Crianza Consciente – ¡Conectando con la abundancia de tu hijo!

Hay que voltear el espejo hacia nosotros y preguntarnos, ¿porqué se desencadenan estas emociones? Los niños podrán provocar que esa carga emocional que duerme en nuestro inconsciente se despierte, pero debemos liberarlos del peso de resolver nuestro conflictos internos.

¿Cómo nos definimos a nosotros mismos? ¿Nuestras experiencias influyen cómo somos hoy? Y, si es así, ¿qué tipo de experiencias? ¿Quién da el significado al modo que percibimos el amor y el afecto? ¿Qué nos paraliza emocionalmente y cómo podemos recuperarnos de estas asociaciones mentales? Estas historias tienden a volver inevitablemente a la infancia y a las experiencias que vivimos en ella. Nos aferramos a las historias de nuestra infancia a lo largo de la vida y cargamos esta huella con nosotros todos los días. Esta huella genética que hemos desarrollado corre impredecible, desenfrenada y caótica dentro de nosotros y se convierte en la forma en la que nos definimos a nosotros mismos y al modo en el que percibimos la vida y a los demás.

¿Qué pasa si como padres vemos este rol que tomamos de un modo diferente, renovando la curiosidad, incrementando la conciencia y transformando el compromiso? Porque no hay nada que pueda transmitir la conciencia global tan directamente como la paternidad. Todo lo que le enseñamos a nuestros hijos, cómo cuidarse a sí mismos y a los demás, y cómo manejar sus emociones y pensar, crear, innovar; todo se reduce a su crianza. No podemos esperar que nuestros hijos tengan esta conciencia sin haber modelado esto nosotros mismos. Por supuesto que la paternidad no es la única variable, hay muchos otros factores que participan en esta influencia temprana: la neurobiología, el temperamento, las presiones sociales, la pobreza, la educación e incluso la cultura. Nosotros no controlamos esos factores, pero sí tenemos el poder absoluto en la relación que forjamos con nuestros hijos. ¿Cuándo tenemos este poder de transformación? Cada día que nuestros hijos buscan afecto, todas las mañanas que se despiertan y corren a buscarnos; estos son los momentos importantes. Estos momentos y cómo reaccionamos ante ellos terminan afectando su emotividad, su psicología y hasta su desarrollo cerebral.

Nadie nos enseñó a ser padres y, ciertamente, no siempre somos conscientes de nuestras reacciones hacia nuestros hijos y porqué pasa eso. Cuando las cosas no salen como las planeamos, nos resistimos y nos perdemos en nuestras luchas mentales y nos desconectamos del presente. Como seres humanos, somos profundos y heredamos cargas emocionales de nuestros padres y de generaciones pasadas y estas quedan guardadas en el inconsciente. Estas pueden ser activadas fácilmente y, como padres, a menudo se activan gracias a nuestros hijos. Ellos son perfectamente capaces de hacernos sentir fuera de control. Tienen el poder de hacernos perder la cordura y muchas veces sentimos la necesidad de componerlos. Pueden hacernos sentir impotentes, indefensos; nos hacen sentir cosas que no queremos sentir y, con el fin de recuperar el sentido de superioridad, los agredimos con nuestras reacciones. Nos desconectamos y sentimos la necesidad de estar a cargo. Reaccionamos con: “¿Porqué no eres como tu hermana?” o “¿Porqué no haces lo que digo?”. Nuestros hijos no necesitan ser compuestos y ciertamente no son inadecuados o anormales, pero somos prisioneros de nuestra crítica interna. Sentimos un vacío cada vez que ellos son irrespetuosos y cruzan el límite. Entonces los juzgamos como criaturas malvadas. ¿Realmente son malos y caóticos? ¿O tenemos un problema con nuestra coherencia, nuestro liderazgo y con cómo manejamos los conflictos? Hay que voltear el espejo hacia nosotros y liberar a nuestros pequeños del peso de componer nuestros conflictos internos.

Los niños vienen a este mundo íntegros, curiosos y dignos. Ellos son felices con un pincel y una hoja. ¿Qué les estamos enseñando inconscientemente todos los días sobre la autoestima y la abundancia? Como padres nos equivocamos y volteamos su mirada hacia afuera, a buscar el autoestima en otro lugar (en los logros, la perfección y el éxito). ¿Qué sucede cuando fallan? Se desmoronan y su sentido de identidad se quiebra porque hemos fijado su sentido del “yo” en lo que creemos que es la idea del “éxito” y la “felicidad”. Tenemos que cambiar esta mirada hacia adentro. Como padres necesitamos evolucionar y conocernos a nosotros mismos para que también se conozcan nuestros hijos. La medida en la que disfrutemos de cada momento, nos riamos de nosotros mismos y vivamos al máximo será la medida en la cual nuestros niños vivan estas emociones. Tenemos que dejar de pensar en nosotros mismos como individuos superiores en la pirámide jerárquica y empezar a ver a nuestros hijos como iguales, ¡o hasta como agentes geniales que vienen a nuestras vidas para enseñarnos y abrir nuestros ojos!

Los invito a vivir en un estado de gratitud, a pausar y reflexionar para conectarnos profundamente con estos seres increíbles que llamamos nuestros hijos. Vamos a darle significado a la forma en la que perciben el amor y la alegría, enseñarles a vivir y disfrutar de cada momento, viviendo de esta manera nosotros mismos. Nuestros hijos no son las versiones idealizadas de nosotros mismos, sino seres únicos. ¡Siempre hay que celebrar su originalidad!

Aprende más acerca de este movimiento: The Conscious Parent

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