“El cuarto trimestre, parte 1: La transición a la vida fuera del útero “

Al igual que tú, tu bebita necesitará tiempo para acostumbrarse a la vida fuera del vientre. Algunos pediatras pioneros tienen un par de consejos que te abrirán los ojos y que le facilitarán a tu pequeña esta transición.

¿Alguna vez te has preguntando por qué la mayoría de las crías de mamíferos nacen de pie y pueden caminar junto a sus madres unas horas después de haber nacido, mientras que un bebé humano nace sin ser capaz de sobrevivir solo fuera del vientre materno? La respuesta a esa paradoja recae en el cerebro altamente desarrollado que caracteriza a nuestra especie. Un bebé más independiente necesitaría de más tiempo para desarrollar su sistema nervioso y eso resultaría en una cabeza más grande, haciendo imposible el parto. Aunque los bebés humanos llegan a término a las 37 semanas, a nivel de desarrollo siguen siendo prematuros y necesitan de un cuidador para poder sobrevivir. Es por eso que, por razones prácticas, la evolución se ha fiado de nuestra naturaleza social para ayudar al bebé a prosperar.

Basado en estas implicaciones, el profesor de pediatría de la UCLA, el Dr. Harvey Karp, propuso el término «cuarto trimestre» para describir ese periodo de rápido crecimiento y adaptación por el que pasan la madre y el bebé después del nacimiento. Esto se debe a que, desde el momento en que nacen, los bebés comienzan a absorber nueva información, a interactuar a base de prueba y error, a practicar nuevas conductas y a conectar con lo que los rodea de un modo rápido y complejo y seguirán haciendo por el resto de sus vidas.

Te asombrará lo rápido que tu hija abre los ojos al mundo, comienza a descubrir su cuerpo o a balbucear, ¡y es ahí donde entra mamá! Tu bebita dependerá de ti y de tu sistema de apoyo para adaptarse al mundo real, después de todo, lo único que ha conocido hasta ahora ha sido la vida dentro del vientre. Ahí vivía en las siguientes condiciones: la temperatura se mantenía siempre a 37° centígrados, tu bebita estaba rodeada por tejidos suaves, estaba en contacto permanente contigo, y tus latidos y movimientos diarios la tranquilizaban. El útero también era muy gentil con sus sentidos: no hay luces brillantes o parpadeantes, no hay olores en ese ambiente acuático, y tu hija nunca ha experimentado el hambre, la soledad o el tener que acostarse sobre su espalda para dormir. Así que, es comprensible que un recién nacido no pueda conciliar el sueño si no está en brazos de su madre.

Un grupo de investigadores de la infancia temprana de la Universidad del Sur de Florida recomiendan a los padres que tomen en cuenta este periodo de adaptación después del nacimiento. Empatizar con tu recién nacida y su abrupto encuentro con el mundo los ayudará a sintonizar mejor con sus necesidades. El Dr. Karp sugiere que vivan los primeros tres meses después del embarazo como si su hija siguiera dentro del vientre de la madre. Fomenten el contacto de piel con piel, abrácenla en posiciones fetales, aliméntenla cuando lo pida, dejen que chupe algo para calmarse, arrúllenla con movimientos o sonidos rítmicos, y pasen todo el tiempo posible llevándola con ustedes a todas partes.

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