Uno de los consejos más comunes que reciben las futuras mamás es que el estrés es malo para ellas y para el bebé. Pero ¿cuál es la relación que existe entre el estrés que experimentas y el desarrollo de tu pequeño? ¿Y cuánto estrés es mucho estrés? ¿Deberías estar preocupada por eso? ¡Espera! ¿Preocuparse no es fuente de estrés? En este artículo te explicaremos la ciencia detrás de todo esto y los efectos que tiene sobre tu hijo.

Para entender los efectos del estrés en el cuerpo primero tenemos que hablar sobre el cortisol. El cortisol es un esteroide hormonal muy importante que produce el cuerpo para iniciar algunas funciones metabólicas. Interactúa con el sistema inmune, ayuda a recordar eventos importantes y regula el reloj biológico. Te ayuda a despertar por las mañanas y a mantenerte activa y alerta durante el día. También es en parte responsable del exceso de energía que sientes al estar ansiosa o de la reacción automática del cuerpo cuando te encuentras en peligro. El cortisol es la clave de nuestra respuesta de pelea o huida en situaciones extremas. No podríamos ir por la vida sin esos picos de energía durante el día, y en el embarazo permite el desarrollo y crecimiento de los pulmones del bebé.

A pesar de sus beneficios, una dosis excesiva de cortisol es venenosa. Cuando los niveles de cortisol permanecen muy altos, el cuerpo sabe que has estado estresada por mucho tiempo y eso puede llevar a problemas de insulina, insomnio, presión alta, defensas bajas y fatiga, entre otros efectos negativos que alteran el desarrollo del feto. Instituciones muy prestigiosas como la UCLA han estudiado por más de dos décadas la relación que existe entre el cortisol elevado de las madres y los niveles de cortisol del bebé porque el esteroide viaja a través de la sangre y entra a la placenta.

Sin embargo, es importante saber que el haberte estresado un par de días por alguna situación personal no te provocará altos niveles de cortisol. Este solo es un problema para ti y tu bebé cuando estás estresada por largos periodos de tiempo, ya sea varias semanas o meses. Eso sucede, por ejemplo, cuando estás preocupada por algún problema familiar, si tienes dificultades económicas o profesionales, por la pérdida de un ser querido, por un desastre natural o por alguna otra situación difícil. Si ese es tu caso, habla con tu doctor para que te envíe con un psicólogo o terapeuta.

La moraleja de todo esto es que no debes preocuparte de que el estrés normal de la vida diaria vaya a afectar el desarrollo de tu bebé y te provoque un parto prematuro. Recuerda que lo mejor que puedes hacer es controlar tu estrés y mantenerlo a raya. Consulta nuestro catálogo de actividades y encuentra ideas prácticas para desestresarte y relajarte.

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