Como padre o cuidador, sabemos que deseas enseñarle a tu hijo a ser resiliente y a ser capaz de superar cualquier dificultad que pueda llegar a enfrentar. Pero ¿cómo saber si en verdad estás ayudando a tu pequeño a convertirse en un individuo independiente y exitoso? No importa de qué tipo de privación se tratara, investigaciones han demostrado que el común denominador entre niños que presentaron altos niveles de resiliencia fue tener al menos una relación estable y comprometida con un padre o cuidador involucrado. Ahondemos en el tema.

Comencemos definiendo el concepto de resiliencia. Existen varias definiciones de esta palabra, pero, en esencia, es la capacidad de adaptarse y responder de forma positiva ante una adversidad. ¿Cuáles son los factores claves para promover este valor en tu pequeño? Ya mencionamos el más significativo de todos: las relaciones de apoyo. Estas le proveen a tu hijo de un trato personalizado, lo cual lo protege de las disrupciones de desarrollo. Además, le ayudan a desarrollar importantes habilidades como la planeación, la regulación de conducta y la adaptación, las cuales le permitirán superar las dificultades y prosperar.

¿Por qué este tipo de relaciones son tan importantes?
Porque tener constantes interacciones de “servir y devolver” con adultos que los quieren, ayudan a los niños a manejar su sistema de respuesta ante el estrés. Al mantenerlo en niveles normales, el cerebro aprende a manejar el “estrés tolerable” y logra desarrollarse sin disrupciones. Por el contrario, cuando no se dan interacciones de calidad o éstas son muy intermitentes, el cerebro lo interpreta como una amenaza o riesgo y activa el sistema de respuesta. Aunque este es un mecanismo de defensa, si el nivel de estrés no disminuye, el cerebro y otros sistemas de órganos comienzan a desgastarse debido a la exposición prolongada al “estrés tóxico”. Por lo tanto, la resiliencia previene que el estrés se vuelva un “veneno” y lo convierte en uno tolerable.

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Hemos concluido que la resiliencia es muy importante para que nuestros hijos prosperen, pero ante la cantidad de información disponible a veces es difícil discernir entre hechos y conceptos erróneos. Por lo tanto, aclararemos algunos puntos siguiendo lo que dice la ciencia:

  • Como ya se dijo, la resiliencia necesita de relaciones de apoyo y no es determinada por la genética o por haber heredado o no un carácter fuerte.
  • Las habilidades para enfrentar retos se pueden fortalecer a cualquier edad practicando actividades adecuadas para reducir el estrés, y estimulando habilidades como la planeación, organización, control de impulsos, flexibilidad cognitiva, etc.
  • La resiliencia varía mucho de una situación a otra. Hay que recordar que incluso la persona “más fuerte” puede necesitar apoyo terapéutico si pasó por una experiencia extremadamente adversa.

Si alguna vez te preguntas si han valido la pena todos tus esfuerzos por ser un padre o cuidador que quiere y apoya a su hijo, ¡no lo dudes ni por un segundo! Ser sensible y afectivo es lo que ayudará a tu pequeño a convertirse en una persona resiliente y capaz de superar situaciones retadoras.

Si te interesa leer más sobre la ciencia detrás de este tema, revisa esta publicación: Supportive Relationships and Active Skill-Building Strengthen the Foundations of Resilience