La infancia es una de las etapas más desafiantes de nuestras vidas, porque es justo en la fase inicial de crecimiento que los niños y niñas se enfrentan por primera vez a un hito en su desarrollo: las emociones negativas. Todas ellas producen un malestar psicológico en distintos niveles, que puede variar de leve a severo, y para contrarrestarlo, una de las mejores herramientas que existe es la técnica de la tortuga.

¿Quién de niño no sintió ira, frustración, rabia, tristeza o vergüenza? Incluso la envidia, el miedo y las dudas son completamente naturales y forman parte del todo. Sin embargo, pese a que está bien sentirlas, no todos los pequeños tienen la capacidad de sobrellevarlas de manera positiva. A muchos se les torna más difícil superarla.

Cuando parten de estas emociones negativas y comienzan a basar en ellas su comportamiento, el resultado puede ser alarmante para los papás, pues los hijos empiezan a manifestar una mala conducta que de no tratarse a tiempo y de manera apropiada, puede traer consecuencias preocupantes en el futuro, como tendencias de carácter agresivo, violento e impulsivo.

En este artículo te contaremos las características de la técnica de la tortuga y cómo puedes sacarle provecho para ayudar a tus pequeños a controlar sus emociones negativas.

¿Qué es la técnica de la tortuga?

La técnica de la tortuga tiene como principal objetivo enseñar a los niños a pensar antes de actuar, una lección indispensable para que puedan experimentar una infancia agradable y feliz, con un equilibrio positivo a nivel emocional.

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Los orígenes de la técnica de la tortuga se remiten a dos fuentes. La primera, autoría de Marlene Schneider y Arthur Robin, dos expertos en psicología infantil que en la década de los años setenta elaboraron un manual para gestionar el fracaso en los niños de forma acertada, utilizando como base una analogía del carácter calmo, centrado y sabio que rodea a este animal tan querido por niños y niñas.

¿El objetivo? Evitar que alcancen niveles severos de conducta violenta, en los que la utilicen como medio para descargar su ira, frustración y demás emociones negativas, que suelen sentir cuando las cosas no resultan como esperaban.

En esos momentos incómodos en los que no obtienen lo que desean y sus expectativas no son cubiertas, los pequeños tienden a presentar muchas dificultades para controlar sus impulsos, por lo que pueden tener reacciones adversas como gritar sin control, patalear o golpear a sus compañeros en el jardín de infancia, en la escuela o en casa al compartir con un amigo o familiar contemporáneo con ellos.

La segunda fuente de autoría de la técnica de la tortuga es de Rochelle Lenteni, especialista en comportamiento positivo y profesora de la Universidad de Florida, quien se basó en la técnica e ilustró al mismo personaje en la historia Tucker Turtle Takes Time to Tuck and Think, que narra en forma de cuento ilustrado una forma más dinámica y didáctica de aplicarla.

En el cuento, Tucker se describe como una tortuga genial que va a la escuela y le gusta jugar con sus amigos. Sin embargo, cuando se sentía rechazada, solía gritar y golpear a sus compañeros, provocando que estuvieran tristes y asustados. Pero todo cambió cuando aprendió a aplicar cuatro sencillos pasos, que representan la técnica de la tortuga y te explicamos a continuación.

¿Cómo aplicar la técnica de la tortuga correctamente?

Para aplicar la técnica de la tortuga, los expertos recomiendan enseñar a los niños cuatro sencillos pasos que los pueden ayudar a gestionar de manera positiva todas las emociones adversas.

Paso 1: Reconocer sus emociones

¿Qué sienten los niños? Lo primero es lograr que manifiesten si están molestos, avergonzados, asustados, tristes, desesperados, si tienen dudas o si se sienten culpables por algo.

Paso 2: Detener su cuerpo

Esto evitará de inmediato que practiquen la violencia física (golpear a un compañero, patalear, gritar) y además les dará la oportunidad de aprender a controlar sus impulsos.

Paso 3: Meterse dentro del “caparazón” y contar hasta tres

Meterse dentro del caparazón representa la analogía con la tortuga. Justo después de frenar todo lo negativo, se acompaña el proceso con tres respiraciones profundas que les dejarán el camino listo para abrazar la calma.

Paso 4: Salir del caparazón cuando estén calmados y puedan pensar en una solución

Una vez que se sientan preparados para “salir del caparazón” será una señal clara y contundente de que han superado el episodio de ira y podrán trabajar en solucionar el problema, con calma y tranquilidad.

¿Cuándo se recomienda aplicar la técnica de la tortuga?

Lo recomendable es aplicar la técnica de la tortuga en cualquier circunstancia que el niño o niña evidencie rasgos de molestia, ira o confusión.

Las emociones negativas invaden cuando los pequeños se enfrentan a cambios inesperados. Todo lo que reconozcan como nuevo desde una perspectiva incómoda y frustrante, puede provocar una reacción agresiva.

Estos escenarios aparecen sobre todo en el jardín de infancia o en la escuela, al interactuar con otros niños. Para saber precisar el momento ideal, una técnica muy efectiva es mantener un vínculo comunicacional con ellos, que sientan que pueden contar contigo para expresarse.

De esta manera, estarán al tanto de que es natural sentirse afligidos, y que pueden hacer muchas cosas para salir con éxito de situaciones incómodas que tienen como protagonista la frustración o el miedo, dos de los principales disparadores de los escenarios desfavorables.  

Para obtener los mejores resultados posibles, es importante que la práctica de la técnica de la tortuga sea frecuente y constante. Mientras más veces lo hagan, menos incomodidad sentirán en los momentos difíciles.

¿Cuáles son los beneficios de la técnica de la tortuga?

Empezar a practicar la técnica de la tortuga desde casa es una actividad muy eficiente para alcanzar uno de los objetivos principales: que puedan equilibrar sus emociones desde una edad temprana.

Anímate a interactuar con tu pequeña o pequeño en un ambiente en el que se sientan libres de prejuicios. Así les será posible crear y fortalecer un vínculo emocional que los conecte consigo mismos.

Pensar antes de actuar es la premisa, pero la primera palabra es quizá la más importante, ya que representa lo que hay que enfatizar: el pensamiento. En este caso específico, pensar como una tortuga les ayudará a hacer una pausa interna para tomar una de las primeras decisiones correctas de sus vidas, calmarse y encontrar una solución.

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