Cuando se le pregunta a la gente cuál es su objetivo final en la vida, a menudo responden «ser feliz». Así que no es sorpresa que la meta principal de la mayoría de los papás sea criar un hijo feliz. Pero ¿qué significa exactamente ser feliz? ¿Es una emoción, un estado subjetivo positivo o un estado constante del ser? La respuesta no es tan sencilla como parece. Muchos padres y científicos han tratado de encontrar la respuesta correcta. De hecho, un científico que ha dedicado años al estudio del concepto de la felicidad es Daniel Gilbert, de la Universidad de Harvard. Él propone tres definiciones de felicidad: la emocional, la moral y la de juicio.

  • La felicidad emocional es un sentimiento relacionado con una experiencia. Por ejemplo, cuando tu hijo se emociona por una película, por un viaje al parque de diversiones o por comer una galleta.
  • La felicidad moral está más relacionada con la virtud e ideas filosóficas. Cuando tu hijo vive una vida buena y próspera, llena de significado moral, entonces se sentirá profundamente satisfecho y contento. Dan Gilbert usa la palabra griega eudaimonia para ejemplificarlo, que se traduce en «buen espíritu […] florecimiento humano [ y ] la vida bien vivida».
  • La felicidad de juicio es hacer un juicio acerca de la fuente de los sentimientos potencialmente agradables en el pasado, presente o futuro. Este tipo de felicidad es generalmente seguida por palabras tales como «sobre», «por» y «que». Por ejemplo, tu hijo podría estar emocionado “por” tener un perro o podría estar feliz “por” ir a pasear al parque .

Conocer esta información nos aclara un poco más el significado de la felicidad, pero la pregunta continúa: ¿qué hace feliz a las personas? ¿Acaso existe una fórmula que podemos seguir para llegar a la felicidad?

El Dr. John Medina, en su libro Brain Rules for Baby, habla sobre el experimento más antiguo en curso desde 1937, en el cual los investigadores del Estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard siguieron de cerca a 268 estudiantes de segundo año de la universidad de Harvard (clases de 1939 a 1944 ) y un segundo cohorte de 332 niños desaventajados (pero no delincuentes) de la ciudad de Boston. La lista de los sujetos incluye 4 aspirantes a senadores y ¡hasta el ex-presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy! El objetivo del estudio era identificar los factores que contribuyen a la «buena vida» o, en otras palabras, la felicidad. El psicólogo que aún encabezaba este proyecto de investigación es George Vaillant.

En una entrevista para el periódico El Atlántico, Vaillant comentó que, después de tantos años de investigación, lo que constituye una buena vida son «las relaciones con otras personas». Las amistades, concluyó, son un gran predictor para vivir una buena vida; más importante aún que otras variables como el dinero. Entre más íntima la relación, mejor. En su libro, Medina afirma que, además de sostener relaciones satisfactorias, otros comportamientos que predicen la felicidad son: hacer actos altruistas, hacer listas de gratitud, cultivar la actitud de gratitud, compartir nuevas experiencias con seres queridos y ser capaz de perdonar.

Según Medina, resulta que el dinero no juega un papel importante en la felicidad, «las personas que ganan más de $5 millones de dólares al año no son perceptiblemente más felices que los que ganan $100,000 dólares al año, dice La Revista de Estudios Felicidad. El dinero aumenta la felicidad solo cuando saca a la gente de la pobreza, acercándose a cantidades medias de cinco cifras. Pasando los $50,000 dólares por año en ingresos, la riqueza y la felicidad toman caminos distintos». Estos hallazgos posiblemente alivien las preocupaciones de los padres que ven motivando a sus hijos a dedicarse a ciertas profesiones, con la esperanza de que puedan vivir la «buena vida» en el futuro. Con esta información, ahora los padres pueden disminuir la presión y solo tratar de guiar a sus hijos a elegir una carrera que les gusté, pero también les genere salarios de cinco cifras. Ellos no tienen que ser millonarios para estar emocionados y felices con la vida. Después de que se cumplan sus necesidades básicas, solo necesitan una buena red de apoyo: estar rodeado de buenos amigos y familiares.

Una cosa es cierta, si quieres que tu hijo sea feliz, debes promover sus habilidades sociales con el fin de que aprenda a socializar con eficacia. Esto significa mostrarle cómo hacer amigos siendo también un buen amigo, y después enseñándole cómo mantener esas amistades. Existen muchos aspectos necesarios para criar niños socialmente inteligentes; demasiados para contarlos. Sin embargo, hay dos factores que tienen el respaldo más fuerte en la literatura científica y son los predictores por excelencia de las habilidades sociales: la regulación emocional y la empatía. Para promover esto en tu hijo, enséñale a ser atento, amable, sensible, cooperativo y a saber perdonar. ¡De esa manera tendrá amistades más duraderas y, a raíz de ellas, estará más cerca de la felicidad!

Si quieres trabajar en las habilidades sociales de tu hijo, ¡aquí está una actividad con la que puedes comenzar!

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