Como todos sabemos, la crianza nunca ha sido una tarea fácil. En ocasiones, los padres sienten la necesidad de enfadarse con sus hijos para que aprendan a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Además, hoy en día muchos padres están tan preocupados por hacer lo mejor para sus hijos que se olvidan de lo más importante: ayudarles a controlar y manejar sus emociones para poder llegar a ser felices. Los padres que constantemente se enojan y que reaccionan exageradamente ante diversas situaciones no ayudan a sus hijos en lo absoluto.

De acuerdo con la teoría de aprendizaje social de Bandura, los niños observan cómo se comportan otros individuos, incluyendo a sus padres, para imitar más tarde esos comportamientos. Tan pronto como un bebé nace, éste comienza a descifrar su ambiente social. Científicos han encontrado que los bebés tienden a comportarse mal y se molestan más de lo normal cuando tienen padres que reaccionan exageradamente y se enojan constantemente.

En un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Oregón se recogieron datos de 361 familias vinculadas a la adopción. Los bebés de estas familias fueron estudiados y observados entre los 9 y 27 meses de edad. Descubrieron que los padres adoptivos que reaccionaban exageradamente cuando sus hijos cometían algunos errores, afectaban negativamente el comportamiento y las emociones de sus hijos. Por ejemplo, los hijos de estos padres se enojaban mucho más en comparación con otros bebés de 2 años de edad.

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Como ya sabemos, la transición a la infancia puede ser realmente desafiante y esto tiene un gran impacto en el futuro desarrollo de un niño. Los pequeños tienden a mostrar emociones negativas y problemas de conducta, pero los padres pueden influir positivamente en ellos al no reaccionar exageradamente o enojarse con facilidad. Recuerda, los pequeños también son seres humanos que cometen errores. Por lo tanto, la próxima vez que tu hijo tire su plato de sopa al suelo por accidente, piensa antes de reaccionar y enojarte con él.

 

Para aprender más sobre el tema, consulta:

Lipscomb, S.T., Leve, L.D., Shaw, et al. (2012) ‘Negative emotionality and externalizing problems in toddlerhood: Overreactive parenting as a moderator of genetic influences’, Development and Psychopathology, 24(1), pp. 167–179. doi: 10.1017/S0954579411000757.