El omega 3 se encuentra en los mariscos y en las algas. Se le llama ácido graso esencial porque el cuerpo no puede sintetizarlo y, por lo tanto, tiene que consumirse en la dieta alimenticia.

Las grasas omega 3 son muy importante durante el embarazo porque ayudan al buen desarrollo del cerebro y la retina del feto. Varios estudios demuestran que este ácido graso también es determinante para que la gestación llegue a buen fin y previene la depresión prenatal. Si se consume la cantidad adecuada de grasas omega 3 durante el embarazo, el feto recibe una dosis saludable de nutrientes y mejora las condiciones de gestación.

Para que el bebé reciba la cantidad adecuada de omega 3, los doctores recomiendan que las mujeres embarazadas ingieran por lo menos 200 mg de DHA (un componente esencial de este ácido graso) diariamente. Esto se logra comiendo mariscos una o dos veces por semana. Aunque los mariscos pueden contener pequeñas cantidades de mercurio orgánico o algunas toxinas, el consumo recomendado no tendrá efectos nocivos para el feto.

Desafortunadamente, algunas mujeres no tienen la posibilidad de comer mariscos tan seguido. Es por eso que existen fuentes alternativas de DHA. Hay suplementos para veganos o las cápsulas de aceite de pescado que proveen entre 150 y 1200 mg de DHA por día. Muchas vitaminas prenatales también contienen alrededor de 200 o 300 g de DHA, suficiente para cubrir la ingesta semanal. Pregúntale a tu doctor sobre estas vitaminas y no le tengas miedo a comer mariscos una o dos veces por semana. Solo asegúrate de que sean frescos y estén bien cocidos.

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