Según el famoso libro Fundamental Motor Patterns (Patrones motrices fundamentales), escrito por Ralph Wickstrom, saltar es una habilidad fundamental de la motricidad gruesa que implica transferir el peso de uno o dos pies o ambos pies con un momento intermedio de «vuelo». La acción de saltar se divide en tres etapas separadas e interdependientes: despegue, vuelo y aterrizaje. Como padres de una niña de preescolar, es normal que te preocupe más un buen aterrizaje que los dos pasos previos.

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Pronto, tu enérgica pequeña comenzará a participar en deportes, juegos y actividades que requieren tanto de saltos horizontales como verticales. Además de ser una habilidad muy práctica para su vida cotidiana, esta también fomentará muchísimos otros procesos de desarrollo entre los que están la coordinación visual y espacial, la atención, la memoria corporal, el equilibrio y hasta la confianza en sí misma.

Muy probablemente, a los dos años tu hija ya haya descubierto varias formas de saltar, sobre todo hacia adelante. Durante sus experimentos, sus movimientos no parecerán muy coordinados: aún no usará los brazos, no flexionará bien las rodillas antes de saltar, etc. Cuando cumpla 36 meses de edad, verás que sus saltos serán más complejos. Ya usará todo su cuerpo para realizar el movimiento necesario para saltar horizontal o verticalmente. Por ejemplo, antes de saltar ganará impulso con los brazos, o cuando esté en el aire los usará para mantener el equilibrio. Muchos niños, al cumplir 48 meses, desarrollan suficiente fuerza y control muscular para saltar correctamente, subir y bajar pequeños escalones de un salto, saltar sobre un pie durante un par de segundos, saltar y aterrizar con ambos pies, o hasta saltar hacia atrás.