¡Compartir es querer!

No saber compartir las cosas es parte del desarrollo emocional de todo niño. De hecho, la palabra «mío» es una de las primeras cosas que dicen los bebés. Durante el segundo o tercer año de tu hijo, éste comenzará a comprender la diferencia entre el yo y el otro, y por eso notarás que dice cosas como «¡Eso es mío!» o «Puedo solo». Esto se relaciona directamente con el desarrollo de su autoconocimiento e identidad. Así que, ¡no te preocupes!, existen muchas maneras de ayudar a tu pequeño a entender el concepto de compartir. ¡Sigue leyendo para aprender más sobre el tema!

 

¿Compartir es querer?

Compartir es una habilidad fundamental; es la razón por la cual tenemos amigos y podemos jugar o trabajar con los demás. Esta acción nos enseña los conceptos de acuerdo mutuo, justicia y, sobre todo, gratitud. «Gracias por prestarme tu cochecito. ¿Quieres jugar con mi oso de peluche?». Compartir les enseña a los niños que la gratitud es recíproca. Si uno ofrece algo a los demás, estos harán lo mismo por nosotros. ¡La gratitud es la mejor filosofía de vida! Compartir también nos enseña a negociar y a manejar la decepción, dos habilidades esenciales para la vida.

Un poco de contexto

Desde que nace, tu bebé comienza a construir las bases de la compasión. Cuando escucha llorar a otro niño o siente el estrés de la gente que lo rodea, se angustia. Aunque no lo pueda expresar con palabras, siente lo que está sintiendo la otra persona. Por lo tanto, tu hijo percibe y experimenta la compasión y otros precursores de la empatía desde que es muy pequeño. Sin embargo, no es sino hasta los 18 meses que se hace consciente de que los sentimientos de los demás pueden ser diferentes a los suyos. Compartir implica empatía y, aunque no la vaya a experimentar realmente sino hasta los seis años, tu bebé desarrolla y da muestras de esto desde muy corta edad.

Formando lazos afectivos

Tu bebé se apegará o encariñará con distintos objetos y personas. Es por eso que le costará mucho trabajo compartir su oso de peluche favorito e incluso cosas que no le gustan tanto. Varios estudios demuestran que los niños que se criaron con lazos afectivos fuertes con sus padres durante los primeros dos años de vida son más dados a compartir cuando crecen. ¿Por qué sucede esto? Porque si tienes una relación estable y fuerte con tu hijo, éste entiende que cuenta con el apoyo físico y emocional de sus padres. Esto lo hace más propenso a simpatizar con los demás y a ofrecerles ayuda. A su vez, lo vuelve menos posesivo con las cosas materiales.

El que anda con lobos a aullar se enseña

Desde muy pequeños, los niños perciben e interiorizan lo que hacen sus padres y otros miembros de la familia. Si un bebé es criado con un modelo de generosidad es muy probable que repita esa dinámica cuando trate con otras personas. Si tu hijo ve que compartes y eres cariñosa con otros, imitará tu conducta con las personas que lo rodean.

Enfócate en lo positivo, no en lo negativo

Los bebés suelen «intentar de compartir», es decir, le muestran algo a una persona y le dejan usarlo, pero no sueltan el objeto en cuestión. Esto es el primer gran paso para adquirir la habilidad de compartir. Aplaude la acción de tu bebé diciendo cosas como «Qué amable eres. Gracias por enseñarle tu cochecito a la tía Lily». Es preferible reforzar la conducta positivamente y ser generosa con tu bebé, a regañarlo o quitarle las cosas. Si tu pequeño no quiere compartir algo, no lo castigues; es normal que actúe de esa manera porque apenas está aprendiendo. Mejor, halaga y festeja sus esfuerzos y, poco a poco, verás cómo el refuerzo positivo lo motivará a repetir las acciones que hacen felices a los demás. Dentro de poco, compartir se volverá algo natural para él.

¿Qué puedes hacer para introducir y practicar la acción de compartir?

  • Sé cariñosa con tu hijo y con tu familia: expresar afecto es una forma de demostrar que la otra persona te importa.
  • Practiquen juegos donde se deba compartir: pasen y cedan turnos, préstense cosas, intercambien juguetes, etc.
  • Comparte con tu pareja y con tu hijo todos los días: «Hice palomitas, ¿quieres?» o «Te guardamos un lugar, siéntate con nosotros».
  • Dale algunos juguetes y pídele que los reparta y comparta con las personas que están en la habitación. «Dale uno a papá y otro a mamá». Luego, tú repite el ejercicio.
  • Hagan juegos de roles con títeres o muñecos: esta es una forma efectiva de explorar los sentimientos de los demás.
  • Fomenta la comunicación y reconozcan las emociones: pregúntale a tu pareja y a tu hijo cómo se sienten. También puedes mostrarle los sentimientos que experimentan los demás con comentarios como «Mira a esa niña en los columpios. Se ve muy feliz».
  • Jueguen juegos que tengan pocas reglas y donde no haya un solo ganador.
  • Compartan todos los días: «¿Quieres un plátano? Toma la mitad y yo la otra».

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