El equilibrio es la capacidad de mantener una posición física controlada durante momentos de reposo o actividades dinámicas. Si bien esta habilidad necesita de hitos del desarrollo que se adquieren desde el nacimiento hasta los cinco años, muchos niños dominan las habilidades de equilibrio antes de entrar a preescolar. ¡Mantener el equilibrio no es nada fácil! La Academia Americana de Pediatría establece que este requiere de la combinación e integración de tres sistemas corporales diferentes. En este artículo te explicaremos brevemente cada uno de ellos y cómo contribuyen al desarrollo del equilibrio de tu hijo.

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  • Todos nacemos con un sistema vestibular que es la base y bosquejo de las habilidades de equilibrio. Es un sistema muy complejo formado por órganos diminutos localizados dentro del oído. Es por eso que cuando te da una infección de oído o laberintitis sufres de mareos y de pérdida del equilibrio.
  • La vista es muy útil para desarrollar el equilibrio porque, durante la infancia temprana, tu hijo comienza a aventurarse y a explorar el mundo sobre sus dos pies.
  • El sistema propioceptivo se refiere a la capacidad de nuestro cerebro de sentir cómo y dónde estamos posicionados en un espacio, tanto como un todo como cada parte de nuestro cuerpo. Por eso, cuando cierras los ojos, sabes exactamente dónde están tus pies. Se basa en el tacto, la memoria y la percepción, depende de los músculos y articulaciones, y tarda más en madurar que los primeros dos sistemas.

Las actividades que ayuden a desarrollar los sentidos y que fortalezcan los músculos también contribuirán al desarrollo del equilibrio. Algunas ideas para ejercitarlo son: lanzar y atrapar una pelota, subir las escaleras de un tobogán y bajar deslizándose, caminar en cuatro patas como los animales, saltar, etc. También puedes mejorar la coordinación motriz y visual dibujando o haciendo manualidades con tu hijo.