«Su visión se convertirá en su percepción y esto determinará lo que aprenda del mundo a su alrededor.»

La visión ocupa el 30% de nuestra corteza cerebral, algo impresionante si se le compara con el 8% dedicado al tacto y el 3%, ala audición. Cada uno de los dos nervios ópticos que transportan información desde la retina hasta el cerebro está compuesto de millones de fibras. La visión es uno de los aspectos más sofisticados del desarrollo humano. Su desarrollo se produce tan rápidamente que domina la experiencia sensorial humana. Además es un proceso crucial y se convierte en el lente a través del cual los bebés perciben y aprenden sobre las diversas propiedades del mundo.

En primer lugar, ¿cómo se produce este fenómeno? Los bebés comienzan con una experiencia visual limitada, pero este desarrollo ocurre en dos fases. La primera fase de este desarrollo es trabajo del cerebro, el cual establece un esquema de conexiones que aún no están refinadas. Grandes grupos de neuronas utilizan una serie de señales de moléculas programadas para guiar a los axones cerebrales a lugares cercanos. La segunda fase, sin embargo, es guiada por la experiencia. La estimulación visual del bebé genera actividad eléctrica. Los axones vecinos compiten por el espacio aún no refinado del cerebro y se produce el proceso de poda sináptica. Este proceso consiste en la eliminación de conexiones sinápticas en las neuronas que no son utilizadas. Dependiendo del tiempo y el nivel de actividad eléctrica, los axones pierden sus sinapsis o se enlazan con objetivos precisos. Este proceso de adaptación o de “poda sináptica” rescata las conexiones más «aptas» o activas que completan este viaje y que son capaces de  refinar exitosamente el mapa visual y hacerlo más preciso.

¿Hay un período crítico para el desarrollo visual? La visión es muy maleable, especialmente durante los primeros dos años de vida. El cerebro necesita estimulación para organizarse correctamente durante este período de poda sináptica y cuando se produce esta etapa de refinamiento. Una vez que esto ha terminado, la corteza cerebral no puede reconfigurarse drásticamente, independientemente de la estimulación que sea aplicada después. La habilidad visual comienza cuando las sinapsis ya están formadas en su circuito. Después, puede ser modificada por la experiencia solo si las sinapsis se han sometido a la fase de refinamiento.

Sin embargo, dado que las diferentes partes del sistema visual se refinan en diferentes momentos, este período de sensibilidad visual difiere de una persona a otra. La visión es muy maleable hasta los dos años, y declina hasta alcanzar los 8 y 9 años de edad.

¿Existe una conexión entre las experiencias visuales a temprana edad y las preferencias visuales a lo largo de la vida? Parece ser que el entorno puede afectar el nivel de agudeza visual hacia ciertos objetos. La mayoría de nosotros crecimos en ambientes estructurados, rodeados de casas y edificios rectangulares, por lo tanto tenemos un poco mejor desarrollada la agudeza de las orientaciones horizontales y verticales, y menos las orientaciones diagonales. Por otro lado, se ha estudiado el caso de los indígenas canadienses que han crecido en casas tradicionales en forma de tipi. Ellos tienen una mejor agudeza para ángulos oblicuos a comparación de los que hemos sido criados en ambientes estructurados. Así que sí existe una conexión entre estos dos.

En conclusión, la experiencia visual de la primera infancia tiene un impacto en la percepción visual y en los circuitos conectados del cerebro. ¿Podría esta sutil diferencia influir en que tu hijo se convierta en un artista o un jugador de fútbol? ¡Podría ser!


Eliot, L. (1999). What’s going on in there. How the brain and mind develop in the first five years of life, 237-239.

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