La influencia de la atención y las interacciones en el desarrollo del lenguaje

Si le preguntas a cualquier psicólogo qué fue lo primero que aprendió en la carrera, sin duda, responderá que el debate entre genética y ambiente. Ya sabemos que el ambiente y el contexto en el que crece un niño juega un rol importante en su desarrollo. Hoy exploraremos el impacto que tiene en la adquisición del lenguaje.

En este artículo, por ambiente entendemos específicamente las habilidades de atención (la habilidad de tu bebé para poner atención a un estímulo) y la calidad del input que recibe (la complejidad y variedad de interacciones).

 Para comprender el papel que juegan las habilidades de atención, primero debemos ver cómo evoluciona de la interacción entre madre e hijo durante el primer año de vida (papás, esto también los incluye). Durante los primeros cinco meses, las interacciones son diádicas, es decir cara a cara y uno a uno (solo participan dos elementos). Conforme tu bebé crece, estas interacciones se vuelven triádicas al incluir objetos (se introducen los juguetes). Esto significa que los juguetes se vuelven el nuevo objeto de atención y esto propicia nuevos intercambios verbales y de atención con tu pequeño o pequeña. Esta transición parecerá insignificante, pero es un paso de gigante para la adquisición del lenguaje. Es un momento decisivo porque tu bebé comenzará a relacionar palabras y sonidos con objetos específicos y acciones. Continue reading

No está escrito en piedra: cómo el ambiente afecta al desarrollo

El ambiente en el que está inmerso tu bebé no solo es crucial para su memoria y aprendizaje, ¡sino que también modifica sus genes incluso desde antes de nacer! Es muy probable que ya hayas escuchado hablar del debate de naturaleza vs crianza o de aquel que enfrenta al determinismo de la genética contra los factores ambientales.

Este tema es de gran interés para nuestra generación porque, hace apenas una década, todo el mundo sabía que el perfil genético individual de cada persona la predisponía a ciertas cosas. Esta idea nos hizo creer que el temperamento o la resiliencia cognitiva eran tan definitivos como nuestro color de ojos. Hoy, muchas investigaciones que estudian cómo el ambiente moldea el desarrollo han demostrado que esta relación es mucho más compleja.

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