Durante las primeras semanas de vida, cuando tu pequeño aún tiene el muñón del cordón umbilical, la Academia Americana de Pediatría recomienda realizar “baños de esponja” para bañar a tu bebé. A continuación, te presentamos los pasos que debes seguir para limpiar a tu bebé con éxito.

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  • Asegúrate de que la habitación en la que se encuentren esté a una temperatura agradable.
  • Prepara los materiales necesarios: un recipiente con agua tibia, jabón y champú especial para bebé (opcional), un paño delicado, algodones (redondos o cuadrados), una toalla delicada con capucha, un pañal nuevo y ropa limpia.
  • Antes de comenzar, háblale a tu bebé suavemente y narra cada paso que realizas para tranquilizarlo y prepararlo para su delicioso baño.
  • Desviste a tu bebé sin quitarle el pañal, envuélvelo con la toalla y colócalo sobre una superficie cómoda y segura.
  • Comienza lavando su cabeza: humedece y enjabona su cabello, cuidando de no exponer sus ojos al jabón. Termina secando muy bien su cabecita dando palmaditas muy suaves con la toalla.
  • Lava su cara: toma un pedazo de algodón, sumérgelo en el agua tibia y limpia un ojo, desde el lagrimal hacia fuera. Luego, toma un algodón nuevo y haz lo mismo con el otro ojo. Para el resto de la cara, toma un paño, humedécelo con agua y limpia con cuidado todo su rostro, comenzando con su nariz, boca y mentón y terminando con sus orejas.
  • Cuello y pecho: toma un paño y agua con jabón y limpia toda el área asegurándote de limpiar entre los pliegues donde puede haber residuos de leche.
  • Abdomen: limpia suavemente su abdomen con un paño húmedo enjabonado cuidando no mojar el cordón umbilical. Luego, con un algodón húmedo (sin jabón), limpia el área alrededor del cordón y deja que se seque por completo.
  • Brazos: lava suavemente cada brazo sin olvidar limpiar cada mano con jabón.
  • Espalda: voltea a tu bebé boca abajo, coloca su cabeza hacia un lado para recargar su cachete cómodamente sobre la superficie. Toma el paño y limpia su espalda y los pliegues del cuello.
  • Piernas: extiende sus piernas y límpialas muy bien sin olvidar la piel detrás de sus rodillas. Si tu bebé mueve mucho sus piernas, no te preocupes; sé gentil y continúa hablándole dulcemente durante el proceso.
  • Área del pañal: Toma un pedazo de algodón, humedécelo y limpia el área genital sin utilizar jabón. Si tienes una niña, limpia de adelante hacia atrás toda el área vaginal. En los niños, limpia los pliegues, escroto y pene sin intentar mover el prepucio (piel en la punta del pene). Si tu niño está circuncidado, sigue las instrucciones específicas de tu pediatra.
  • ¡Listo! Tu bebé está limpio. Asegúrate de secarlo por completo, dando pequeñas palmaditas con la toalla hasta quitar toda la humedad de su piel. Al terminar, ponle un pañal nuevo, vístelo y continúen con su rutina.

Recuerda: por lo general los bebés no necesitan un baño diario. Habla con tu pediatra acerca del baño de tu bebé y el uso de jabón y champú.