«Ya una vez que tu bebé haya dominado sus habilidades de alcance, da el primer paso a explorar el mundo físico.» 

El tiempo que le toma a tu bebé adquirir sus logros psicomotores tiene poco que ver con su cociente intelectual o su desarrollo cognitivo, siempre y cuando esté dentro de un rango normal. Las habilidades psicomotoras implican mucho más que solo el movimiento, estas habilidades dan pie a comprender el entorno social y físico. Una vez que un bebé logra sus habilidades psicomotoras, su experiencia es mas amplia y su manera de percibir el mundo mejora drásticamente. El adquirir estas habilidades viene de la mano con sentir cierta independencia, alimenta el autoestima, ayuda a fortalecer los músculos y mejora la coordinación de los circuitos neuronales.

¿Qué motiva estos acontecimientos? Se cree que esto proviene del puro desarrollo biológico del bebé, pero parece ser que la crianza también tiene el rol de reforzarlo. Es una combinación de una secuencia programada de la maduración neural y la consistencia de ejercitar los movimientos diariamente. La maduración neuromuscular y su ritmo determina la progresión. Si todavía no llega a su maduración, la práctica no influye en el desarrollo. La corteza motora es una de las primeras áreas en el cerebro que demuestran actividad eléctrica, pero toma tiempo para que madure completamente.

Ya una vez que tu bebe haya dominado sus habilidades de alcance, toma el primer paso en la exploración del mundo físico. El logro de alcanzar ocurre antes del nacimiento, pero esto es solamente un reflejo y termina a los 2 meses. Los bebés entran en esta fase, llamada la extensión fija, que implica una extensión del brazo, pero sus puños permanecen cerrados. Normalmente, el bebe logra el indicador de alcanzar alrededor del cuarto y sexto mes, con movimientos más suaves, precisos y controlados. ¿Cómo se domina esta habilidad? Hay una mezcla entre las fibras corticoespinales que inervan los brazos y los músculos, las áreas corticales motoras que inervan la mano, la mielinización de las fibras y la visión que nos permite lograr llegar al objetivo con más precisión. La planeación límbica y motora juegan un rol en este logro también, es aquí donde la experiencia toma parte del proceso.

El indicador de caminar también tiene un impacto en la cognición del bebé. Él logrará experimentar un desarrollo cognitivo y social una vez que domine esta habilidad. Sin embargo, necesita haber desarrollado la estabilidad y fuerza. El acto de caminar implica los generadores centrales de patrones (GCP) que desencadenan la actividad muscular rítmica. Los GCP maduran temprano e influyen el reflejo de la marcha. Este reflejo se da cuando el bebé trata de dar unos pasos cuando se le sostiene de forma vertical con los pies tocando una superficie plana. Sin embargo, el acto de caminar requiere una maduración completa del sistema nervioso. Las áreas del cerebro que controlan los movimientos de las piernas son esenciales, igualmente los sistemas sensoriales y motores que están implícitos en el equilibrio y la postura. El cuerpo del bebé también crece para ser más proporcional, lo cual facilita un mejor equilibrio. La práctica de caminar es esencial porque, a pesar de que la medula espinal y CPG producen el patrón de caminar, la corteza decide cuándo hacerlo, por lo que se ajustan los GCP para coincidir con el medio ambiente que el bebé esté intentando navegar. Después de que el bebé logra dominar este indicador, los pasos estabilizan el tracto corticoespinal y otras vías en el cerebro que son necesarias para poder caminar de manera más natural, tal como los adultos. ¡La práctica acelera este proceso! Los estudios demuestran que los pequeños que ejercen este indicador tienden a dominarlo antes que los que no lo practican. La práctica fortalece los músculos del bebé y activa las vías nerviosas.

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Por lo tanto, el desarrollo psicomotor es una mezcla entre la crianza y la naturaleza. El desarrollo natural del bebé marca el límite de cuando estas habilidades pueden iniciar su ejercicio. Una vez que el sistema nervioso está listo, la práctica fortalece estos circuitos, resultando en movimientos exitosos y refinados.

 

Fuente:

Eliot, L. (1999). What’s going on in there? How the brain and mind develop in the first five years of life, 237-239.