Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) engloban una amplia gama de síntomas, habilidades y niveles de discapacidad que puede padecer algún individuo. Caen dentro de la categoría de trastornos del desarrollo y son provocados por diferencias en el funcionamiento del cerebro. Este espectro se caracteriza por la carencia en habilidades de comunicación y de socialización, al igual que el mostrar conductas repetitivas y estereotipadas. Las personas que lo padecen se comunican, comportan y aprenden de forma diferente. Este trastorno se desarrolla desde una edad temprana.

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La información que comparten los medios de comunicación acerca de la relación entre las vacunas y la condición de autismo ha creado mucho temor entre los padres de familia. Existen muchas opiniones, no obstante lo importante es saber si están realmente sustentadas con la ciencia, la cual ha establecido que no hay relación entre ambas. En las últimas dos décadas, una amplia gama de estudios realizados en diversos países ha concluido que no existe asociación alguna entre las vacunas y el autismo; por lo tanto, ¡no hay que tenerle miedo a las vacunas!

En 2013, los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) realizaron diferentes estudios en los cuales se comprobó que los ingredientes que las vacunas contienen no causan autismo. La revista Pediatrics también ha realizado estudios donde no se encontró relación alguna entre los efectos de las vacunas y el riesgo de desarrollar ETA. Muchas más revistas alrededor del mundo han estudiado esto mismo. La evidencia lograda lo confirma y la comunidad científica concuerda con el hecho de que las vacunas no causan autismo.