Miremos hacia adentro y preguntémonos «¿qué desencadena nuestras reacciones?». Los niños despiertan una carga emocional que está enterrada profundamente en nuestro inconsciente. Sin embargo, debemos liberarlos de la presión de solucionar nuestros conflictos internos y centrarnos en criar a nuestros hijos de la mejor manera a través de la crianza consciente.

Pero, ¿qué es la crianza consciente?

La psicóloga Shefali Tsabary usa el término «crianza consciente» para describir un estilo de crianza que se centra en los padres y en cómo la atención plena o mindfulness puede ayudarlos a tomar decisiones sobre la forma en que crían a sus hijos. Este estilo de crianza se basa en la introspección para que los adultos comprendan que las reacciones de sus hijos pueden estar reflejando algo de sus padres.

¿Cómo nos definimos normalmente? ¿Nuestras experiencias definen quiénes somos hoy en día y, de ser así, qué tipo de experiencias? ¿Quién le da sentido a la forma en que percibimos el amor y el afecto? ¿Qué emociones son las que nos paralizan y cómo podemos recuperarnos de estas asociaciones que hemos construido mentalmente?

Estas historias tienden a remontarse a nuestra infancia y nuestras experiencias. Nos aferramos a nuestra infancia hasta la edad adulta y llevamos este peso con nosotros todos los días. Este primer esbozo de personalidad está dentro de nosotros y se convierte en la forma en que nos definimos y percibimos la vida y a los demás.

¿Y si como padres viéramos este rol que tomamos de un modo diferente, renovando la curiosidad, incrementando la conciencia y transformando el compromiso? Porque no hay nada que pueda transmitir la conciencia global tan directamente como la paternidad. Todo lo que le enseñamos a nuestros hijos (cómo cuidar de sí mismos y de los demás, cómo manejar sus emociones y pensar, crear e innovar) se reduce a nuestro estilo de crianza.

¿Qué influye a la crianza?

¡Tenemos que recordar que cada niño es diferente y único! No podemos esperar que nuestros hijos sean conscientes sin serlo nosotros mismos. Por supuesto, nuestra forma de criar no es la única variable a tomar en cuenta. Hay muchos otros factores involucrados en esta influencia temprana. Existe la neurobiología, temperamento, presiones sociales, pobreza, educación e incluso la cultura. Sin embargo, construimos una relación cariñosa con nuestros hijos todos los días.

¿Cuándo tenemos este poder de influencia? Todos los días nuestros hijos buscan consuelo, todas las mañanas se despiertan y vienen corriendo a buscarnos; estos son los momentos sobre los que tenemos poder real. La crianza consciente nos dice que estos momentos y cómo reaccionamos ante ellos terminan impactando la neurobiología y psicología de los pequeños, transformando su capacidad emocional.

Ser padre no es fácil

Nadie nos enseñó a ser padres, y ciertamente no siempre somos conscientes de nuestras reacciones hacia nuestros hijos y por qué ocurren.

Cuando las cosas no salen según lo planeado, nos resistimos y nos perdemos en nuestras luchas mentales, nos desconectamos del presente y nos perdemos en nuestros pensamientos. Como seres humanos, somos profundos y heredamos cargas emocionales de nuestros padres y de generaciones pasadas y estas quedan guardadas en el inconsciente. Estas pueden ser activadas fácilmente y, como padres, a menudo se activan gracias a nuestros hijos. Ellos son perfectamente capaces de hacernos sentir fuera de control. Tienen la capacidad de sacarnos de quicio y, a menudo, sentimos la necesidad de corregirlos. Pueden hacernos sentir impotentes, indefensos —algo que no queremos sentir— y, para recuperar el sentimiento de superioridad, los agredimos con nuestras reacciones. Nos olvidamos de la conexión y sentimos la necesidad de estar a cargo. Reaccionamos con: «¿Por qué no te pareces más a tu hermana?», «¿Por qué no puedes hacer lo que te digo?».

Nuestros niños no necesitan ninguna corrección y ciertamente no son inadecuados o anormales. Pero somos prisioneros de nuestro crítico interior y los juzgamos como criaturas malvadas. ¿Pero lo son? ¿O más bien hay un problema con nuestra coherencia, nuestro liderazgo y cómo manejamos los conflictos cada vez que les decimos que no? Miremos hacia adentro. Necesitamos liberar a nuestros hijos de la carga emocional de solucionar nuestros problemas no resueltos.

La felicidad se encuentra dentro de nosotros

Los niños nacen siendo curiosos, sinceros y dignos. Son felices con un crayón y un libro para colorear. ¿Qué les estamos enseñando inconscientemente todos los días sobre la autoestima y la abundancia? Como padres, nos equivocamos y cambiamos su mirada hacia afuera, enseñándoles a buscar la autoestima en otra parte —en logros, perfección, éxito. ¿Pero qué pasa cuando fallan? Se desmoronan y su sentido de identidad se quiebra porque hemos fijado su sentido del “yo” en lo que creemos que es el “éxito” y la “felicidad”. 

Tenemos que cambiar esta mirada hacia adentro a través de la crianza consciente. Como padres, debemos evolucionar y conocernos plenamente. Entre más nos conozcamos a nosotros mismos más llegarán nuestros hijos a conocerse a sí mismos. Si disfrutamos cada momento, nos reímos de nosotros mismos y vivimos de forma relajada y libre, nuestros hijos también vivirán estos sentimientos y emociones. Necesitamos dejar de vernos como individuos en la cima de la pirámide jerárquica y, en cambio, ver a nuestros hijos como nuestros iguales, ¡o hasta como agentes geniales que llegan a nuestras vidas para enseñarnos y abrir los ojos!

Vivamos en un estado de gratitud, hagamos una pausa y reflexionemos, y conectemos profundamente con estos seres increíbles que llamamos nuestros hijos. Démosle sentido a la forma en que perciben el amor y la alegría, y enseñémosles a vivir y disfrutar el momento dándoles el ejemplo. Nuestros hijos no son versiones idealizadas de nosotros mismos, sino seres únicos. ¡Celebremos su individualidad!

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