La experiencia de introducir sólidos será muy emocionante para un niño. Y ya que usamos las mismas partes de la boca para comer y para hablar, ¿por qué no trabajar las dos cosas al mismo tiempo? Molly Dresner nos comparte nuevos consejos para hacer que las comidas sean experiencias conversacionales.

1. Espejito, espejito

¡Tu pequeño aprenderá todas sus conductas alimenticias de ti! Cuando se trata de las comidas, hay que comenzar con el pie derecho. Esta experiencia con los sólidos será nueva, diferente, un poco retadora y muy emocionante, ¡así que lo mejor será crear una atmósfera alegre y tranquila! Tu hijo imitará tus emociones y acciones a la hora de comer; así que asegúrate de sonreír, sentarte cómodamente, reír y mostrarle lo divertido que puede ser el universo de los alimentos. A partir de los 6 meses de edad, comer se vuelve una conducta aprendida, más que un instinto. Nosotros les mostramos a los niños cómo abrir la boca para aceptar la cuchara, cómo cerrar los labios para mantener la comida en la boca, cómo masticar cuando la textura es más densa, etc.

2. ¡Los sonidos ayudan!

Como nuestros hijos nos imitan a la hora de comer, me gusta usar sonidos simples durante estos momentos. Puedes decir “aaa” cuando le muestres cómo abrir la boca para tomar la cuchara, decir “mmm” para que cierre la boca después de un bocado y “ooo” para indicar que algo está rico. Emitir sonidos graciosos es una buena manera de volver la hora de la comida algo divertido, relajado y emocionante. Recuerda, usamos las mismas partes de la boca para comer y para hablar, así que ¿por qué no trabajar las dos cosas a la hora de la cena?

3. Crea una rutina

La forma más sencilla para que un niño aprenda es a través de las rutinas. Con ellas, saben qué esperar y los preparamos para lograr sus actividades con éxito. Trata de ser consistente a la hora de empezar las comidas. Debes designar una silla para comer, usar los mismos biberones y cucharas, etc. ¡A mí incluso me gusta poner la misma música de fondo! Cuando creamos un ambiente y una rutina consistente, nuestros hijos se sienten más preparados, calmados y felices.

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4. Usa un lenguaje alimenticio

Las comidas son excelentes momentos para ampliar el vocabulario y el lenguaje es una increíble herramienta para establecer rutinas; ¡es una situación de ganar-ganar! Hay que usar un lenguaje sencillo, sobre todo cuando introducimos sólidos con los bebés. Lo mejor es usar frases repetitivas, cortas y simples. Incluso puedes usar canciones cortas que señalen el inicio y/o final de la comida. A mí me encanta etiquetar las cosas (por ejemplo: cuchara, plato, bocado, etc.) y usar las mismas frases una y otra vez para describir los que hacemos a la hora de comer (por ejemplo: “estamos listos”, “abre grande”, “ricas manzanas”, “pancita llena”, “ya terminamos”, etc.).

5. Hazlo interesante

¡La mejor manera de crear nuevo material para hablar es hacer que las comidas sean experiencias interesantes! Deja que tu hijo pruebe frutas y verduras, sabores dulces, ácidos o amargos, alimentos de distintos colores, entre otros. De ese modo tendrán mucho de qué hablar. También hay que asegurarnos de que avanzamos al mismo ritmo que la capacidad de nuestro hijo. Primero con purés cada vez más espesos, después con algo que tenga algunos trocitos de comida, luego con alimentos que se pueden comer con las manos, y así sucesivamente hasta explorar todas las texturas.


Molly Dresner es una patóloga y terapeuta del lenguaje que reside en Nueva York.

Recientemente, publicó su libro The Speech Teacher’s Handbook (Manual para enseñar a hablar), una interesante guía para padres que incluye consejos prácticos y sencillos, y actividades que ayudan a los padres a ayudar a sus pequeños.

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