Como ahora sabemos, los cerebros de los bebés son muy vulnerables, especialmente durante los primeros meses de vida.

Contrario a lo que se pensaba, cada una de las acciones que realizamos como padres tiene un gran impacto, ya sea positivo o negativo, en nuestros hijos. Durante mucho tiempo hemos estado equivocados en cuanto al tema del desarrollo de los bebés, y eso explica por qué hemos educado a los bebés varones de manera distinta. Las distintas culturas y religiones también han influido en cómo educamos a nuestros hijos. Hemos desarrollado ideas sobre lo firmes que debemos ser en la educación y crianza de nuestros hijos, y hemos sido más duros con los bebés varones, ya que pensamos que el afecto o atención puede “malcriarlos”. Sin embargo, la verdad es que todos los bebés, incluyendo a los varones, necesitan de atención y afecto para crecer y desarrollarse sanamente.

El Dr. Allan N. Schore, un clínico-científico de UCLA que se especializa en el apego y el desarrollo del cerebro, ha investigado la neurobiología del desarrollo y la neuroendocrinología de los bebés varones vulnerables. Schore (2017) explica por qué los bebés varones son más vulnerables que las niñas cuando se enfrentan a ambientes estresantes o a una crianza sin atención o afecto. Según Schore (2017), los cerebros de los varones maduran más lento en casi todas las áreas, incluyendo el área social, física y lingüística. Además, los circuitos cerebrales que regulan el estrés maduran más lento y tienen menos mecanismos integrados que fomentan la resiliencia contra el estrés, en comparación con los cerebros de las mujeres. Estas son algunas de las razones por las cuales las experiencias que ocurren a temprana edad influencian más a los hombres que a las mujeres.

Además, se ha demostrado que los bebés varones son más vulnerables a la falta de atención, al estrés prenatal y a la separación de su madre después de nacer. Estas situaciones ambientalmente estresantes afectan negativamente las áreas del cerebro que están relacionadas con el autocontrol y la socialización. También, los varones muestran una mayor reacción a estímulos negativos y presentan niveles más altos de cortisol al nacer. Por otro lado, Schore menciona otro estudio que muestra que las niñas pueden regular sus estados afectivos mucho más que los varones. Esto significa que los bebés varones pueden verse aún más afectados por un ambiente estresante y un cuidado indiferente (sensibilidad o respuesta maternal menor a la óptima).

Podemos concluir que, a medida que el desarrollo del cerebro de los bebés varones madura más lentamente que el de las mujeres, ellos son mucho más vulnerables a los trastornos del desarrollo como el autismo y el TDAH. Esto no significa que no debamos preocuparnos por las niñas, ya que todos los bebés necesitan de una crianza sensible y afectuosa. Sino más bien, es un llamado a responder a las necesidades de todos los bebés con sensibilidad y afecto, ya que incluso las pequeñas acciones pueden tener un gran impacto y promover un desarrollo socioemocional sano en un bebé.

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Referencias: