Los primeros 3 años de vida son un período de notable transformación en el desarrollo de un niño. Durante este tiempo, los bebés pasan de ser recién nacidos dependientes a niños pequeños capaces de explorar su entorno por sí mismos y expresar con palabras sus deseos y necesidades. Y todo esto se fomenta a través de la crianza sensible.

Durante estos primeros años, se establece la base de la arquitectura cerebral de un niño. Las experiencias tempranas, especialmente la relación entre padres e hijos, impactan el desarrollo de la arquitectura del cerebro de los pequeños, sentando las bases para su aprendizaje, comportamiento y salud futuros.

Como lo explica el Centro de Desarrollo Infantil (Center of the Developing Child) de la Universidad de Harvard, “los bebés buscan interactuar instintivamente a través del balbuceo, las expresiones faciales y los gestos; y los adultos responden con el mismo tipo de vocalizaciones y gestos hacia ellos. Este proceso de servir y devolver es fundamental para crear conexiones en el cerebro, especialmente durante los primeros años”.

Esto significa que la arquitectura cerebral depende de la relación del bebé con los adultos que lo cuidan. Si las respuestas del adulto son inapropiadas o poco fiables, el desarrollo de la arquitectura cerebral del bebé puede verse afectado.

Pero, ¿hasta qué punto tus interacciones podrían afectar el desarrollo de tu bebé?

Investigadores de la Universidad de Minnesota, la Universidad de Delaware y la Universidad de Illinois se preguntaron lo mismo y decidieron colaborar en un estudio para ver si la crianza sensible (más específicamente, la sensibilidad materna) durante los primeros tres años de vida podría afectar el tipo de adulto en que se convertiría un niño.

Los investigadores siguieron a 243 participantes desde el momento en que nacieron hasta los 32 años, haciendo un seguimiento de su educación, empleos, matrimonio y otros indicadores de éxito. Este estudio longitudinal descubrió que hubo un factor importante en la vida temprana de los participantes que tuvo un impacto duradero.

Los resultados mostraron que el factor de mayor influencia en la obtención de logros académicos y competencia social, incluso después de treinta años, fue la crianza sensible. Los niños que recibieron cuidados atentos y sensibles también obtuvieron puntajes más altos en las pruebas académicas durante su adolescencia y, como adultos, alcanzaron niveles más altos de educación. Tuvieron mayores tasas de éxito en sus relaciones personales (relaciones más comprometidas, leales e íntimas) en comparación con el grupo que no recibió la misma atención en sus primeros años. Por lo tanto, los investigadores concluyeron que las experiencias tempranas con los cuidadores primarios dejan una marca en la capacidad de adaptación social y académica de una persona en la edad adulta.

Pero, ¿qué implica exactamente la crianza sensible?

Según los investigadores, la crianza sensible es «la medida en que un padre responde a las señales de un niño de manera adecuada y rápida, participa positivamente durante las interacciones con su hijo y proporciona un ambiente seguro para la exploración del entorno del pequeño». En otras palabras, es la capacidad de los padres para leer las señales de su bebé y responder adecuadamente a ellas. Es la capacidad de distinguir si un bebé tiene hambre, está enfermo o necesita un cambio de pañal, y atender sus necesidades de manera adecuada y amorosa.

Como podemos ver en el estudio, la crianza sensible temprana puede resultar en beneficios a largo plazo que se suman a lo largo de la vida de un niño. En estas interacciones, tanto el padre como el niño son socios activos en el intercambio de «servir y devolver»

Recuerda continuar cuidando a tu pequeño y ser consciente de sus necesidades a lo largo del tiempo. Las interacciones positivas que tengas con tu hijo le proporcionarán un entorno seguro, reconfortante y predecible, ¡formando la base de una relación recíproca y enriquecedora!

desarrollo de tu bebe