Un nuevo estudio sugiere que la experiencia visual de un bebé puede ser clave para el aprendizaje de sus primeras palabras.

Después de un año de observar y balbucear, los bebés eventualmente comienzan a decir sus primeras palabras. Millones de padres saben esto, pero ahora los investigadores de la Universidad de Indiana y el Instituto Georgia de Tecnología han descubierto un aspecto importante en las primeras palabras de un bebé: estas están fuertemente ligadas a su experiencia visual.

Basándose en las teorías del aprendizaje estadístico, los investigadores descubrieron que el número de veces que un objeto entra en el campo de visión del bebé favorece la asociación de ciertas palabras con este objeto. La memoria visual es la clave para que las palabras se asocien con los objetos respectivos. Todos esos objetos visuales familiares, como el tenedor o chupón, funcionan como una experiencia colectiva, las primeras palabras se aprenden lentamente observando pocos objetos visualmente penetrantes.

Linda Smith, profesora de ciencias psicológicas y del cerebro, y sus colegas se metieron en la mente de un bebé para entender esto. La gente asume que los bebés ven las mismas cosas que sus padres. Después de todo, viven en la misma casa y andan en los mismos coches. Sin embargo, resulta que los bebés no son buenos controlando sus cuerpos y no están interesados ​​en mirar las mismas cosas que los adultos. A medida que los bebés se desarrollan, su mundo visual cambia. Un bebé de 3 meses y uno de 1 año tienen experiencias visuales totalmente distintas. Los investigadores estaban interesados ​​en hacerse una idea de los mundos visuales de los bebés que están a punto de decir sus primeras palabras. Se analizaron los objetos a la vista de las imágenes de video capturadas por niños de 8 a 10 meses de edad en 247 eventos de comida en el hogar. ¿Por qué eventos durante la comida? Porque son actividades que se realizan continuamente y constituyen un gran porcentaje de la experiencia visual diaria de un bebé. Los resultados mostraron que existe una fuerte correlación entre los objetos que los niños veían con mayor frecuencia, sus primeras palabras, y las palabras que más aparecían en las imágenes recolectadas por el estudio. Este estudio sugiere que la experiencia visual es un factor clave en el aprendizaje del lenguaje.

Este nuevo descubrimiento puede cambiar la base de las nuevas teorías de la adquisición del lenguaje e incluso cómo se trata a los niños con déficit de lenguaje y autismo. La investigación ya ha demostrado que para los 2 años de edad, los niños pequeños pueden utilizar las señales sociales y la competencia para saber qué palabras y qué objetos van juntos. A esa edad, los niños pequeños ya son buenos para agrupar las cosas en categorías. Si saben que en casa un tenedor se llama y se ve de cierta manera, sabrán que un tenedor diferente en un restaurante también se llamará igual, incluso si no son exactamente iguales. Estas habilidades, sin embargo, se desarrollan con el tiempo.

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Para aprender una palabra, puede importar más ver el objeto constantemente que apuntar a un objeto y decir la palabra en voz alta con la esperanza de enseñarle a tu hijo dicha palabra. Esto podría tener fuertes implicaciones en cómo los niños con habla retrasada y otros trastornos son tratados: a través de imágenes en lugar de cualquier otro método. Además, si un niño batalla para aprender vocabulario nuevo, podría tener problemas de procesamiento visual o podría vivir en algún lugar donde no ve los mismos objetos constantemente. Es posible que las diferencias visuales puedan influir en la rapidez con la que los niños comienzan a decir palabras. Un pequeño que vive en un entorno inestable donde su mundo visual cambia constantemente puede batallar más en asociar objetos y palabras. Existen varios estudios sobre el desarrollo del lenguaje, pero estos no se han centrado en cómo los bebés aprenden las primeras palabras; los elementos visuales se han pasado por alto.

«Tomando en cuenta lo visual, esto puede traer una nueva dimensión del aprendizaje de palabras», menciona Smith. «Si la preocupación de las mamás está enfocada en el lado lingüístico del aprendizaje de palabras, pueden estar enfocadas en solo la mitad del problema: las señales visuales ayudan al aprendizaje de idiomas».

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