Es el sueño de cualquier padre o madre. Su bebé aprende a leer a los dos años, aprende a tocar el piano a los 4, empieza a aprender matemáticas a los 6 y habla dos idiomas a los 8. Criaron a un niño genio, la envidia de cualquier otro padre, madre o compañero de la escuela.

Los niños que hacen de todo no necesariamente se convierten en genios y cambian el mundo. Asumimos que es porque no tienen habilidades emocionales ni sociales adecuadas y, por ende, no logran ser tan exitosos. Sin embargo, este no es el caso. Menos de un cuarto de los niños «genios» sufren de algún problema emocional o social. La mayoría de ellos tienen vidas perfectamente normales.

Entonces, ¿qué los detiene? No aprenden a ser originales.

Aprenden a buscar la aprobación de sus padres y la admiración de sus maestros. Lo que sucede es que la práctica perfecciona, pero no innova.

Los niños genio aprenden a tocar la piezas de Mozart, pero rara vez componen música original. Enfocan tanta energía en consumir sabiduría científica que no producen ideas nuevas. Los estudios sugieren que los niños con mayor creatividad tienen menor probabilidad de ser los favoritos de los maestros, ocasionando que no compartan sus ideas originales.

«Cuando los niños crecen, muchos genios se convierten expertos en sus áreas y líderes en sus organizaciones, pero solo pocos de ellos se convierten en creadores revolucionarios», comenta psicólogo Ellen Winner.

¿Qué se necesita para cultivar la creatividad en un niño? Un estudio comparó las familias de niños que fueron calificados entre el 5% más creativo de sus escuelas con las familias de aquellos que no eran tan creativos. Los papás de los niños «ordinarios» tenían en promedio 6 reglas en casa, horarios específicos para la tarea y para dormir. Los papás de niños muy creativos tenían en promedio menos de una regla en casa.

La creatividad es difícil de cultivar, pero es fácil de frenar. Limitando reglas, los papás inspiran a sus hijos a pensar por sí mismos. «Tienden a enfocarse más en valores morales, en lugar de enfocarse en reglas específicas», menciona la psicóloga de Harvard, Teresa Amabile.

La psicóloga comparó a los arquitectos más creativos de América con un grupo de gente con muchas habilidades, pero poca creatividad; había algo único en los padres con hijos arquitectos creativos: «Los papás enfatizaban el desarrollo ético». Los papás inspiran a sus hijos a buscar la excelencia y el éxito, pero también los motivan a encontrar la felicidad en su trabajo. Sus hijos tenían la libertad de crear sus propios valores y descubrir sus propios intereses. Eso los impulsó a florecer como adultos creativos.

El psicólogo Benjamin Bloom llevó a cabo un estudio sobre el origen de varios reconocidos artistas, atletas, músicos y científicos, y descubrió que sus padres no soñaban con que sus hijos fueran estrellas. Ellos solo respondieron a la motivación intrínseca de sus hijos. Cuando ellos demostraron interés y entusiasmo en una habilidad, los papás los alentaron.

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Pianistas reconocidos no tenían los mejores maestros a temprana edad, sus primeras clases venían de instructores que vivían cerca y hacían el aprendizaje divertido.

Mozart demostró interés en música mucho antes de tomar clases de piano, no al revés.

Desde que Malcolm Gladwell popularizó la regla de «10,000 horas» sugiriendo que el éxito depende de la cantidad de tiempo que uno practica algo, surgió un debate en torno a las horas necesarias para convertirse en un experto. En el argumento, se plantearon varias preguntas interesantes:

  1. ¿No será que la práctica nos ciega para mejorar en nuestra área? Los estudios revelan que entre más practiquemos, más interiorizamos una forma de hacer las cosas, quedamos atrapados en una manera familiar de pensar.
  2. ¿Qué motiva a la gente a practicar algo por tantas horas? La respuesta es la pasión, la cual si se descubre por curiosidad natural o es nutrida por la experiencia de disfrutar haciendo las actividades. La evidencia demuestra que la creatividad depende mucho de la amplitud y no solamente de la intensidad de la experiencia o de la sabiduría.

No pueden programar a un niño para ser creativo. Si quieres motivar a tus hijos a traer nuevas ideas originales al mundo, necesitas dejarlos perseguir sus pasiones.

 

Fuente: How to Raise a Creative Child. Step One: Back Off