Las experiencias tempranas, ya sean positivas o negativas, tienen un gran impacto en el desarrollo cerebral y en el establecimiento de circuitos neuronales básicos, además de que proporcionan las bases para la adquisición de habilidades más complejas. Una de estas es el conjunto de funciones ejecutivas, las cuales nos ayudan a concentrarnos simultáneamente en información diferente, tomar decisiones, revisar y cambiar planes según sea necesario y controlar nuestras emociones e impulsos. Una de las tareas más importantes de los padres durante la primera infancia es ayudar a sus hijos a adquirir habilidades de funcionamiento ejecutivo porque son fundamentales para la edad adulta.

Definiendo las funciones ejecutivas

La función ejecutiva es como el controlador de tráfico aéreo del cerebro: gestiona todas las señales, impulsos y deseos del cerebro. La corteza prefrontal es fundamental para el funcionamiento ejecutivo, pero no actúa sola, ya que controla el comportamiento a través de interacciones con el resto del cerebro.

Cuando un niño cumple un año, el cerebro, que antes funcionaba casi como un conjunto de neuronas aisladas, comienza a funcionar como una gran red de áreas interconectadas. Esto permite una acción coordinada y la gestión de diferentes impulsos. Como adultos, esto se traduce en nuestra capacidad de realizar múltiples tareas, tener autocontrol, concentrarnos a pesar de las distracciones y seguir instrucciones de varios pasos. Todo esto es fundamental para lograr nuestras metas, llevarnos bien con los demás y contribuir en la sociedad.

Según el Center on the Developing Child (Centro del Niño en Desarrollo) de la Universidad de Harvard, las funciones ejecutivas involucran estas tres habilidades:

  • Memoria de trabajo: La capacidad de retener y manipular información durante períodos cortos de tiempo. ¡Como aquella vez que memorizaste un número de teléfono el tiempo suficiente para marcarlo!
  • Control inhibitorio: La capacidad de dominar y filtrar pensamientos para dirigir la atención, resistir la tentación, romper hábitos, ignorar las distracciones y pensar antes de actuar; ¡permitiéndote jugar juegos como Simon dice!
  • Flexibilidad cognitiva/mental: Es la capacidad de aplicar diferentes reglas en diferentes circunstancias y adaptarse a ellas en función a un entorno cambiante, demandas, prioridades o perspectivas. Aprendes de tus errores y te ajustas a ellos.

Las funciones ejecutivas no se dan de forma natural, es necesario trabajarlas y fortalecerlas. Esto es especialmente cierto durante la primera infancia. Como hemos visto en artículos anteriores, el entorno influye en el desarrollo de los niños. Las interacciones de “servir y devolver” entre los niños y los adultos importantes en sus vidas juegan un papel importante en la adquisición de esas habilidades. También puedes comenzar a trabajar el funcionamiento ejecutivo con tu pequeño realizando ejercicios y juegos apropiados para su edad. Por ejemplo, enseñarle a jugar por turnos o darle oportunidades para que se concentre en tareas específicas puede fomentar algunas funciones ejecutivas que serán increíblemente importantes el resto de su vida.

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