Estudios han encontrado que el cerebro de una mujer cambia durante el embarazo. Cada uno de estos cambios tiene un propósito específico. Uno de ellos es la disminución del tamaño del cerebro en un 7%, la cual se puede deber a cambios estructurales o nuevas conexiones entre neuronas. Estudios demuestran que durante el embarazo se activan las áreas que controlan el afecto y se desactivan las involucradas en el juicio. Por lo tanto, las madres son menos propensas a crear juicios negativos de sus hijos.

Muchas mujeres embarazadas se sienten más despistadas durante el embarazo. Sin embargo, estudios demuestran que el cerebro de una mujer que ha tenido un embarazo cambia para bien, ya que la maternidad estimula la inteligencia. Según los expertos, los despistes son más bien, la consecuencia de que ahora la nueva madre presta mayor atención a lo que hace, y por lo tanto, detecta con mayor precisión estos despistes.

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También, los cambios hormonales son evidentes durante el embarazo. El aumento de la hormona progesterona, disminuye la producción de cortisol lo cual ayuda a que el estrés no afecte a la salud del bebé. Además, el aumento de la hormona oxitocina sirve para mantener una relación de confianza y apego con el bebé. Los niveles de oxitocina suelen aumentar durante el parto para disminuir el dolor y durante la lactancia ayuda a brindarle al bebé leche materna.

Por si fuera poco, los sentidos de alerta, como lo son el olfato y la audición, se agudizan durante y después del embarazo. Esto ayuda a que las madres puedan distinguir el llanto de su bebé ente otros o reconocer cuando su bebé está en peligro.

Cada uno de los distintos cambios en el cerebro permiten que la madre pueda criar y cuidar mejor de su hijo. El apego y la conexión emocional entre madre e hijo comienza durante el embarazo y aumenta a medida que el bebé nace y crece.