrás de ellas y, ya sea cambia la causa o maneja las emociones que asocias con dicha conducta.
• Ten expectativas acordes a la edad de tu pequeño y sé consistente con ellas. Es necesario que le expliques las reglas y cómo obedecerlas.
• Es muy importante que cuides de tu propio bienestar. Necesitarás planearlo con antelación, pero eso les facilitará las cosas a todos.

Si quieres leer más sobre disciplina positiva y cómo aplicarla, encontrarás muchos artículos e información en el siguiente enlace:
https://www.positivediscipline.com/free-downloads

Aplicar los principios de la crianza positiva en casa

En 1999, el psicólogo e investigador Matthew Sanders, de la Universidad de Queensland en Australia, publicó un famoso artículo en la revista Clinical Child and Family Psychology Review (Análisis de la psicología clínica infantil y familiar) en el que presentó las primeras pruebas sobre las estrategias prácticas y características que los padres deben adoptar para estimular el desarrollo socioemocional de sus hijos.

Nos basamos en sus descubrimientos para enlistarte estas estrategias positivas de crianza que puedes implementar con tu pequeña:
• Asegúrate de crear un ambiente seguro y atractivo que la provea de muchas oportunidades para explorar, jugar y ser creativa.
• Crea un ambiente positivo de aprendizaje. Cuida la forma en cómo respondes a sus solicitudes de ayuda, consejos, atención, etc. Trata de interesarte y ayudar a tu hija a aventurarse a explorar cosas y a tratar de hacer las cosas por su cuenta (por ejemplo, desvestirse, comer sola, etc.).
• Usa la disciplina asertiva. En vez de gritar, amenazar o usar castigos físicos cuando te agobie o frustre la actitud de desafío de tu hija, trata de hacer lo siguiente: establezcan y hablen sobre las reglas que hay que seguir en situaciones específicas, mantén consecuencias lógicas, usa los tiempos de silencios o de descanso, dale instrucciones apropiadas para su edad y pídele las cosas de forma clara y tranquila.
• Ten expectativas realistas. Toma en cuenta el desarrollo de las diferentes áreas socioemocionales de tu pequeña.
• Cuídate. Aunque a veces parezca que no tienes tiempo para nada más, ser madre es solo una parte de quién eres y tu bienestar es muy importante. Date el tiempo de cuidarte, estar en contacto con tus emociones y vida interior. Pide ayuda a tu red de apoyo cuando lo necesites.

Si quieres leer más sobre el tema y ver más ideas sobre cómo implementar la crianza positiva en casa, visita el siguiente enlace:
https://www.nspcc.org.uk/globalassets/documents/advice-and-info/positive-parenting.pdf

Independencia a la mesa: consejos para superar los caprichos a la hora de comer

Existen muchas razones por las que tu hijo se pone difícil a la hora de comer. A veces explorará qué tanto puede desafiar las reglas y los límites que le han impuesto, tal vez realmente deteste el sabor o la textura de un alimento, o le sea difícil probar cosas nuevas. Esto sucede mucho entre los 36 y 48 meses de edad porque, según la Academia Americana de Pediatría, a esta edad los niños comienzan a comer de forma más independiente usando cubiertos y bebiendo o vertiendo líquidos de recipientes abiertos.

En este artículo te daremos algunas ideas de cómo animar a tu hijo a probar sabores y alimentos nuevos, mientras respetas sus esfuerzos por establecer su independencia y autonomía a la hora de comer:

• Pon el ejemplo de comer una gran variedad de alimentos saludables.
• Combina comidas nuevas con alimentos que ya conoce y le gustan. Introduce cosas nuevas una por una.
• Lleva a tu pequeño a un huerto o al mercado.
• Asegúrate de que lo que le sirves esté a una temperatura adecuada.
• Cuando le presentes un alimento nuevo, fomenta la exploración. Deja que tu hijo toque la comida, la huela y dé un bocado pequeño. Paso a paso se llega lejos.
• Exponlo a alimentos nuevos y preséntaselos varias veces durante las siguientes semanas. Investigaciones indican que ésta es la mejor manera para que tu hijo aprenda a aceptar cosas nuevas.
• Pídele que sea tu ayudante de cocina. Supervísalo mientras te ayuda con tareas sencillas mientras cocinas u horneas. Pídele que mezcle algo o haga bolitas de masa.
• Haz que las comidas sean algo divertido e interesante. Mezcla colores y formas en su plato.
• Convierte la hora de comer en un momento de comunicación sin distracciones.
• Anímalo a probar todo en su plato, pero no lo obligues a comerse todo. Esto será una experiencia más positiva, evitará la lucha de poder y ayudará a tu pequeño a acostumbrarse y a leer sus señales de hambre y saciedad.
• Halaga sus progresos y reconoce sus esfuerzos.

Consejos para manejar la actitud de desafío y fomentar el crecimiento

Entre los 2 y 4 años de edad, aparte de los increíbles hitos del desarrollo que tu hija ha alcanzado, probablemente también te hayas dado de bruces con un terrible indicador del desarrollo socioemocional de tu pequeña: el desafío.

La experiencia de ser una niña pequeña está llena de curiosidad, imaginación y también de una necesidad cada vez más fuerte por ser autónoma y explorar los límites. Podrás imaginar que teniendo una corteza cerebral prefrontal aún en desarrollo y viviendo en un mundo de adultos, es normal que tu hija disfrute y sea feliz ejerciendo todo el poder y control que le sea concedido. A veces criar a un niño pequeño es frustrante, especialmente cuando te enfrentas a una marea de «no’s». Sin embargo, si piensas que esta actitud es la manera en que tu pequeña explora su recién descubierta independencia podrás responderle de manera positiva y animarla a crecer, a ser más autónoma y a explorar. Estos son algunos consejos de cómo hacerlo:

• Piensa en cuál es el mensaje que quiere comunicar tu hija al decirte «no». No te desafía solo para frustrarte, está tratando de expresar algo.
• Reconoce las acciones y sentimientos de tu pequeña y trata de no entrar en una lucha de poder. En lugar de eso, trata de comunicar qué es lo que está pasando.
• Cuando anticipes un «no», cambia la pregunta o la tarea dejando espacio para que tu hija tome alguna decisión o ejerza algo de control. Por ejemplo, pregúntale qué juguetes quiere recoger primero.
• Trata de empatizar con lo que está experimentando y por qué se está negando a hacer algo.
• Ejemplifica el responder en vez de reaccionar. Tu hija aprende a autorregularse y a ejercer su independencia observándote.
• Pídele que sea tu ayudante.
• Aliéntala a expresar sus sentimientos con palabras y usar otras maneras de autoexpresión.
• ¡Recuerda que no es nada personal, sino parte de su desarrollo!